Charles Baudelaire: el poeta maldito

Charles Baudelaire: el poeta maldito

Por: Rafael Perez -

Los grandes poetas son aquellos quienes saben hacer de sus experiencias el alma viva de sus letras, y cuando el día a día es un tormento, escribir se vuelve entonces una lucha personal, una manera desgarradora de abjurar a todos sus demonios, aunque sea por instantes, sabiendo siempre que más allá de la hoja, en la vida misma, no existe un punto final que termine con los sufrimientos más que la propia muerte.

Baudelaire nació en París, en 1821, y con apenas seis años de edad sufrió la pérdida de su padre. Cuando su madre se casó nuevamente, vio en este acto una traición que lo marcaría por el resto de su vida. Con poco más de veinte años de edad, reclamó la herencia paterna que le correspondía por derecho y la despilfarró en muy poco tiempo, quedando endeudado y viéndose obligado a vivir con carencias en sitios miserables; esto, a lo largo de su vida, no haría sino incrementarse irremediablemente. La corrupción y degradación poco a poco lo atrapaban en sus redes sin que el poeta lograra hallar salida alguna, quizá porque sentía hacia este sórdido universo una fascinación sobrehumana. Fue así que conoció a Jeanne Duval, mujer alcohólica y drogadicta a quien amó y odió con la misma intensidad porque ambos compartían la misma miseria, la misma soledad.
 

Charles Baudelaire


Esta enfermiza relación de amor-odio los mantuvo juntos hasta que ella murió, años después de que sus vicios la dejaran paralitica. La atracción que Baudelaire sentía por los insondables abismos de la degradación humana se ve expuesta en su obra poética, en ella, el drama de vivir, la ausencia y la decadencia se manifiestan con una fuerza abrumadora. Cada letra que Baudelaire escribe está llena de angustia y sufrimiento. El sufrimiento propio de quien se siente tan lejos de la misericordia de Dios (él era declaradamente irreligioso) y tan cerca del infierno. Es por eso que ante esta certeza, Baudelaire deja de oponer resistencia y se abandona al vértigo, dejándose devorar por los abismos del mal. Es así como los temas fundamentales de su poesía cobran forma, mostrando el ansia del poeta de ir siempre más y más profundo en ese infierno, ansia que él mismo denominó spleen: “Imagínese una inercia perpetua, determinada por un malestar perpetuo, con un odio profundo contra esta inercia y la imposibilidad absoluta de librarse de ella”. Así es que la única manera de resistir para Baudelaire viene de los placeres fortuitos y el breve aturdimiento de la droga, al tiempo que implora que su sufrimiento termine y para ello se aleja de la oración y se abandona en brazos de la blasfemia para ver nacer una de sus obras más hermosas, Las Flores del Mal.

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Al final de su vida, aquejado por la malaria y las drogas, Baudelaire debe abandonar París huyendo de sus deudores para refugiarse en Bélgica durante varios meses, durante los que tuvo que vivir su enfermedad completamente solo, mientras en su interior había una renovada lucha entre aquellas dos fuerzas antagónicas que lo marcarían durante toda su vida, el Bien y el Mal. La inmovilidad y la mudez lo sorprendieron de un momento a otro y entonces fue trasladado a Francia, donde permaneció hasta su muerte, el 31 de agosto de 1867.

EPÍGRAFE PARA UN LIBRO CONDENADO

Lector apacible y bucólico, Ingenuo y sobrio hombre de bien, Tira este libro saturniano, Melancólico y orgiástico. Si no cursaste tu retórica Con Satán, el decano astuto, ¡Tíralo! nada entenderás O me juzgarás histérico.

Mas si de hechizos a salvo, Tu mirar tienta el abismo, Léeme y sabrás amarme; Alma curiosa que padeces Y en pos vas de tu paraíso, ¡Compadéceme!... ¡O te maldigo!

Referencias: