
…Luego,
me olvidé de ti.
Luego, no pronto.
Y por más que tu fantasma insistía en inquietarme,
finalmente encontré un pedazo de mí,
mientras caminaba,
en una ciudad muy lejana,
en medio de sus rincones,
recovecos y retazos,
encontré un trozo de espejo
y me miré.
Entonces la búsqueda terminaba.
Me miré a los ojos
y encontré un nuevo destino.
En lo alto de una azotea,
imaginaba:
Alguna vez quisiera yo,
que alguna linda muchacha,
me besara por iniciativa propia,
en vez de tener que conquistarla,
y robarle un beso.
Alguna vez,
quisiera encontrar en el bolso de mi guitarra,
una carta secreta,
de amor,
de alguna linda muchacha.
En lo alto de una azotea imaginaba…
Desde lo alto
te veía correr,
por las calles de esta lejana ciudad,
entre motos y estatuas griegas,
en el frontis de una catedral,
entre pintorescos restoranes,
o antiguas bibliotecas,
Ibas corriendo,
y te perdías en el horizonte,
mientras transeúntes
bailaban al ritmo de la banda,
como en Florida.
Y de pronto recordé a Chejov,
y pensé en Kostia,
abriendo la puerta de su habitación,
pero esta vez,
no dejaba entrar a La Gaviota…
La cobardía es asunto de los hombres,
no de los amantes,
y canté…
