Jorge Sarquis Bello
Letras

Jorge Sarquis Bello

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Por: Jorge Sarquis

2 de octubre, 2013

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Por: Jorge Sarquis

2 de octubre, 2013

Jorge Sarquis Bello es poeta, cuentista, Politólogo por estudio y comerciante. Ha escrito para revistas como Replicante, Cultura Colectiva, El Circulo, la revista universitaria Opción (ITAM), Ocho Ochenta (UIA), entre otras, en las que en ocasiones también ha presentado sus pinturas para ilustrar sus textos. De nacionalidad mexicana, originario del Distrito Federal, nació de siete meses el 20 de diciembre de 1987.

sarquis
Soy la barbarie y el resultado de millones de casualidades. Soy aquel, como todos, que padece el contar del tiempo. Mis padres me han llamado Jorge y llevo ambos apellidos: Sarquis Bello. Mi nacionalidad es mexicana desde el 20 de diciembre de 1987. Soy otro más de los que nos refugiamos en poesía, allí es donde resguardo mi consuelo, donde estalla con un ligero anhelo. He cursado mis estudios en ciencias políticas en la Universidad Iberoamericana (UIA). Con sorpresa descubro que el ancla oscilante debajo de mi brazo me resulta ajena. Tatuaje de recuerdo. Tatuaje que olvida mi fantasía de poeta errante”

 

Jorge Sarquis Bello 1

 

 

La verdadera historia del caso Diego

- Entonces mi capitán, ¿El jefe Diego debe morir?

- Por mí, ya se pueden ir todos a la mierda.

A principios de mayo, en un país americano, la Organización del Crimen Organizado decidió convocar a siete de sus hombres más leales para darse a la tarea de secuestrar a un viejo funcionario, militante del partido que se encontraba en turno ejerciendo las funciones del poder ejecutivo. Un señor impulsivo que tenía como única afición demandar a su Estado y de allí sacar provecho.

La OCO había logrado atraparlo en su casa de campo, cuando éste se encontraba descuidado y más borracho que de costumbre. La noticia se había expandido con tanta difusión que La Nación, un periódico de origen español, y la Global Journal Politics Magazine, revista norteamericana que da seguimiento a las supuestas noticias más importantes de política, no dejaron de publicar notas diarias del suceso durante las primeras semanas. Eso sólo logró que todo el país se alarmara y se iniciara una búsqueda intensa del desaparecido.

- Los bastardos del Campamento de Rebeldes han cancelado la transacción, dijo gritando el capitán. - ¿Cómo?, eso no puede ser. 

- ¡Si! Ahora resulta que el líder de la CR ya no quiere al viejo, que ya no le sirve, que ahora todo se ha complicado… ¡Me lleva la puta madre!, continuaba el capitán gritando.

- ¿Y ahora qué vamos hacer patrón? ¿Ya nadie nos va a pagar nada?

Cuando el capitán Lauro supo que no sería tan fácil hacer la entrega del viejo, por la revuelta que ya se había causado, decidió echarse para atrás, dejando a la OCO sola con todo el paquete; con aquel viejo impetuoso amarrado, golpeado y desahuciado en aquel cuarto que algún día había funcionado como bodega para un pequeño armamento de la organización.

Por debajo de la puerta tan sólo se escuchaban gritos que decían algo como - ¿quiénes son ustedes, quién se creen?, ¿acaso saben quién soy yo? Y, especialmente, el grito que más resonaba: -“suéltenme hijos de su chingada madre”. Así pasó poco más de dos semanas y nadie quería alimentar al viejo. Unos decían que era muy grosero, otros decían que les escupía la comida de vuelta y uno dijo que simplemente entrar allí de causaba náuseas. 

- Ire patrón, ya nadie quiere al viejo éste en el campamento… sólo estorba… ¿no será mejor que le demos cuello?

- Si ese cabrón se muere, ya nadie nos va a pagar nada. No sacaríamos ni el gasto que costó raptarlo. Aparte de que ya hablé con los enemigos de la CR y dicen que ellos ofrecen tomar secuestrado a Dieguito si se los dejamos a mitad de precio. Ya se que esos del norte salen ganando, pero ni modo que negociemos nosotros directo con el gobierno o su familia, ni pensarlo. Pa´ que aventarnos eso cuñado. 

La OCO vació una estancia en el segundo piso de su refugio e instaló en ella a la esposa de Beto y hermana del capitán, cuya tarea era la de colocar unas fotos en un blog que debía crear por internet. En dicha página web se colocó la foto del Jefe Diego semidesnudo para que los medios de comunicación, su familia, el gobierno y uno que otro morboso supiera que todavía estaba vivo el sujeto.

En una ocasión entró el capitán Lauro con todos sus secuaces a la bodega donde se encontraba Diego. En el interior se pudieron notar muchas caras distintas y cada una de ellas tenía algo diferente en el rostro. La barba completa o sólo el mostacho, una ligera piocha o un candado mal hecho. Transitaban por el lugar sin decir una palabra, tan sólo con la idea de que mañana empezarían todo de nuevo.

El silencio se rompió cuando el capitán sacó una navaja y dijo: - pues a lo que veníamos muchachos, pa´ que prolongarlo. - ¿Cómo le quedarán unas patillas?, le preguntó a Lauro el hombre que traía el bigote igual que Cantinflas. Tras ver que todos rieron, el Jefe Diego soltó una grosería al aire. - Estoy hablando en serio capi, yo creó que le vendrían bien unas buenas patillas aquí a Dieguito. Lauro estaba en contra de la idea, era evidente con el gesto que hacía su rostro, pero aún así le preguntó al Diego si quería unas patillas.

- A la mierda sus patillas, a la mierda su secuestro. ¡Suéltenme ahora hijos de la chingada!, gritaba el viejo. - Oye mi Diego, hoy se levanto de malas, verdad… no es pa´ tanto, con un 'no' es más que suficiente mi jefecito.

Tres horas después aparecieron nuevas fotos en internet, sólo que éstas mostraban al Jefe Diego completamente rasurado. Los medios se alarmaron aún más. EL gobierno quería no sólo acusar a toda organización delictiva por el secuestro, sino también de haber atentado contra su barba. Y así la OCO decidió no sólo cortarle la barba al Jefe Diego, sino que tampoco se merecía unas afamadas patillas y que eso era asunto de Diego y de su barbero, no de ellos. 

En una ocasión sonó el teléfono que estaba en aquella oficina improvisada donde habían colocado a la secretaria. Cuando descolgó la bocina supo que era un reportero de la televisora más importante del país. Después de un susto, de revisar los aparatos que habían comprado para evitar los rastreos de llamadas y de hacerle una pregunta a su hermano, colgaron el teléfono sin decir mucho. Al parecer la televisora había intentado entrevistar al capitán Lauro, pero cuando la secretaria intentó pasar la llamada, Lauro contestó que por lo que él sabía, los periodistas de televisión, y más de ese canal, eran una banda de pervertidos con los que no quería tener ningún trato. 

Un buen día, tras hablar con la esposa Diego, no sólo comprendió que los ricos no entienden un carajo del resto de la humanidad, sino también que no le pagarían nada por el viejo. Así que como aquel hombre no le servía de una mierda, tomó la decisión de ordenarle a su cuñado y a los muchachos que lo liberaran lo antes posible.
 

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Referencias: