Los beneficios de la literatura

Los beneficios de la literatura

Por: Natalia -

 
Tomas un libro por accidente. Primero contemplas la portada, luego la síntesis. Asientes despacio encorvando los labios hacia abajo y tu mente pronuncia un titubeante “Sí ¿Por qué no? Me lo echo”. Aparecen, de la nada, las preguntas que normalmente atosigan cuando estamos a punto de comprar un libro: ¿Y si no tengo el tiempo suficiente para leerlo? ¿Qué tal si pasa a convertirse en uno más de los miles jamás leídos que acumula mi librero? ¿De qué me va a servir gastar dinero en esto si al final del día prefiero sentarme a ver el fútbol o a las Kardashians? Y ahí, en la caja de Gandhi, del Péndulo o de Porrúa, con tu libro en mano, sueltas un enorme suspiro.

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La mayoría de nosotros comete el grandísimo error de acomodar a la literatura de calidad dentro del anaquel de las distracciones. No le hacemos justicia al situarla al nivel que los realities, las telenovelas o cualquiera de esos melodramas estadounidenses. Al ver el libro que sostienes, dubitativo entre tus manos, como un pasatiempo tan corriente como cualquier otro, es normal que te preguntes sobre la valía de ese objeto lleno de letras, de palabras y de páginas: “¿Para qué? ¿Valdrá la pena gastar en… en esto?”  Viene, posteriormente, la disyuntiva entre el Lo compro o no lo compro. Sin embargo, si aprendiéramos a darle a la literatura el valor que se merece, si comprendiéramos todos sus beneficios, hasta los más renombrados psicólogos utilizarían uno que otro libro para curar a sus pacientes de la melancolía arrolladora o de los manía desmedida o de la confusión a la que todos nos llena el arte de vivir, de existir, hora tras hora, día con día.

Bueno, sin más rollo introductorio, he aquí una buena cantidad de razones por las que sí deberías comprarlo. Razones que, espero, harán que dejes de dudar a la hora de pagar por un libro.

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1. Parece una pérdida de tiempo, pero es todo lo contrario

Alguna vez comentó Anais Nin que se escribe para saborear la vida dos veces. Y sí, pero también al leer tenemos la oportunidad de vivir más de una vida. Formamos parte de mundos, emociones o situaciones que incluso en un lapso de ochenta y tantos años no se nos hubieran presentado ni las condiciones, ni las circunstancias, ni el tiempo suficiente para vivir en carne propia. ¿A qué me refiero? A viajes, a pasados o mundos ficticios, tal vez distópicos o fantasiosos, de los que jamás hubiéramos podido ser testigos de no ser por las palabras que encierran los libros.

Pero no solamente nos transporta a otros lugares, sino que también tiene el poder de hacernos espectadores de las situaciones más retorcidas, macabras, románticas o adoloridas.

Trabajar en Japón tras leer Estupor y temblores de Amelie Nothomb. Saber lo que es vivir en un manicomio con el libro autobiográfico de Susanna Keysen, Girl, interrupted. ¿Soportar las crueldades y la vigilancia omnipresente de un régimen totalitarista? También, de la mano de Winston Smith en 1984 de George Orwell.

Conocer a las personas más relevantes de la historia. ¿O por qué no? A gente que como tú o como yo, se dedican a vivir, pasando más o menos desapercibidos, sólo que bajo contextos sumamente diferentes a los nuestros. Como Pereira, un editor viudo y ya mayor del periódico de cultura de Lisboa en pleno régimen salazarista, en el libro Sostiene Pereira de Antonio Tabucchi.

Siglos, mundos, vidas, aprendes qué sentirías casándote con la persona equivocada, o cometiendo un error que llevaría una compañía entera a la quiebra. Tanto, pero tanto, que en las pocas horas que nos presta la vida no tendríamos la oportunidad de apreciar.

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2. Te enseña qué es lo que en realidad importa

La cultura popular de hoy en día juzga a los que la conforman basándose en la cantidad de poder, en qué tan rico es, o la belleza. ¿Qué si eres bueno, amable o solidario? Vamos, eso da igual, siempre y cuando alcances los tres requisitos anteriormente mencionados. Ese mundo cínico y poco sensible nos infiltra en una cotidianeidad pesada, nos rodea de obligaciones, de pautas y de metas que tal vez si hubiésemos tenido un poco más de libertad no las fijaríamos como nuestros objetivos. Sabina describe a las personas que se dejan ahogar por estos preceptos como peces de ciudad, que mordieron el anzuelo, que bucean a ras del suelo, que no merecen nadar. La literatura te libera, te enseña qué es lo realmente bello, qué es lo que en realidad importa, incluso viviendo en un mundo tan superficial.

Tras leer Rayuela, aprendemos que hay cosas en la vida que no se deben guiar por pautas establecidas, por reglas o reflexiones, como el amor. Bien escribió Cortazar: "Lo que mucha gente llama amar consiste en elegir a una mujer y casarse con ella. La eligen, te lo juro, los he visto. Como si se pudiese elegir en el amor, como si no fuera un rayo que te parte los huesos y te deja estaqueado en la mitad del patio".

Muchos escritores nos hacen conscientes de lo que no puede ser adquirido materialmente. Nos muestran los encantos de la vida. La magia de actuar sin pensar de más, de hacer locuras por amor, fijarnos en los detalles. Nos hacen seres curiosos, despiertos y capaces de formar juicios críticos sobre lo que se nos dice a diario. Lo más importante de todo: nos hacen soñar.

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3. Te ayuda a no sentirte solo y a conocerte mejor

Si hay algo en lo que la literatura puede ser llamada experta es en curarnos de la soledad.

A todos nos ha pasado más de una vez en la vida que nos sentimos incomprendidos, abandonados. Esos momentos en los que preferimos tomar una cubeta de helado de chocolate, o vainilla, el que prefieran, y sentarnos a ver chick flick tras chick flick. Hablamos con miles sobre cómo nos sentimos pero nadie parece ser capaz de entendernos, para ellos la solución a nuestros problemas es pan comido, cuando para nosotros es una terrible pelea contra nuestro dragón interno. ¿Consejos o películas huecas? Creemos que así llegaremos a ya no sentirnos desesperados. Y no. Si me piden mi opinión, la mejor manera de escalar fuera de ese pozo oscuro y que parece no tener salida, es meternos en uno de esos sagrarios de la lengua escrita: la biblioteca o la librería. Ahí, entre todas esas páginas, seguramente encontraremos a alguien que se está afrontando a la misma lucha.

Si somos indiferentes a la realidad y a la sociedad en general, no hay nadie mejor que Meursault para acompañarnos, el personaje principal de El extranjero de Albert Camus. Si resultamos ser amas de casa un tanto reprimidas, con fuertes dudas existenciales y un pasado poco realizado, no hay nadie mejor para entendernos que la Señora Dalloway, creada por Virginia Woolf, o también podríamos leer Las horas de Michael Cunningham. ¿Si estás pasando por una etapa de fuerte arrepentimiento? Ahí está Rodión de Crimen y castigo.

Ahora, esos libros con los que solemos sentirnos identificados, nos enseñan a saber en qué nos podemos parecer a esos personajes y en qué no. Nos conocemos mucho más. Aprendemos que tal vez nuestra situación no es tan mala como creíamos.

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4. Nos hace mucho más empáticos

El mundo actual pone en sus encabezados y rodeados con luz neón los actos erróneos. Juzgar y criticar parece ser el pan de cada día. Aun así, ¿sabemos cuáles son las razones por las que esa persona decidió tomar un camino extraño o equivocado, si nos atrevemos a llamarlo así? En realidad no. No somos capaces de penetrar la mente de alguien y adivinar sus razones.

Al leer una buena novela, el personaje principal muy probablemente pierda, cometa un crimen, una infidelidad o cualquier otro tipo de traición. Pero entre todas esas letras logramos escudriñar el pensamiento humano hasta su más insondable esquina. Sabemos qué es lo que pensaba cuando cometía aquello, lo que lo llevó a hacerlo y lo que sintió.

Digamos que se desarrolla en nosotros un sexto sentido que nos hace entender mucho mejor a las personas. No juzgamos tan fríamente como la mayoría lo hace, sino todo lo contrario. Entendemos que el perder es parte de vivir y que la equivocación viene adherida a existir. Nadie es perfecto y así como falló el de alado a nosotros, nos puede pasar en cualquier momento.

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 Así, la literatura, ya sea por lo mucho que nos alienta o nos desalienta, por los lugares a los que nos lleva, los siglos o etapas que logramos trascurrir tomados de su mano, las personas tan ajenas a nosotros o tal vez parecidas con las que nos encontramos, nos hace, en conclusión, una mejor persona.

Espero, entonces, que este sermón te haga dejar de dudar al momento de gastar por un libro. Estira el brazo, dale el libro al cajero y ya, deja de darle vueltas. Saca tu cartera, paga. Que a fin de cuentas, ese libro contribuirá mucho más que cualquier otra adquisición. 

Referencias: