Derecho de réplica
Letras

Derecho de réplica

Avatar of Karla Naranja

Por: Karla Naranja

23 de marzo, 2016

Letras Derecho de réplica
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Por: Karla Naranja

23 de marzo, 2016



 Diferente es una palabra que por si sola ya lo es, no sé si sea la fricción que se hace entre la “f”  y la “t” o que tiene tres “e” seguidas; me encanta como la palabra fruta, disfrutar, diferido, fortuna… son tantas que podría hacer una ensalada literaria.

De chico quería ser escritor de poesía como Verlaine, Marcelina Desbordes, Sabines o Villaurrutia. Leer, escribir, fumar, beber café, beber vino, viajar y cocinar eran los actos de mi vida perfecta, mi sueño dorado pero no realizado: nací y crecí a la vieja escuela escuchando la sentencia de mis padres “Tu abuelo fue un gran médico, tu padre un gran cardiólogo, tus tíos excelentes anestesiólogos e internistas y tu serás otro grande de la medicina”.

Nunca me gustó, es la cosa más horripilante: ver gente muerta que a mi juicio debería estar viva y a la inversa, salvar vidas ajenas, cuerpos feos y deformados por los malos hábitos, personas con mal aliento, mal olor, sangre en las manos, intestinos salidos, ancianos enternecedores, borrachos con auto, cabelleras con piojos… mal, mal, mal; sólo una cosa fue buena y ya ve, me tienen aquí por ello.

 
-Dejémonos de historias y tus estúpidos traumas infantiles, eres un delincuente, un enfermo mental una miseria humana que nunca debió nacer y que ningún juicio sobre la tierra te dará e suficiente castigo maldito mal nacido.

 -Es fácil pensar eso, pero como a usted le pagan por escuchar mi declaración se aguanta. Sí, solo una cosa fue buena, siempre pensé que mi mayor placer era la escritura y en una época temprana considere que mi naturaleza era asexual pues ninguna mujer despertaba nada en mi.

 -Eso es una pendejada ridícula ¿dice que le gusta escribir poesía pero no pensaba en tirarse mujeres? y entonces empezó a experimentar qué le calentaba y se topó… mendigo hijo de perra, a la juez le encantará esta historia y no dudará en darte el merecido terrenal más doloroso.

 -Para su sorpresa, oficial, mi poesía iba más allá del cliché romántico y cursi de ensalzar a la mujer, la naturaleza o cortarse las venas por lo mal llamado amor, pero bueno usted no tiene cara de ser un lector arduo; el sexo opuesto y el acto me daban perfectamente igual y a la fecha no son una prioridad en mi vida; me importa un carajo si las viejas saben volar o no, aún así a las seis de la mañana llega su taxi y se largan de mi casa; pero bueno regresando al tema que nos compite en este ameno lugar: la única cosa buena que encontré en la medicina fue la especialidad, recuerdo la primera vez de este placer culposo siendo un simple aprendiz renegado de la carrera. Mi mentor se dio cuenta de mi debilidad y lejos de juzgarme como usted y esa bola de periodistas amarillistas sin quehacer y de mente retorcida, él me ayudó a no ser un monstruo.

 -Eso es tan irónico como pensar en un político que no sea corrupto o tan imbécil como cuando uno le dice a su mujer “no es lo que estás pensando” justo a la salida de un motel de paso…

 -Que coincidencia: el 80% de la población piensa que su gremio es menos confiable que un adicto en abstinencia y usted y sus compinches son regidos por esos políticos corruptos y, hasta donde sé, su gremio también tiene fama de ser uno de los más demandados por pensión alimenticia…

 -¡Cállate tus opiniones!, y sigue con tu declaración antes de que me des más asco y quiera sacarte las entrañas, ¿cuál fue esa gran ayuda de tu mentor? que seguro es otro al nacido como tú.

 -Mi mentor no sólo era un erudito de la medicina, era un ser culto y refinado que pensaba que cualquier pecado era sublimado por el arte y yo elegí una de esas artes modernas, la cocina; acompañada de mi arte antiguo: la poesía. Fue así como comenzó una vida de elecciones: elegí mi adicción al cigarrillo, mi barrio en esta gran ciudad, la soledad de nunca casarme ni procrear, la vasectomía, la pediatría por especialidad, la discreción como mi mayor virtud. Nunca lastimé a nadie con esas elecciones ni con mis procesos, y nadie sabía de ellos, sólo que yo y mi mentor que por cierto, ya esta tres metros bajo tierra.

 -Lo presume como si ello fuera admirable o una gracia, continua animal…

 -Pude haberme ido a la tumba con esto, pero tenía que llegar el inepto estudiante que me obligaron a adiestrar, un mocoso que yo mismo traje al mundo hace 24 años y que se llevó tremendo susto por meterse en lo que no le compete, borracho y adicto a sufrir…

 -Tú juzgando… bravo.

 -No discutiré más. Él entro a mi casa con la intención de robarme, me amenazó con un arma mientras su aliento a ginebra me perforaba las neuronas, violó mi propiedad y mi privacidad.

 -¿Y usted hijo de puta ¿cuántas inocencias privó?, ¿cuántas infancias violó?

 -Tremendo estúpido ¡NINGUNA!. No tengo idea de qué contenga ese folder manchado de tu sudor con grasa y que aprietas tan fuerte como si fuera mi cuello, pero yo estoy aquí porque ese hijo de la chingada me encontró cocinando una placenta y dictándole un poema a mi lap-top, ese fue mi error, ese es mi gran pecado, ese es mi secreto, mi placer culposo y por lo que veo mi ruina…

 -Yo, yo pensé que…

 -¿Qué? ¿qué violaba infantes y los destazaba y comía? Pude haber sido un Lester de este siglo de no haber conocido a mi mentor ¡pero jamás con niños, jamás tocaría a un infante… si no se me antoja una mujer menos una niña! Se equivocaron de departamento, entreviste a las enfermeras.

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