La relación que no conocías entre El guardián entre el centeno y Las batallas en el desierto
Letras

La relación que no conocías entre El guardián entre el centeno y Las batallas en el desierto

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Por: Hugo Co

1 de febrero, 2017

Letras La relación que no conocías entre El guardián entre el centeno y Las batallas en el desierto
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1 de febrero, 2017



“Miré la avenida Álvaro Obregón y me dije: Voy a guardar intacto el recuerdo de este instante porque todo lo que existe ahora mismo nunca volverá a ser igual. Un día lo veré como la más remota prehistoria. Voy a conservarlo entero porque hoy me enamoré de Mariana”.

J.E.P. (1981), "Las batallas en el desierto".

En el número 76, sobre la calle Zacatecas de la colonia Roma, vivió el pequeño José Emilio Pacheco; dicho domicilio no debe confundir al lector con el hogar del protagonista de la novela “Las batallas en el desierto”. Ambas, realidad y ficción, pueden confluir en el libro, pero no son la misma. Hoy en el número 76 sólo quedan recuerdos dentro de un edificio desmejorado. La ciudad se modifica al ritmo de nuestros parpadeos, deshace sus pasos mientras se renueva; los mundos antiguos de la niñez se sumergen en la sombra de nuevas generaciones, la vida se convierte en un relato que se limita por la frágil memoria.



roma



“Las batallas en el desierto” no es un trabajo autobiográfico, por lo menos no en el sentido más estricto del género. Pese a que los hechos de la narración provienen de la imaginación de su autor, el contexto social y político que aborda el texto es completamente verídico.

José Emilio Pacheco comparte con otros genios un discurso de melancolía y pesimismo, velado siempre en su sentido del humor. Al estilo del escritor lo distingue su singular “tristeza”, presente en muchos de sus textos; poeta, narrador, ensayista, traductor y oyente de diferentes voces, épocas y lugares. La obra de José Emilio Pacheco es testimonial, conmovedora, empapada de la extrema lucidez de su autor.

Pese a haberse mantenido como un escritor discreto, retirado de la vida pública, fue una figura continuamente presente en la conciencia colectiva. Recurrente desde las aulas escolares, hasta ciertos círculos académicos. José Emilio Pacheco fue un escritor sobradamente estimado por sus lectores. Una enorme cantidad de jóvenes inició su vida en la lectura de manos de José, es un favorito de los profesores de literatura en los institutos, se ha convertido en un obligado de la materia y afortunadamente lo es, pocos autores poseen una voz tan perdurable. Era una clase de erudito modesto, inconformista y sumamente talentoso. La obra de Pacheco es parte de nuestra vida y nosotros parte de ella. Lo extrañamos, dentro de este mundo deshabitado por las grandes figuras del siglo anterior, en los tiempos difíciles y las eventualidades de los años, siempre hará falta la suave voz de un poeta.



Su erudición lo convirtió en una personalidad de la cultura en México. A lo largo de su trayectoria como escritor publicó 14 libros de poesía, un número considerable de cuentos, diversos textos de difusión cultural –principalmente en su columna “Inventario”- y solamente dos novelas. Sus esfuerzos literarios alcanzaron todos los géneros, siendo la poesía el más fértil.

La versión más temprana de “Las batallas en el desierto”, su libro más referido, fue considerada cuento e incluida en el suplemento cultural "Sábado", el 7 de junio de 1980. Dicha publicación aún se conserva en la hemeroteca. En 1981 se publicó como novela. Un aspecto importante del autor es su increíble perfeccionismo, sus textos cuentan con distintas versiones, correspondientes a revisiones de José a lo largo de los años y aspectos que deseaba pulir. Por lo tanto, no es igual una versión de “Las batallas en el desierto” en 1981, que en otra de sus reediciones –alrededor de 9 en total-, por ejemplo, la de su aniversario en 2011.

El libro cuenta las eventualidades del pobre Carlitos, un niño de 10 años proveniente de una familia de clase media y conservadora, quien enfrenta el juicio público tras revelar que está enamorado de Mariana, una mujer joven, muy atractiva y madre de su mejor amigo, Jim. Cuando Carlos confiesa sus sentimientos desata un cambio vertiginoso en su vida, entre sus amigos de la escuela y la familia en casa. De un momento a otro, Carlos y Mariana padecen los veredictos morales propios de la época, mientras el autor reflexiona sobre la naturaleza del amor y sus implicaciones sociales.

Pese a que la novela no está inspirada en ningún acontecimiento especifico, es indiscutible que existe cierto paralelismo entre la narración y aspectos biográficos de José Emilio Pacheco. El escritor gozaba de una memoria prodigiosa y a través de las páginas del libro se hacen presentes nítidas evocaciones a su infancia en los 50. La crónica del México de la posguerra se convierte en uno de esos fenómenos sobrenaturales en los libros, de repente el momento histórico parece palpitar en sus páginas, con la lectura uno es capaz de sentir la vibración de los autos, advertir a los niños jugando en el patio de tierra y escuchar el eco de un bolero.

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 “Las batallas...” recrea una época de la Ciudad de México, el lapso entre finales de los 40 y 50; la Segunda Guerra Mundial trajo un periodo de moderado  crecimiento económico para la nación, dada la situación del país del norte, las relaciones comerciales entre México y los Estados Unidos se modificaron debido a la demanda de productos nacionales. Después de 1945 y el fin de la guerra, capital extranjero permeó en la economía mexicana, las inversiones se diversificaron y productos extranjeros llegaron a nuestra región. José Emilio Pacheco lo recuerda desde las primeras líneas de la novela: “Circulaban los primeros coches producidos después de la guerra: Packard, Cadillac, Buick, Chrysler, Mercury, Hudson, Pontiac, Dodge, Plymouth, De Soto”.

José Emilio Pacheco recuerda incluso los detalles más insignificantes como los programas de radio y largometrajes hollywoodenses que acaparaban las matinés, los filmes de Errol Flynn y Tyrone Power que encantaban a los niños, igual que los seriales de Flash Gordon. Estas particularidades permiten que el lector se adentre a una época a través de la vida íntima de sus habitantes. José Emilio Pacheco también critica la tendencia cultural que se inició en aquellos años: asimilar las realizaciones estadounidenses como propias y el desaire por el contenido nacional.

El escaparate político tampoco se podría ir de las manos de José Emilio Pacheco. El sistema priista queda al descubierto con la fotografía del presidente Miguel Alemán en todos los salones. La novela muestra la vida desde el interior de un régimen político idealizado por los mexicanos, los cambios globales ante una perspectiva modesta sin demasiada habladuría. El sexenio de Miguel Alemán estuvo determinado por un periodo de modernización, incertidumbre y surgimientos; el arribo a México de medios desconocidos, el acercamiento a la nueva era tecnológica y el miedo latente por el símbolo heredado de la guerra: “el hongo atómico”, quedan perfectamente plasmados por la puma sheaffers de Pacheco.

batallas en el desierto calle vacia

La novela engloba una serie de lecturas ocultas, superficialmente es la historia de Carlos pero las vertientes dentro del texto son muchas y muy interesantes. José Emilio Pacheco hace de su libro el del lector, invita a nuestras memorias a completar el relato, sino a las propias, a la de nuestros padres o las de nuestros abuelos.

El encanto de la novela recae en el destinatario, los humanos tendemos a añorar lo pasado. La memoria tiene la particularidad de limar asperezas, generalmente recordamos lo vivido siempre como tiempos mejores; cuando nos percatamos de lo lejano de estos recuerdos, desempolvamos fotografías y llamamos a viejos amigos. José Emilio Pacheco nos comunica con esos fantasmas. 

 “Las batallas en el desierto” es un milagro de la ficción, pero no el único. Jerome David Salinger fue otro autor virtuoso, uno de los más admirados del siglo XX y una de tantas influencias de José Emilio Pacheco. La obra más difundida de Salinger es “El guardián entre el centeno”, la cual narra la travesía por Nueva York de Holden Caulfield, un adolescente problemático que es expulsado del colegio; confundido, deambula por la ciudad  para reflexionar sobre conflictos como la madurez, la inseguridad y su repudio al mundo adulto. Hay una similitud entre Caufield en “El guardián entre el centeno” y Carlos en “Las batallas en el desierto”, los dos exponen su rechazo a la dimensión hipócrita de la vida “madura”, Carlos desde su opinión infantil, algo ingenua, y Caufield con aseveraciones más rudas y desenfadadas.

José Emilio Pacheco guarda similitudes a la figura casi mítica de J.D. Salinger, ambos fueron autores modestos, publicaron pocos libros y su trabajo ha sido ampliamente significativo para su generación, tanto de lectores como de académicos.


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Como dije, la novela esconde varias lecturas. La más clara es el retrato a pie de calle de la metrópoli en los 50. José se vale de su obra para describir el impacto social del cambio histórico a mitad de siglo a través de los ojos de un niño. El escenario para su drama es aquel que conoce de sobra, porque vivió en ella toda su vida: la colonia Roma.
Los orígenes de la colonia datan de hace mucho tiempo, pero la concepción moderna del sitio proviene de los primeros años del siglo anterior. Sus avenidas, calles y bulevares fueron diseñados al estilo parisino, pensados para adecuarse a la clase alta. Los restos de la impetuosa arquitectura porfiriana viven dentro de la colonia. Sin embargo, el estatus social de “la roma” descendió paulatinamente con el paso del tiempo. Para los 50, que son los años en los que se ubica la novela, ya era hogar de familias clasemedieras. La novela narra en un lenguaje coloquial el estilo de vida presente en las mismas calles por las que José Emilio Pacheco caminó gran parte de sus días.

Otro tema es el amor, según la teoría de José Emilio Pacheco, sólo existen dos clases de amor verdadero: el de los niños y los ancianos, ambos puros, condenados e imposibles. En este caso, José usa a Carlos como vocero para denunciar la imposibilidad de un amor puro sin dificultades y problemas, así como el riesgo de acabar en un desenlace trágico.

Todas las lecturas de la novela convergen al final de la trama, cuando Carlos busca a Mariana años después y no encuentra rastro de ella; incluso la gente insiste en que ella nunca existió. La relación idealizada de Carlitos por Mariana refleja el vínculo de José por su ciudad, la ciudad que él conoció, la que recuerda y la que quizás no haya existido.


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En sus 68 páginas, José Emilio Pacheco demuestra su habilidad como autor, atrapa un pedazo de época y explora todo sus aspectos a través de su pluma. Las batallas son un logro de la literatura, un salto en el tiempo. Un libro imprescindible, por supuesto, para disfrutar y recordar cariñosamente por la mayoría de sus lectores. Incluso juega con su propia naturaleza literaria, “Las batallas en el desierto” puede ser una novela corta o un cuento largo; un relato que alcanza la amplitud de los más bellos libros en la brevedad en una historia sencilla, y que utiliza un lenguaje extremadamente coloquial. Su autor es de esas figuras del siglo anterior que hizo mella en la vida íntima de sus seguidores, quienes lo echamos de menos.

José Emilio Pacheco creía que cada libro es como una botella al mar para el autor, un mensaje que navega entre las aguas inquietas, a merced de la devastación y la tormenta. Finalmente, las palabras de José encontraron lugar en la vida de distintas generaciones. Los poetas y escritores como José Emilio Pacheco son importantes porque hablan por quienes no pueden. Pero quién sabe, si una frágil botella ha podido encontrar refugio en medio de la tempestad, quizás un día, nuestra voz también encuentre lugar en el mundo.

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De las dos novelas que escribió Pacheco "Morirás lejos" es una difícil de encontrar: da click aquí para conocer más sobre ella. 



Referencias: