Esa mujer es como el fuego, el mar, la lluvia, la naturaleza y refleja completamente la tranquilidad. Esa mujer opaca que apaga el fuego con su sonrisa; se mueve como las olas del mar, fluye como ellas, se arrastra y se desliza suavemente; esa mujer borra toda impureza como la lluvia. Salpica en el alma de quien la mira, de quien la siente, se escurre por la tristeza de cada persona que tiene la dicha de contemplarla; esa mujer es una con la naturaleza, es igual de armónica, de bella, de enigmática y refleja la verdad; esa mujer me da tranquilidad, me llena de calma y de gozo. Me hizo regresar al amor que todos intentamos desechar luego de una pérdida, ese amor erótico pero a la vez fraterno, ese amor que no es necesidad ni es capitalista sino amor del puro y del verdadero.

Cuando la encuentras refleja paz y alegría, parece tan fuerte, tan dichosa, que uno a simple vista cree que no sufre, que nunca lo ha hecho, que no ha vivido el significado de esa palabra. Pero, lastimosamente, está rota por dentro. ¿Cómo lo hace? Nadie sabe, pero vive como ningún otro ser es capaz de vivir. Se necesita de cierta predestinación para afrontar la vida de esta manera; no todos son capaces. Esa mujer fuma marihuana, toma vino y cerveza, intenta escapar y yo intento ayudarla. Esa mujer tiene cabello corto y del color del sol, de los girasoles, del whiskey y del tequila. Es bellísima, su sonrisa es sublime. Es extraordinaria e impacta cada vez que la ves: no pierde la facultad de asombro, no es constante, cambia como cada ola de cada mar. Cualquier segundo le ves algo nuevo mejor que lo anterior. ¿Cómo puede, sin embargo, tener tantos problemas y seguir reflejando tanto gozo?
No conoce el cariño total de un padre, y el vínculo familiar con su madre ha sido fragmentado. No sé qué repercusiones dicen los psicólogos que acarrea esto, pero sí sé que no es tan feliz como parece. Tiene muchos problemas, y la impotencia la tengo yo de no saber cómo resolverlos. El ser humano no sabe nada por más que haya estudiado, se apega mucho a los libros pero no a la realidad. Me encanta beber con ella, nuestra conversación fluye como riachuelo, yo hablo y ella me escucha, habla ella y yo me siento en el cielo. Escuchamos música, conversamos, bebemos y ya no hace falta nada más. El estar juntos lo resuelve casi todo, por lo menos para mí, lo resuelve todo.

Ella sabe de energías y entiende el comportamiento humano, dice que yo soy calma y otros son enérgicos. Le encanta los animales, esparce amor, caricias y cariño por donde camina. Aun así, por dentro no está tan bien. Sus hermanas evaden su yugo tocando música en las mañanas y ella prende un porro e intenta alcanzar la felicidad. Su hermana tiene una extraña enfermedad en los músculos y ella le hace masajes, le falta el amor de su familia, quiere una vida normal, pero no se puede. No elegimos ni controlamos el destino. Ella está triste y se refugia en muchas cosas, yo deseo, por mi parte, que logre la calma que me inspira. Otra hermana choca en personalidad con ella; tienen constantes peleas, sin embargo, la ama. Tiene un novio al cual adora, pero tienen discusiones y no se dan tiempo para la relación y eso le molesta.
Puede no parecer la gran cosa, pero el conflicto, los problemas económicos, el dolor, la enfermedad, la falta de amor, de figura paterna, de relación normal, acaba con el espíritu. Puede que hayan cosas peores, pero nadie sabe la sed con que otro bebe. Puede que otra gente sufra más, pero nadie debería hacerlo. Puede que así sea la vida, pero, Dios mío, ¿era necesario todo esto por comer una simple manzana?

Una noche, bebiendo, me dijo: “Ya no sé qué hacer” y me abrazó. Sentí sus lágrimas y su cabello sedoso, yo la apreté con la fuerza de mi poco amor y respondí: “Mierda, yo tampoco sé nada, amor”. ¿Quién sabe la solución? ¿Quién sabe realmente algo significativo?
Ese día bebimos unas horas más, pasamos de bar en bar y yo conocía más su desgracia interna. Cuando ya no había más sitio ni más licor, entramos a mi casa. Se quitó la camisa de botones y quedó en brasier. Su belleza floreció, estaba encantadora, parecía una diosa, parecía la reencarnación de Afrodita. No hicimos el amor, pero ver su sonrisa y su cuerpo semidesnudo, abrazarnos en la cama, sentir su cuerpo contra el mío, era mucho mejor. Ser uno realmente. Unir nuestras miserias y acabarlas en un simple acto de amor. Lloré hasta quedar dormido.
Dos días después volví a verla y ella seguía igual de radiante que antes, seguía siendo fuego, mar, lluvia, naturaleza, tranquilidad. Pero ya mi perspectiva había cambiado. La veía con otros ojos, ya que para mí era fuerza y valentía. Yo seguía triste, a mí parecía dolerme más que a ella. Este tipo de cosas realmente me afectan. Pero ella está allá y yo acá; mientras sigamos vivos quedará alguna esperanza. Una lucecita en medio de la profunda y unánime desdicha. Ella acabó por un tiempo con mi tristeza. Esa mujer es mi luz ahora.

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Hay mujeres que no siempre son capaces de parecer y ocultan sus problemas porque no saben cómo pedir ayuda, como estas Fotografías de mujeres fuertes que luchan contra un trastorno alimenticio o conoce los 13 molestos problemas a los que las mujeres se enfrentan todo los días.
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Las fotografías que acompañan al texto pertenecen a Jaime Martínez
