Nos trajo hasta acá ese tierno amor que siento por una mujer que simplemente sienta atracción por mí. Aunque sé que no podría estar con una persona que quiera estar con alguien como yo. Y si puedo superar mis contradicciones para estar acá, desnudándonos a las apuradas, es porque el secreto de vernos es lo que decora con ganas esta casualidad. Ese tierno amor que siento por cualquier mujer que simplemente sienta atracción por mí.
Fotografía por Christian Hopkins.
Se nos mete por la nariz, nos gotea los dedos, la lengua solidaria y el consuelo del placer ajeno. Evito tu cara de ojos abiertos porque no conoce de preferencia nuestra voluntad. Qué por qué no cierro los ojos para besarte, qué mis dedos, qué mi fuerza, qué gemís y te callás. Por un momento, te siento, pero te vuelvo a pensar y ya se debe notar en mi cuerpo. Cuando apago el cigarro me preguntás si nunca me fijé que el fumar termina siempre en un acto violento. Tuve miedo de tu moralismo. Si estás en la calle –así empieza tu explicación de pezones desnudos– lo tirás lejos, o lo dejás caer y lo pisás. Si tenés un cenicero lo aplastás con fuerza, como enojado, o lo golpeas muchas veces como si lo quisieras asfixiar. Yo sonrío para no quedarme callado. Y de nuevo, qué por qué no hablo, qué mi lengua, qué tus pechos, qué mis manos y fuerza, qué suspirás y al fin te callás. Ahora dormís.
Lee sólo este renglón, realmente sos hermosa.
En la radio dicen que va a hacer frío hoy y yo sólo pienso en cuánto tabaco me queda y cómo me molesta acostarme sin lavarme los dientes. Creo que ya te fuiste, aunque esta es tu casa hoy te toca trabajar y yo voy a pasar toda la mañana abusando de tu colchón, tu comida y tu televisor. Pero cuando despierto siento un pelo en la boca, quizá sea lógico si los dos tenemos pelo largo, pero éste molesta más de lo normal. No lo puedo sacar, son más, son varios, un mechón y una arcada me obliga a despertarme. Los agarro y se tensan, tiro con fuerza y se vuelven alambre, gato en acto, me cortan la lengua. Siento el gusto a cigarrillo y a todo lo de anoche. Se me contrae la garganta, se me tensa todo el cuerpo, siento como se me desarma la cara, escucho como se golpean mis pulmones. Vomito, vomito toda tu cama y todos tus besos. Lloro como un perro que no se puede parar, agudo, nervioso y atragantado. Convulsionado. No puedo ver, mi propio pelo me tapa los ojos. Sí, es mi propio pelo, el mismo que me entra por la nariz y me sale por la boca. La acidez que me quema hasta las rodillas, y la sangre. Se confunde todo, hasta me tragué las muelas que se rompieron chocando contra otras. Nunca estuve tan desprotegido, tan desnudo, tan desarmado. Con la última voluntad de las manos babeadas, agarro toda la cortina delante de mis ojos y tiro, miles y miles de uñas alargadas se mueven en mi garganta, haciéndome cosquillas asquerosas. Sangre, pelos y saliva se enredan chillando en mi lengua. Ese tierno amor que siento por una mujer que sólo siente atracción por mí.
