
A veces no podemos decir qué es lo que nos enamora de una persona especial, nos faltan las palabras y nuestra mente no puede concentrarse en eso que hace que el corazón se nos descontrole y parezca que se va a salir del pecho con una sola mirada. A veces, al contrario, son tantas cosas las que nos llaman la atención y nos inspiran a ser poetas, aunque sólo sea por un rato, que no podemos nombrar solamente una. Este poema es para ese momento en que te preguntas “¿cómo explicar todo lo que me gusta de ti?”, así que mantenlo cerca para dedicarlo cuando quieres describir esas perfectas imperfecciones que hacen de alguien un rompecabezas irrepetible.
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Encontré tu nariz, así de chueca, e incluso con ese lunar que tanto detestabas y que a mí me fascinaba.
Encontré los hoyuelos marcados en tus mejillas, esos que sólo aparecían cuando algo te hacía feliz.
También la sonrisa que mostraba tu encía. Reía a carcajadas, como cuando jugueteabas con todas tus muecas.
Merodearon frente a mí aquel par de piernas astutas y fuertes. Siempre escurridizas.
Sentí sobre mi los fuertes brazos que millones de veces me rodeaban con calor infinito.

Di al fin con tu cabello rebelde volando al viento, cómo aves al cielo intentando alcanzar el sol.
Encontré tus cejas pobladas y enmarañadas, marcando tu ceño fruncido, exigiendo atención.
Mire incrédula esos clones que eran los retorcidos dedos de tus pies, recuerdo que los ocultabas con gran devoción.
Parte por parte y en cada lugar, te reconstruí en mi mente con piezas de otra gente, o eso intenté.
Y lo hubiese logrado sin importar que mutilar sea delito. Soñé tanto con hacerlo, que debía pasar.

Casi completo te tuve, de nuevo iba a tenerte. De no ser por la maldita excepción. Tus benditos ojos, irrepetibles, destellos de impermanencia o felicidad fugaz.
Un semáforo en verde marcaba el tiempo en el que te alejabas. Pensaba en virar hacia ti mientras la luz se tornaba naranja. Cambió al rojo tan rápido que no pude volverme hacia ti, para detenerte.
¡Al diablo tus ojos! Era tu expresión, la esencia de un alma liviana, brillando en tu andar.
Es irrepetible…
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