Hay secretos que nos llevan a la muerte
Letras

Hay secretos que nos llevan a la muerte

Avatar of Fernanda Lara

Por: Fernanda Lara

7 de julio, 2017

Letras Hay secretos que nos llevan a la muerte
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Por: Fernanda Lara

7 de julio, 2017



Dicen que la curiosidad mató al gato, ¿pero qué sería de la vida sin esa curiosidad? En el siguiente cuento de Fernanda Lara, la protagonista se aproxima a una verdad como quien decide tocar el fuego aunque sabe que le hará daño.


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EL SECRETO

Al abrir la puerta se podía sentir el viento helado que entraba a la cabaña. Se aferró un poco más a su abrigo grisáceo; lo único que podía sentir era curiosidad y miedo. No sabía quién ni por qué le habían pedido que fuera a ese lugar y a esa hora específica. Del lado izquierdo había un perchero con un abrigo y un sombrero negros colgados. Del lado derecho había una pequeña mesa con una foto que le resultaba familiar y un pequeño florero color plata.

Caminó hasta el final de un pasillo. El sonido de sus tacones resonaba por toda la cabaña, así que se los quitó y los dejó en el piso. Podía escuchar el chillido de roedores que corrían por dentro de las paredes en la estancia. Llegó hasta un comedor que estaba cubierto con un mantel blanco y una vajilla dispuesta como si se tratara de una cena romántica. En el centro de la mesa había un pequeño candelabro con restos de cera de las velas que se habían consumido poco a poco durante la noche. También había una carta abierta y sobre ella un pequeño collar grabado con su nombre: Daniela. Tomó la carta y el collar, miró fijamente su nombre. Guardó los objetos en el bolsillo de su abrigo. Finalmente, esparcidos a lo largo de la mesa habían cartuchos de revólver.

Avanzó con precaución. Sentía cómo el corazón golpeaba fuerte dentro de su pecho, como si quisiera salir corriendo de ese lugar tanto o más que ella. Quería escapar y olvidarse de todo, en su mente se reprochaba el haber contestado esa llamada; pero al mismo tiempo, quería saber qué había sucedido en ese lugar y por qué su nombre estaba escrito en la carta y el collar.

Notó que el piso estaba lleno de salpicaduras de sangre; además había un pequeño hilo negro. Siguiéndolo llegó hasta una habitación trasera, se detuvo de golpe en la entrada. Había un gran charco color negro y sobre éste se encontraba el cuerpo de un hombre. En su camisa azul una mancha de sangre se extendía lentamente. Los ojos del hombre estaban abiertos, su mirada expresaba terror; ese terror que sólo siente alguien que se enfrenta cara a cara con la muerte.

No podía moverse, no podía hablar, no podía hacer nada. Se quedó ahí por un rato, con la mirada fija en el cadáver. En su cabeza se agitaban miles de preguntas: ¿quién era ese hombre?, ¿qué tenía que ver con ella?, ¿por qué le habían pedido que fuera a ese lugar? Se sentía mareada y asqueada, su corazón latía aceleradamente. De repente, escuchó un susurro: “es hora de que sepas la verdad”.

Levantó la vista rápidamente, escuchó el rechinar de la puerta y los pasos de alguien. Sin dudarlo, intentó atravesar la habitación cuidadosamente para no pisar la sangre. Cuando logró salir al patio, pudo ver a lo lejos una silueta que se hundía en la oscuridad. Confundida, salió corriendo de la cabaña. Subió a su coche con la respiración entrecortada, arrancó violentamente e hizo sonar las ruedas contra el pavimento.

En su mente se repetían las imágenes que había visto unos momentos atrás. Mientras conducía sonó su celular.

—¿Sí?

—Buenas tardes, Daniela. Bienvenida al primer día de tu muerte—, la voz que escuchó del otro lado del teléfono le dio un escalofrío.

—¿Perdón? Creo que se equivocó de número.

—No, no me equivoqué. Es contigo con quien necesito hablar.

—¿Quién es usted?

—No me conoces, pero tal vez necesites hacerlo. Lo que acabas de ver es una extensión de los errores cometidos en el pasado. Tal vez ni siquiera fueron tuyos, pero finalmente alguien tiene que pagar por lo ocurrido.

—Creo que esto ha sido demasiado. Voy a hablar con la policía y le voy a contar todo.

—Esa no es una opción. ¿Ya leíste la carta que tomaste de la mesa?

Daniela alarmada disminuyó la velocidad para poder sacar la carta de su abrigo, al tiempo que veía el espejo retrovisor para saber si alguien la seguía.


*Fuente: Coaching



—¿Usted cómo sabe que…

—En esa carta encontrarás el nombre de mis próximas víctimas. Son tres personas que tú conoces y que te pueden ser de gran ayuda; pero como te has encargado de vivir en tu burbuja no les has prestado atención.

—¿Pero eso qué tiene que ver con todo…

—Tu trabajo es averiguar de quién era el cadáver que encontraste en la cabaña y cómo se relaciona con esto. Digamos que es la primera pieza del rompecabezas.

—No voy a ser parte de este juego.

—Esa no es una posibilidad. Verás, he planeado este momento por mucho tiempo. Así que me sentaré aquí y observaré tranquilamente cómo toda tu vida se va al carajo.

—¿Qué es lo que quieres?

—Si quieres una respuesta sincera, matarte. Como lo dije antes, he planeado esto durante mucho tiempo; pero a decir verdad, eres un objetivo fácil y patético. De día vas a tu oficina en la que cualquiera puede entrar. Tu apartamento también deja mucho que desear; el vigilante pide una identificación y si le digo que soy familiar tuyo me deja entrar sin más. Todas las mañanas vas a desayunar al café de la Plaza Mayor y pides un mocca blanco; te sientas en la mesa que da de frente a la calle y leer el periódico. A las siete de la noche paseas a tu perro en el parque que está atrás de tu casa. Matarte no representa un desafío para mí, y eso no me daría la satisfacción que necesito.

—¿Cómo?—, contestó Daniela mientras bajaba la velocidad.

—Todavía no termino. He decidido que quiero que te suicides—, Daniela intentó pisar el freno, pero el cuerpo no le respondía.

—Tu suicidio será mucho más adecuado, dadas las circunstancias de nuestra relación. Y sin duda una manera más satisfactoria de que me pagues lo que me debes.

Daniela sentía la boca seca. No podía pensar en nada. Se hizo un breve silencio interrumpido por el sonido del motor del coche.

—Verás, el juego es el siguiente: tienes exactamente 15 días para descubrir quién es el cadáver que encontraste en la cabaña. Si lo logras, posiblemente puedas saber quién soy yo y por qué estoy haciendo esto. Tendrás que hacer una llamada al número que está escrito en alguna parte de la carta y preguntar por los nombres del cadáver y el mío. Si no lo haces… Bueno, aquí viene la parte divertida. En esa carta están escritos los nombres de ciertas personas; a algunas las conoces, a otras no. Esas personas están relacionadas contigo y tu pasado. Si no logras descubrir quién soy, me encargaré de destruir a cada una de ellas. Recuerda que destruir no siempre es matar. Hay muchas formas de destruir a una persona. Ahora, ¿quieres vivir toda una vida pensando que eres la única responsable de lo ocurrido? O, peor aún, ¿que podías evitarlo? De ahora en adelante todo lo que suceda en tu vida tendrá relación con lo que sucedió hoy.

Estaba a punto de preguntarle algo cuando escuchó el sonido del teléfono fuera de línea. Se dispuso a llamar a la policía, cuando de repente una camioneta se atravesó en su camino. El chillido de los frenos contra el pavimento resonó por toda la carretera. Comenzó a girar el volante para tratar de esquivarla. El coche se salió de control y se estrelló contra el árbol más cercano.

Daniela intentó mantener los ojos abiertos, seguir consciente. Lo último que vio por el espejo retrovisor fue a una persona con sombrero y abrigos color negro que tomaba fotos. Su mirada comenzó a nublarse. Lo vio subirse de nuevo a su camioneta y escuchó cómo el acelerador rompía el silencio. De repente, todo se tornó negro.


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Referencias: