El Diablo y Luis

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El diablo y luis
El Diablo y Luis

El diablo y luis bruno b. - el diablo y luis
Pintura por Bruno Berthier García

Luis había intentado ser un buen hombre, al que la arquitectura, la pintura y el dibujo lo entretuvieron día y noche a lo largo de su vida, hasta que le llegó la hora de su muerte. Y así, fue a parar directo en el infierno por un crimen del que se podría decir que era parcialmente culpable, ya que sus dos grandes amigos lo obligaron, por medio de mentiras y de engaños, a matar a un hombre.

Por lo mismo, por su historia y circunstancias, al diablo le había encantado recibirlo y lo llevaba para todos lados como esclavo. Los primeros días tan sólo lo insultaba, pero con el tiempo hasta le mandó a poner un par de tetas falsas. Y a partir de aquel momento, el pobre sufrió todo tipo de castigo, físicos y psicológicos, pero sobre todo sufrió de continuas violaciones porque la voracidad sexual de Satanás era insaciable, y algunos dicen que también indescriptible.

Así, pensando que era triste ser un hombre y no entender las cosas como lo hacen los demonios, Lucifer solía amarrarlo por meses a la cama, sin comida que no hubiera digerido él antes. Y cuando lo soltaba, Luis se estaba más mansito, a la espera de cumplir cualquier capricho que Luzbel le exigiese, sin importar lo que demandase la tarea.

Al pasar los años, a Luis se le fue olvidando el horror y la injusticia, acostumbrándose al dolor y el sufrimiento como cotidianos; por lo que Belcebú, tapándole los ojos, le desgarró lentamente la carne palpitante de sus piernas, deleitándose al escuchar sus gritos afónicos. De tal forma que después de aquel suceso, entendió que su castigo sería eterno y el demonio por fin se fue a cumplir con los deberes que se le imponían al ser el rey de los infiernos.

–¡Sácate una mama, putarraca!– le gritó en aquel momento en el que regresó a su casa, y enseguida le metió una cachetada.

–¡Ay!– y Luis se fue directo al suelo, donde el Leviatán le arrancó el vestido con sus manos y sus garras. Después, se agachó aún más para lamer sus lágrimas.

–¡Ahora mismo nos casamos!– le gritó Lucifer enardecido, tan lleno de rabia.

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