La historia del hombre que registró de manera obsesiva su locura durante 18 días
Letras

La historia del hombre que registró de manera obsesiva su locura durante 18 días

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Por: Cultura Colectiva

3 de agosto, 2017

Letras La historia del hombre que registró de manera obsesiva su locura durante 18 días
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3 de agosto, 2017


Texto por Naia Estibaliz Becerril


Cuando el escritor ruso Nikolái Gógol se planteó crear un personaje caracterizado por un racionalismo estridente en un principio, y, posteriormente, por la locura, debemos preguntarnos qué lugar ocupa tan característico personaje, en qué contexto y bajo qué condiciones. Es por eso que "Diario de un loco" es el relato subjetivo, al igual que el resto de narraciones que componen Historias de San Petersburgo, de la Rusia zarista. El uso de la realidad del momento no convierte a esta obra en un relato único, sino el modo en que lo hace: la ironía, el sarcasmo y una razón llevada al límite de lo estúpidamente humano son las características que le aportan la originalidad necesaria.


No se puede decir que esta obra guarde su tema y estructura como misterio, ya en el título se nos revelan las dos claves que la atraviesan: es un diario y el narrador es un loco.


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"Diario de un loco" se estructura, por tanto, como un diario personal que nos acerca a la impresión subjetiva, en primera persona, con una intención descriptiva y rotunda de un género que se desarrolla en la intimidad. Son 18 días los que el narrador relata. Las fechas, características fundamentales del diario, comienzan a tambalearse según se desarrolla la historia y, consigo, la locura del protagonista. Varían las fechas de modo hilarante hasta el punto de llegar a confirmar que un día no tiene fecha concreta. A pesar de lo establecido por el género, Gógol no duda en romper todo esquema para añadir dentro del relato una serie de cartas, género completamente distinto; y no sólo las incluye, el narrador también las comenta e interrumpe de manera constante la lectura de las cartas para hacer una crítica, de modo que se crea una relación de textos que bien podríamos definir en todo su conjunto como metatextos.


El narrador, Aksenti Ivánovich, un funcionario público en la Rusia zarista, comienza la narración de su diario al describir cómo en un día normal surge un pequeño suceso con el que arranca la historia de su locura. El hecho de que sea así, crea en el lector la sensación de que el relato inicia a la mitad de la historia, y que el diario se compone de muchas otras páginas que no han sido escogidas para el compendio con el que nos encontramos en Historias de San Petersburgo. Esto es, sin duda, un punto a favor, ya que dota a la narración de una mayor amplitud y profundidad respecto a lo que objetivamente cuenta.


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Gracias a la estructura, que nunca debemos perder de vista, Gógol consigue crear un personaje muy bien definido que además es narrador y único protagonista. De esta manera, éste comienza al contar cómo vio a una perra que hablaba para creer que es, en realidad, el rey de España durante las guerras carlistas por la sucesión del trono. Es interesante notar que el personaje en ningún momento cambia el tono de su discurso, en el que parece racional de su visión y ocurrencia descabellada. El único momento en que se puede diferenciar un cambio sustancial en ese tono, es en el relato del último día, cuando pide clemencia por tanto sufrimiento y cae en el sinsentido. Se trata del cuento de un loco sumamente inteligente, ya que jamás pierde su capacidad de relacionar conceptos o ser crítico con lo que le rodea, por eso no se debe desestimar su voz en absoluto.


Siendo Aksenti Ivánovich un simple funcionario con pretensiones de grandeza, es lógica su posición crítica y, a la vez, sumisa ante la opresión establecida por las fuertes jerarquías en las clases sociales. Él pretende llegar a ese lugar de poder y riqueza, pero frustrado por su incapacidad, se desquita con todo obrero al que, a pesar de ser igual, considera inferior. Sus ideales jerárquicos sólo tiemblan para con los que están sobre él, ya que toda persona ajena a ese lugar de privilegio lo tiene merecido. Y tal como menciona: lo que le falta es más dinero.


¿No es acaso esencial la figura pública en la que se convierte el pobre loco?: en un rey. El rey absolutista es elegido por gracia divina y tiene poder absoluto sobre su territorio y las personas. Una vez en ese puesto, toda la humillación es devuelta, de nuevo, a esa burguesía que lo ignoraba y a todos esos compañeros obreros conformistas con su lugar en el mundo. Esa injusticia social que su alrededor cometía en él, un funcionario honrado y culto, se ve resuelta de manera poética con el completo desate de su locura.


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Es, sin duda, un relato magistral sobre el conformismo y el inconformismo selectivo, conveniente e hipócrita que abandera desde tiempos anteriores a este relato y hasta el presente. La brillantez de un autor no radica sólo en su valor artístico, sino en la capacidad que tiene de sobrevivir al tiempo y su deterioro. A este respecto, "Diario de un loco" es aún inmortal, una historia hilarante y triste a partes iguales.


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Las fotografías que acompañan al texto pertenecen a Oliver Charles.


Referencias: