Uno bebe cuando está triste o alegre, o cuando no hay nada más que hacer. Hoy bebo porque estoy triste, tristemente triste.
Es increíble la manera en que una persona influye por completo en nuestras emociones, cómo puede hacernos felices o miserables en cuestión de minutos; tú me hiciste muy feliz, al comienzo. Amaba todo de ti, todo, mis mejores poemas los escribí mientras estuve contigo, y ahora que no estás ¿qué hago con ellos?, ¿qué hago con el amor que todavía siento por ti?
Sea de día o de noche con sus luces artificiales, la habitación donde nos amamos, el sillón donde charlábamos y reíamos por horas, el café que frecuentábamos, son ahora lugares oscuros. Cada vez que me detengo a ver estos lugares me muestran escenas de cuando estabas, y yo estaba, y entonces estábamos, “hay ganas de no haber tenido corazón”.
Un bar no es un buen lugar para olvidar, una iglesia tampoco lo es. Nunca he sido de los que lloran en la barra por amor, tampoco he sido de los que se enamoran, supongo que eso explica lo primero. Es hora, ya hay que tomar el último trago, mandar al carajo todo: las historias, los poemas, el sillón, el café, la habitación, los besos, el amor, ¡todo!, ¡todo al carajo!; este último trago va por ti, junto a un adjetivo que comienza con P y un adiós ¡A tu salud!

Es un hecho que tener el corazón roto a veces es inevitable, pero leer más poemas de este autor como Iba a decirte no me abandones, pero te dije adiós y El último trago pueden ser catárticos y ayudarte en el proceso .
