
Gritos de homicidios oníricos y suicidios masivos,
son esas voces que perturban mi mente
donde cada noche vive y muere
atroz recuerdo de mi subconsciente.
Suspiros que alimentan el deseo
de arder en un viaje astral junto a las culpas escondidas
que derriten mis ojos
y encienden mi rostro con sus psicofonías,
irrumpen mi sueño perpetuo
para entregarnos sin restricciones
a la impureza de las vidas suspendidas.
Estado catatónico y danzas de herejía
sobre ríos de sangre que emanan de campos sepulcrales
baldíos de piedad y llenos de rencor y maldad
podridos en el tiempo quedaron los maizales,
perfume de muerte; oscuridad de amoniaco
sobre flores de un funesto pastizal
que obedecen al cuidador
amo y deidad de nuestro marchito patio.
