La poesía provoca que dos cuerpos se necesiten como la sed al agua:
Hay veces que la razón no afecta al amor, por el contrario, uno quiere, cuando el amor es verdadero, con una genialidad digna del mejor poeta, con una cordura que se pierde poco a poco al comprender la química del amor.
No hay efectos ni desdichas en el amor, el amor en sí es un cataclismo que socava todas nuestras células, un terremoto en la dermis cuando tú me tocas.

El tiempo, después de todo, sólo es una marca, nosotros somos una huella, cada caricia nos marca, cada beso nos resucita. La noche es digna siempre del amor, de hacer el amor, de fabricarlo y matarlo en un juego cóncavo y convexo, o en unos versos que penetren los óvulos.
¿Para qué hacerte el amor si puedo hacerte poesía? Drogarnos con cada línea que te escribo, inhalar el grafito o beber la tinta o intercambiar la sangre, fluidos salivales de nuestras transparencias, reverendo borde de tus brazos, linda cintura que ejecutan tus nalgas.

Quiero esa rosa que guardas con ese perfume que gusta de mi sexo, que dilata mis poros provocándome hiperhidrosis. La alta cuna donde naciste reconoció desde un principio el fuego de los hornos que mágicamente con las texturas de nuestros cuerpos forman una figura, una silueta que abarca nuestros cuartos. Cuartos endemoniados llenos de ángeles pecadores, divino reconocimiento del llanto.
Prepara tu boca, un sol naciente sale de la mía. Cierra la ventana, déjame llevarte de tu lujuria hasta la cama, permíteme arrepentirme en el camino a ello, y no me lo recrimines, me gustas tanto que sólo quiero hacerte poesía.
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Luego de leerle este poema a tu pareja, tal vez puedan intentar estas posiciones sexuales más placenteras para alcanzar el orgasmo.
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Las fotografías que acompañan al texto pertenecen a Jesse Herzog.
