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LETRAS

Cuentos cortos de amor que puedes leer antes de dormir

Duerme con los angelitos leyendo lindas historias de amor contadas en los siguientes cuentos cortos.

Nada como meterse a la cama tras una jornada llena de actividades y estrés para finalmente descansar, dormir como un bebé y hasta soñar con los angelitos. Para ello, es importante tomar un momento de relajación antes de cerrar los ojos para que así la mente se desprenda de todo lo vivido durante el día y qué mejor que hacerlo con cuentos cortos de amor en lugar de estar metidos en las redes sociales del celular.

Si en tu caso quieres suspirar y llenarte de una sonrisa antes de dormir, checa los siguientes cuentos de amor no solo enfocados a una pareja, sino también a la familia o a las mascotas.

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“Toco tu boca” de Julio Cortázar

Tomado del capítulo 7 de su famoso libro “Rayuela”, el cuento dice así:

Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad, elegida por mí para dibujarla con mi mano en tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.

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Me miras, de cerca me miras, cada vez más cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y los ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde el aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio.

Entonces, mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llenas de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.

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“El puente mágico” de Gabriel Ramos

En un pequeño pueblo vivía un viejo que se había retirado de trabajar. Jerónimo se sentía inútil en casa ya que nadie le hacía el menor caso, por lo que decidió ir a vivir a la Plaza de los perros. Para llegar a ese lugar caminó cerca de un kilómetro y luego pasó por abajo del puente de hierro que separa al pueblo de la siguiente localidad. El viejo al pasar por debajo del puente se transformó en un simpático y pequeño perro de color canela.

Cuando llegó a la Plaza los demás caninos le dieron la bienvenida. Le mostraron los lugares donde jugaban, el almacén de comida y lo presentaron a los demás perritos de su tamaño. Para Jerónimo eso era inusual, le alegraba la vida y pensaba que había encontrado su lugar en el mundo. Al día siguiente preocupado por su familia Jerónimo regresó a casa en su transformación de perrito. Pasó por el Puente de hierro, pero lo hizo por encima. Al llegar a casa fue aceptado y mimado por su familia. Hijos y nietos lo querían cuidar y acariciar, le procuraron el mejor lugar en la sala y hasta la mejor carne.

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Jerónimo se dio cuenta que como abuelo no era nadie, en cambio como perrito era el rey de la casa.Así como hay alegrías en casa, también hay sorpresas y tristezas. Pedrito pasó por la recámara del abuelo y se percató que su cama estaba tendida y que él no estaba. Gritó: ¡El abuelo se perdió¡ ¡El abuelo se perdió¡ ¡No está en su cama! Con sentimiento de culpa salieron a buscarlo por el pueblo. Pasadas varias horas, regresaron a casa sin suerte.

El pequeño perrito se dio cuenta de todo eso y pensó que era tiempo de volver transformado en abuelo. Corrió por el camino y se enfiló al puente de hierro. Pasó al otro lado por encima para luego al regresar a la casa caminando por debajo del puente. Jerónimo se había dado cuenta que el puente era el instrumento mágico de su metamorfosis. Al regresar a casa lo recibieron gustosos. Sus familiares se dieron cuenta de lo injustos que habían sido y reconocieron en el abuelo a una persona que requiere ayuda, pero que también es alguien que les da cariño, amor y felicidad.

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Tristán e Isolda de Silvia García

En la Edad Media, Tristán era uno de los caballeros de la Mesa Redonda. Vivió decenas de aventuras y desventuras con Isolda, una joven princesa que, por ejemplo, le curó sus heridas tras luchar contra Morholt, el tío de la chica. Isolda estaba prometida con Mark de Cornualles, tío de Tristán. Ambos, Tristán e Isolda, bebieron por error una poción de amor y, como consecuencia, se enamoraron apasionadamente. Las consecuencias de este amor fueron una serie de adversidades.

Tristán fue educado por sus hermanastros. A los siete años, un escudero se hizo cargo de su enseñanza. Años más tarde, Tristán fue raptado por unos mercaderes de Noruega y abandonado en el mar. Llegó a Cornualles, donde le apreciaron mucho por su formación como guerrero. Luchó contra un enemigo de Irlanda pero acabó herido por un arma envenenada. Llegó hasta una bella dama que lo curó, Isolda, que era también la sobrina de su gran enemigo, Morholt. Cuando se recuperó de sus heridas, huyó a Cornualles. Allí, el rey de Irlanda había ofrecido la mano de su hija, Isolda, al caballero que consiguiera vencer a un terrible dragón que estaba atemorizando al pueblo.

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Fue Tristán quien lo venció, pero no sin antes envenenarse a través de una de las garras del dragón. Su cuerpo cayó en el camino y hasta allí llegó otro caballero que se quiso atribuir el mérito cogiendo la cabeza del dragón y pidiendo la mano de Isolda. De nuevo, Isolda acogió a Tristán para curarlo del veneno y poder demostrar que él había sido el vencedor, pero se dio cuenta de que era él quien había matado a su tío Morholt.

A ella no le importó y aun así quiso casarse con él, aunque ya estaba comprometida con el rey Marco...

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