Se casó con una mujer para cubrir sus preferencias sexuales, mantuvo un romance con un policía también casado, ganó numerosos reconocimientos literarios, perteneció al círculo de Bloomsbury, y fue después de muerto que sus novelas de temática gay por fin se publicaron. Y como si todo esto fuera poco, estuvo nominado al premio Nobel 16 veces.

Edward Morgan Forster (1879- 1970) no es tan conocido por sus novelas como por sus ensayos, en los que instruye cómo escribir como un buen literato. “Aspectos de la novela” es uno de ellos, y no es para menos que se le dedique especial atención a sus palabras, ya que si de algo tuvo conocimiento fue sobre las estructuras de las novelas y cómo lograr que éstas atraparan al lector, siendo de hombres como él que nacieron las técnicas modernas de los seductores guiones que nos mantienen atados a Netflix todo el día.

Forster pasó sus casi 100 años de vida leyendo, escribiendo, volviendo a leer y viajando por el mundo, y es que, por un Sino envidiable, pudo dedicarse exclusivamente a eso. A sus dos años de edad, siendo hijo único, murió su padre, lo que lo acreditó a una herencia de varios miles de libras esterlinas, las cuales no sonarán a mucho en la actualidad, pero en aquel entonces le permitieron dedicarse de lleno a lo que le apasionaba, sin preocuparse por los números ni las cuentas; terminó la Universidad y desempeñó sus dotes artísticas sin menoscabos, al tiempo que navegó por el globo, cruzando por lugares tan exóticos como Egipto y la India.
En estos provechosos paseos fue que se permitió gestar casi todos sus libros, muchos de los cuales han sido llevados al cine: “A passage to India”, “A room with a view”, y su póstumo “Maurice”, el más controvertido de todos, por tratar directamente el tema de la homosexualidad.
Sumándose a todo lo anterior, durante una etapa de su juventud, se enlistó como enfermero voluntario de la Cruz Roja, impulsado por una fuerte tendencia de ayuda al prójimo.

Durante su madurez ocupó el puesto de Presidente de los Humanistas de Cambridge, hasta su muerte, el 7 de junio de 1970. En su ensayo “What I believe” expresó su postura con respecto a lo que siempre deseó por el bien de nuestra especie; fue acreedor a distintos premios, incluso fuera de los círculos literarios, tales como la Orden del Mérito y la Orden de los Compañeros de Honor de Inglaterra.

A inicios de 1930 Forster conoció a Bob Buckingham, un policía con quien se involucraría sentimentalmente, incluyéndolo también a su círculo cercano de amigos, incluso convivió con su esposa May.
Sobran ejemplos para decir que muchas de las grandes aportaciones en las artes, la ciencia y la cultura, han sido por parte de personas que, temiendo ser rechazados o estigmatizados, ocultan su verdadera orientación sexual; hombres de gran genio han tenido que ocultarse tras una fachada para no ser torturados por una inquisición social que desde siglos atrás tacha la sensibilidad masculina como algo negativo, ya que no entra en los comportamientos de un modelo de convivencia convencional que, desgraciadamente, se ha pretendido como “normal”.
Es momento de comprender que las personas son más que sus preferencias sexuales, su religión o cómo se visten, no sabemos si en realidad nos estamos perdiendo de un gran aprendizaje intelectual y personal, seamos más humanistas, como E.M. Forster diría:
“Los humanistas tienen cuatro características que los distinguen: curiosidad, una mente libre, creencia en el buen gusto y fe en la raza humana”.
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