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La desilusión del final en la miseria humana: Kenzaburo Oé

Letras La desilusión del final en la miseria humana: Kenzaburo Oé


Una mirada intempestiva
La desilusión del final en la miseria humana: Kenzaburo Oé

Los libros no tienen finales sino abismos. Las historias no concluyen sino empiezan. Uno de los tantos desequilibrios que nos da la literatura, es la liquidación de un libro. Lo acabas e inicias una efervescencia ideática en la que te golpean todas las premisas contenidas. Tratas de asimilarlas ante una jaqueca vibratoria que lleva a la náusea, y el único remedio que tienes para sanarte, es la delicadeza del tiempo y la meditación.

Las ideas tienen un curso generoso que debe dejarse fluir libremente, sin que los perjuicios espontáneos te intoxiquen la mente. Creo que esto me ha sucedido con Una cuestión personal de Kenzaburo Oé. Después de un recorrido fenomenal por la miseria humana me ha quedado una sensación insatisfactoria pero humanitaria. Aún no comprendo lo que ha sucedido con este libro, pero sé que he conseguido una catarsis sorpresiva.

Kenzaburo Oé: Una cuestión personal

Por momentos, me parecía olfatear un humo de Desgracia de J. M. Coetzee pero con un toque exótico, diáfano y realista. No sabía claramente a lo que me enfrentaba ante tanta tragedia y miseria humana, pero en cada línea podía percibir un escalofrío sincero.

Una cuestión personal narra la historia de Bird, un hombre de veinticinco años que ha tenido un niño con una hernia craneal, y que en el trascurso de la crónica, se emparenta con Himiko, una ex compañera de su preparatoria. Bird tiene un sueño: un viaje a África que ha profetizado desde su adolescencia. Sin embargo, el nacimiento de su hijo, ha traído diversos obstáculos para realizar su meta. La secuencia lineal de Oé nos muestra que Bird se siente desesperado y angustiado a través de una lejanía egoísta que transluce un cinismo distante. Para no arruinar el libro, hasta aquí dejaré la historia.

Como puede verse, las secuelas que iba dejando Oé tenían la promesa de un final extraviado, conclusivo. Pero al llegar a él, ha caído en la esperanza fácil y autoritaria. Por eso, me pregunto si existe algún juicio valorativo que enaltezca a la pluma congruente o si toda narración debe situarse en una dialéctica conformista.

Por el momento, lo único que queda es el debate permanente de las ideas a través de unos ojos orientales que emergen con una personalidad íntima.

 


Referencias: