“Era un lector empedernido que tenía cosas tan extrañas, como meterse en la ducha y seguir leyendo. Se metía en la ducha y con la mano mantenía el libro así, con la mano tendida. Lo peor es que eran mis libros. Yo siempre veía mis libros mojados y no sabía qué había ocurrido. Yo me decía “es que ha llovido en México”. México es muy grande y puede llover en una zona de la ciudad y en otra no, es raro pero se puede dar ese caso, realmente un fenómeno curioso de la naturaleza. Hasta que una vez lo sorprendí leyendo en la ducha y yo lo que tenía que haber hecho era ponerme de rodillas a rezar por el milagro que había presenciado, pero no lo hice, más bien lo reté”.
Roberto Bolaño
La sociedad suele tener recelo contra los poetas que trasgreden las normas establecidas y desafían las instituciones; se les ve de manera distinta, se les margina y se les olvida. Algunos atraviesas situaciones extremas, pasan hambre, quiebran la ley, se autopublican y si no es así, lo están haciendo mal. El régimen literario que claman instituciones gubernamentales y casas que cuidan de la cultura, no les genera empatía este tipo de manifestaciones y las etiquetarán como herejía.
Era México, años 70, y dos muchachos irreverentes iban de taller en taller literario en la grandiosa UNAM, en búsqueda de un espacio en la literatura, esa cargada de clasicismos y moral: Roberto Bolaño, un chileno fugado de su patria después del golpe contra Salvador Allende y José Alfredo Zendejas Pineda, y Mario Santiago Papasquiaro, un mexicano que poco podía descifrarse de su personalidad.

Ambos, junto a otros más, fundarían lo que, en ese momento se llamaría, el Infrarealismo; movimiento poético que bebió de todas las vanguardias que traía consigo el siglo XX, promovió la soltura del verso, el uso de palabras que, en México, en la poesía estaban vetadas, como verga o sexo, embriagó la lírica, tradujo a los franceses, leyó a los clásicos y a los vanguardistas, y brilló con su luz hasta arder en su fuego. En 1976 estos jóvenes lanzaron el Manifiesto Infrarealista que rezaba lo siguiente: “(…) Metan a toda la ciudad al manicomio. Dulce hermana, aullidos de tanque, canciones hermafroditas, desiertos de diamante, sólo viviremos una vez y las visiones cada día más gruesas y resbalosas”.
Este grito desesperado, iluminado por el alcohol, las tertulias, el sexo, la rebeldía, aquella dama de los cabellos ardientes de Barba Jacob, la marihuana… fueron los ingredientes de quienes deseaban hacerse escuchar, despertar de una sociedad adormecida y floja que se pavoneaba en su “cultura oficial” y su gobierno perpetuo. Los Infrarealistas bebieron de los simbolistas, de los vanguardistas europeos, de los haikus japoneses, de los beats norteamericanos y, cómo no, hasta del nadaísmo colombiano. Estaban armados con letras insurgentes que necesitaban ser expresadas, eran la voz de los exiliados, como Bolaño, y de la generación que sobrevivió a la masacre de Tlatelolco.

Es imprescindible situarnos en el contexto y todo lo que rodeo a los infrarealistas y a Roberto Bolaño para entender la figura que representó Mario Santiago Papasquiaro, pues fue quien mantuvo el movimiento hasta el final, además de ser amigo inseparable de Bolaño, quien lo inmortalizaría en uno de los libros más reveladores y exquisitos del último siglo “Los Detectives Salvajes”. Uno de los sobrevivientes del Infrarealismo, José Rosas Ribeyro, cuenta que “Ambos eran complementarios, ya que uno neutralizaba en el otro algunas de sus tendencias. Roberto neutralizaba en Mario las tendencias más autodestructivas y Mario neutralizaba en Roberto el afán de triunfo literario. Yo anduve mucho con ambos desde una posición intermedia, equidistante”.
Luego de viajar por algunos países, regresó a México, donde sufrió la soledad y el olvido de los ojos oficiales; logró publicar sólo en unas pocas antologías y vivió con lo sumamente necesario. A él le toco experimentar el auge del infrarealismo, pero también la decadencia y el olvido. Algunos de sus amigos cuentan que los llamaba de noche para comentarles ideas acerca de sus poemas futuros.
Era, además, un caminante nato, un nómada por naturaleza; recorría grandes distancias de la Ciudad de México a pie y pasaba las calles sin mirar a los lados. Cualquier que lo haya visto pensaría que era un loco, cruzando las avenidas sin mirar, pero no, Mario Santiago no era nada de eso, representaba la expresión máxima del anarquista urbano, del ser que busca evadir la norma, saltarse la regla. ¿Lo logró? Sí. Aunque a causa de esa práctica quedaría lisiado de una pierna, razón por la que tendría que andar con bastón, y esto también lo llevaría a la muerte al morir atropellado en 1998.

Mario era la reencarnación de los dioses aztecas, encarnados en fantasmas que recorren y pululan las avenidas anchas con olor a mezcal. Él era Quetzalcóatl con su veneno alado; Huitzilopochtli con su sed de sangre; Tláloc, como la lluvia mojando todo lo que toca; Xipe Tótec, recubriéndose de las pieles de las vidas humanas pasadas, de los poeta antiguos, para hacer su propia metamorfosis hacia algo inefable.
Él sentía la poesía no como una profesión o un don que busca reconocimiento, sino que le inundaba los sesos y el alma y le permitía caminar en este mundo a su manera. Nunca le interesó publicar, ni ganar premios o reconocimientos. Mostraba sus poemas a sus amigos y si ellos le decían que estaban bien, se enojaba y los tachaba de débiles, pero si no les gustaban les respondía que les faltaba crítica. Su pasión fue su pecado y su redención, su vida y su búsqueda de inmortalidad.
Para aquellos que desee leer poesía que rompe toda norma y transgreda, encontrará en la lírica compleja de Mario Santiago Papasquiaro una oportunidad para derribar muros. Su poesía está llena de referencias a la vida salvaje de la gran ciudad, en sus venas corre la sangre azteca, es posible oler en sus versos el mezcal y oír un sonidito de The Doors, por ello te presentamos tres poemas para que tu corazón explote.
Hijos del Rey Lopitos
Nuestra aventura fue ésta:
—otro rayo en las bragas del caos—
Despertar / sumergirnos
Como ola la piel estrellada
En contextos no siempre reales
En los techos de Circe
–bugambilia fogosa—
el cristal de los cantos fue la forja
el afán / la escritura de días en océanos nublados
/ Cosmoalfiles /
Sex Raza
Elegimos el licor del insomnio al speech de la zarza
En playas de dunas
Bajo el coral que amaranta
& recordamos 1 prisma / 1 botón de mujer
en los hoteles del alba

Otra vez ruede & ruede
Experiencia flamígera / girasol de cascadas
El fulgor de los bosques
los highways sensoriales
Meteoritos de angustia
salpicando sus péndulos / tierra ardida / quema de llantas
Es 1 diapasón de la tribu
este gajo de luz en los dedos / la bacha / de la bacha
más brava
En la ronda los cuates se transfiguraron carnales
No fue caspa del tiempo
Fue soñar otras danzas
El Watusi & el Chivo presumiendo de báquicos
El hotpant de la ninfa
/ le respondí a Vasconcelos /
Navegamos quemando
En la grieta: las plantas las enredaderas nerviosas
el nocturno acné que mandrilean las luciérnagas
El avispero del rol
En los barrios del perro chamán & la perra yerbera
& los hijos: hipnosis / hidalgos del puño del polvo
frotando el sol de su ruta
arenas abajo del viento / del diente / del sólido mar
Abluciones de escándalo
Los nudillos golpeando
La cantata ceñida al carril que trotamos
Cantarando & bailando
((la seda en la raya))
siemprevivas eternas
al sagrado & luminoso coito del bifronte amor
Sin importarnos chile piquín orégano estertores
ocotes o precio.
—
Canción Implacable
Me cago en Dios
& en todos sus muertos
Me cago en la hostia
& en el coñito de la virgen
Me cago en los muertos
del Dios de Dios
En la soberbia de Federico Nietzche
en el cuerpo tembloroso de mi alma
& en las ortigas al aire del ateo
En la muerte prematura de los justos
en la fugacidad del coito & sus centellas
en el verbo animal
en la imaginación-rizoma
en los textos del saber tan destetado
En la raja de los mundos
yo me caigo
Concentrado en el incendio de mis poros
En este alcohol-maleza que me cimbra
en el ojo infinito de mis huellas
en el furor salvaje del desmadre
en la imposible muerte & sus ofrendas

en el barro de áspid que calienta
en las rocas de la amada
en la levitación de mi calaca
en el cojo corazón de lo innombrable
En el aleph acuoso de mis llagas
en la vítrea desazón de mi asesino
en la mano del placer
en la droga anidada en sus colmillos
En el ogro filantrópico & su esposa
en la tumba del azar tan manoseada
en el germen de la lírica / que es caca
En la boñiga aérea
en las lagañas topas
en el cráneo todo esplendor de Charleville
En las ratas que aún huyen del Mar Ebrio
en lo blando
en lo fofo
& en lo inerme
En el eructo de éter de los sapos
en las sangres hirvientes
en las sombras
en el rosa gargajo de las albas
en el vidrio insensato que he escogido como calle en las barrancas de Venus tumefacta
En el platón del festín
en las bacinicas de la tregua
en el hongo podrido & su tridente
En el genealógico tumor de la US Army
en el extenso linaje de la mierda
Abismo & resplandor / azar & viento
Vena abierta de cocxis a clavícula
Regazo de embriaguez
Llama de arpas embozadas
En las ingles sin axilas de Dios-inventamuertos
en el suave & múltiple rumor que hacen 2 lágrimas
en el mar : en sus desiertos :
& en mí mismo.

—
Soy & No
Soy & no el ángel caído
Que de puro estupor ahoga en sotol sus limpias lágrimas
He olvidado hasta el aroma de la liana que me servía
de telescopio & de columpio
Sólo en sueños me veo vagando en esa patria toda entraña
Luz de bengala inapagable
Manantial de impulsos que la mierda indigestión
de estos toscos días me borra
Vuelo 1 segundo & me despierta la migra garrienta del dolor
/ restregándome en la jeta el desgarrón de mis fronteras /
Resortea ardido mi muñón
Mi aura se espanta de no reflejarse en mis recuerdos
La exaltación termina por resbalarse a 1/2 esquina
Aúllo invocando el chiflido de mi Dios / que se coagula
Sin que pueda pellizcarle decibel chisporroteo alcaloide
hoyo negro alguno
Soy & no este temblor que vacía en sí mismo su basura
1 interjección de lava arrojada de improviso
Manchado de eternidad
De lluvias / de escozor
De bárbaras fiebres que se tragan de 1 bocado a mi destino
Soy & no la orina congelada de Caín en plena huida
El sobresalto que lo impulsara a castrarse sus células solares
El terror que habría de marcarlo
Como a res en brama que enloquece
& no embiste a su manada.

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La poesía es capaz de transgredir la vida de todo aquel que la lee, pues su lenguaje puro y cargado de futuro nos provoca una revolución interior, por eso te compartimos los 20 consejos de Roberto Bolaño para disfrutar de la vida cuando eres joven. Además, descubre todos los nombres de los autores extranjeros que han escrito sobre México, país del que quedaron enamorados.
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Algunas fotografías que acompañan al texto pertenecen a Rabzvisual.
