Tarjetas para ligar en el Siglo XIX

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por julio 9, 2015

“Vuestra merced tenga a bien permitirme acompañarla en su caminata diaria por los jardines de su hogar. Esperando su respuesta sea afirmativa, dejo a usted todo mi cariño”.

Los grandes libros de literatura del siglo XIX se caracterizan por personajes masculinos caballerosos y formales que destilan elegancia a cada paso, con capa y guantes de por medio. Tomemos por ejemplo los romances en Ana Karenina de León Tolstói, en el que el amor surge de la vista, y a través de los idilios fugaces en encuentros sociales, los personajes finalmente caen en el espiral del enamoramiento. El juego de la seducción, en un inicio discreto y elegante, terminará por destruir todo aquello que encuentra en su paso. Sin embargo, en contraposición con aquellos personajes épicos, también existieron los caballeros menos formales, tímidos, “urgidos”, y que ante la necesidad, recurrían a otros métodos para ligar.

Para todos aquellos hombres que necesitaban de un pretexto para acercarse a una bella dama, las tarjetas de invitación o de acompañamiento cubrieron dicha necesidad. De este modo, el hombre que temblaba de nerviosismo al pensar en hablarle a una mujer, compraba una pequeña tarjeta con el mensaje deseado, y se lo hacía llegar a la dama, en persona y sin decir nada, o a través de un tercero. En ocasiones la tarjeta contenía instrucciones para que la mujer diera a conocer su respuesta, si debía guardar la tarjeta, responderle personalmente al hombre o tan sólo asentir.

En la guarida del mensaje escrito, sin la necesidad de caer en el tropiezo ante la traición del nervio o la ansiedad, múltiples hombres encontraron una oportunidad para declarar su amor o su deseo de dejarse llevar por la pasión. La tarjeta fungía como una manera de romper el hielo y evitar el embarazoso momento al acercarse a alguien que nos pone a temblar. Curiosamente, en la actualidad, las redes sociales y aplicaciones “para ligar” utilizan un sistema parecido, donde al eliminar el espacio físico y sus consiguientes humillaciones, los usuarios tienen la capacidad de adelantarse un par de pasos en el juego de la seducción, aunque ciertamente las invitaciones actuales ya no empiezan en ver a alguien caminar por el jardín o escortar a una dama hasta su casa.

Las tarjetas pertenecen a la colección de Alan Mays, quien a través de su cuenta de Flickr ha compartido alrededor de 45 fotografías de tarjetas con diferentes mensajes, algunos sumamente recatados y educados, mientras otros rayan ya en el atrevimiento.

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