Código de guerra
Letras

Código de guerra

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Por: Serner Mexica

11 de abril, 2016

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11 de abril, 2016





codigo de guerra


El nueve de septiembre de 2009 el grupo Código de Guerra partió del aeropuerto internacional de la ciudad de México rumbo a Tijuana, sin embargo, una turbina estalló en el aire y el avión se estrelló en una cordillera de la sierra madre occidental. Nadie sobrevivió.

Gina González tocaba muy inspirada el bajo de “Dialéctica”, la canción más popular de “La sombra de Ser y Tiempo” (2008), el último álbum de estudio de la formación original. Roxana Sagan interpretaba el solo de guitarra como nunca antes lo había hecho, produciendo sonidos agudos, poderosos y excitantes; el eco estridente de las cuerdas metálicas flotó sobre las cabezas de todos los espectadores de la explanada pública más grande de la delegación Iztapalapa. Su concierto se realizaba en el mismo lugar del encuentro entre Moctezuma y Cortés, y donde todos los años se cobija la crucifixión del Redentor. Georgina Kings remató la batería con toda su energía, pareciendo que de su instrumento brotaban todos los ritmos posibles en un mismo momento. Leonor Alvarado sacó de su interior todo el aire guardado echando un grito más allá de cualquier canto, como prediciendo el final de su trágica odisea. El concierto terminó y, luego de una fiesta de toda la noche con los organizadores, las cuatro muchachas tomaron la camioneta que las llevaría al aeropuerto Benito Juárez. El vuelo partía a las 6:30 de la mañana.

Hubo problemas desde el despegue, el tren de aterrizaje demoró en resguardarse y una turbina comenzó a sobrecalentarse. Nadie se daba cuenta, salvo los negligentes pilotos, que veían esto como cualquier obstáculo cotidiano, algo normal para ellos en el transcurso de los años. Todo se normalizó y el servicio de comida inició. Gina platicó con Roxana sobre sus futuros planes, quería pintar y exponer en una galería de arte. Georgina conversaba con un periodista, a quien relataba el trabajo del grupo en la concepción de un nuevo álbum, éste más experimental y menos comercial que los de antaño. Leonor dormía profundamente pues había comido muchas galletas de marihuana.

El colapso se presentó como el inicio épico de una ópera, una explosión partió el avión y todo su interior se perdió en un remolino de caótica y ordenada paradoja. La fuerza aerodinámica arrojó la nave como latigazo que descendió en picada, una caída acelerada como el futuro impacto de una bala.

Los gritos no eran suficientes, no eran suficientes para tanta muerte. La causa nunca fue determinada. Un atentando o error técnico, daba lo mismo un resultado que nunca fue aclarado. Sin embargo, para ellas todo había acabado.

Diez meses después, el místico desierto se encargó de continuar su legado.


Referencias: