Eterno retorno
Letras

Eterno retorno

Avatar of Tuto

Por: Tuto

28 de septiembre, 2015

Letras Eterno retorno
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28 de septiembre, 2015


cuentos-de-terror

Dice que se llama Mery Ann, que es la primera vez que toma una decisión así de impulsiva y que, tal vez, es la última vez que se volverá a casar. Hay cierta belleza poética en sus facciones, resuma una extraña mezcla de perfección y vulgaridad que no logro concretar, que no puedo definir. Las arañadas cortinas del motel dejan traspasar la luz, que ya de hecho es sofocante y demasiado brillante, indicando que estamos próximos al mediodía. Me quedo observándola, la resaca me está matando. No recuerdo mucho más que el simple hecho de haber contraído matrimonio con una perfecta desconocida, la noche anterior; haber tenido mucho sexo y haber tomado aún más. Mery Ann, Mery Ann, Mery; repito en mi mente. Esta mujer podría llegar a obsesionarme. La miro fijamente desnuda y tendida a sus anchas sobre la cama; es exquisita de principio a fin.

Abre los ojos, me observa por unos instantes y se abalanza sobre mí, no habla mucho, pero besa, me besa intensamente con pasión, con fuerza, con furia, como si presintiese que no habría un mañana.

-Cielos Rob, fue una estupenda noche. Tengo algo de hambre, podrías por favor…..

Le sonrió. Tomo las llaves del auto y salgo de aquel motel de mala muerte a comprar algo de comer y beber para mi chica. No suena nada mal…. Mi chica…mi mujer, mi amante.

En la cafetería me siento algo intranquilo, mientras que una mujer obesa que traspira como cerdo, alista mi pedido y sonrió de forma algo extraña y casi que macabra. Un sujeto en la barra, me observa de soslayo y me increpa de manera algo criptica:

-Amigo, extraño, será mejor que se mantenga por la ruta 66, no la 33, evite la ruta 33.

No sé de qué diablos me habla, tomo mi orden y cuando voy a cruzar la puerta del lugar, el sujeto farfulla: amigo, será mejor que cuide a su mujer. Estamos ya en la autopista, tras un rápido y fogoso encuentro amoroso, y  luego de un desayuno tardío con Mery, vamos por fin justo rumbo a la playa. Tomamos la ruta más simple. Una línea recta que conduce del condado de alameda hacia Long Beach. Ya son casi la 6 de la tarde y comienza a perderse la luz del sol, estoy algo meditabundo en tanto que Mery sólo duerme. Parece tan ingenua, tan cándida, su corto vestido blanco revela el largo y la bien torneada forma de sus piernas. De otra parte, sus rubios cabellos caen de forma desprolija por sus hombros y senos, dándole cierto aire sensual. Santo cielo, es la mujer que cualquier hombre desearía, al menos cualquier maldito fracasado como yo. Es rubia, pero no; una tonta más; al menos eso es lo que quiero creer.

Miro de nuevo el reloj, son las 11:11 pm; ya llevo manejando poco más de cinco horas sin parar, por fin Mery despierta, toma mi  brazo, se aferra a él y me sonríe. De repente las luces del coche comienzan a fallar, una llovizna ligera comienza a inundar el panorámico y la intermitencia de las luces, combinada con lo que ahora se ha transformado en una torrencial aguacero, no me deja ver muy bien lo que tengo al frente.

-Rob, baja la velocidad por favor.

-Mery sólo llevamos un día de casados y ya me estás diciendo qué hacer. Cálmate mujer, soy un experto al volante. Piso entonces el acelerador a fondo; de 100 a 160 kilómetros.

Ella me grita -Rob cuidado...

No veo nada, todo sucede muy rápido. Un sujeto sale de la nada. Esta manchando y salpicado en sangre. Logro esquivarlo por muy pocos centímetros, freno bruscamente el auto y chocamos contra un poste de madera.

-Mery, Mery Ann, ¿te encuentras bien?

-Eres un idiota, Rob, pudimos haber muerto y ese sujeto... ese sujeto, ¿acaso lo atropellaste?

Me bajo del carro algo aturdido por el golpe. Miro hacia la carretera y noto que yace sobre el pavimento. Me acerco despacio y justo a su lado hay un letrero de la vía…..

¿Qué diablos pasa aquí? Observo fijamente y dice autopista 33. Me siento intranquilo, mis manos tiemblan, volteo a mirar a Mery y está más que amoratada, se ve lívida pero del susto. Intuyo que ella sabe lo que pasa.

Volteo al sujeto, aún respira pero su rostro es irreconocible. Me hace una seña como tratando de decirme algo importante; me acerco entonces  a su oído y el me susurra: Rob esa mujer ya está muerta, Rob, esa mujer falleció hace 23 años y te conducirá a la muerte, Rob por favor…..

Su aliento se apaga y exhala su último momento en esta Tierra. Mis pupilas se dilatan, siento cómo la adrenalina y la tensión se apoderan de mi cuerpo, no puedo procesar lo que está pasando, recuerdo las palabras de aquel extraño en la cafetería, me giro sobre mi hombro derecho y Mery ya no está allí, acerco mi mano al chaleco del sujeto para ver su identificación y al momento del contacto, miles de imágenes atraviesan de golpe mi mente…..

Por dios, por dios santo, soy yo, soy yo. ¿Cómo es posible? ¿Cómo?

Un grito ensordecedor atraviesa la oscuridad de la noche y atraviesa toda la ruta 33. En el piso queda la identificación de Rob Newton. Y mi cuerpo postrado junto a mi otro yo que ya ha fenecido. Ahora sé que mi muerte es inevitable, se cómo voy a morir; mi muerte no es más que un bucle temporal y me hallo condenado a repetirlo una y otra vez.  


Referencias: