¡Qué ganas de adorarte!
De fragmentar tu cuerpo.
Y abrazarte lentamente.
Qué ganas de alabar tu cuello.
De llenarlo de besos y caricias.
Mientras me detengo en tu boca dejándote sin aliento.
Qué ganas de beber de tu pecho.
De alimentarme de ti,
De admirar tu piel y penetrar tu existir.

Qué ganas de anidar en tus brazos,
de llevarlos conmigo
con el amor más dulce y plácido.
Fundirme en mi delirio por tu piel.
¡Qué ganas de adorarte!
Me hierven las venas por habitar tu garganta
y crecer juntos, extasiados.
Qué furor me consume por tocarte
hueco a hueco, hasta verte tendido.
Esta adicción involuntaria me domina,
eres mi oasis de paz.
Qué ganas de venerarte
con estas ansias maniáticas que tiemblan por ti.
¡Mansamente, en silencio, a oscuras!
Hospedarme en ti.
Qué ganas de adorarte, de ir a hurtadillas hasta ti.
Aprenderte, recorrerte y en total calma amarte.
Abrazarte completo.
Gozarte deliciosamente en esa inconsciencia,
con la alevosía de mis codicias.
Respirar en tu pecho.
Soñar en tu piel.

Adorarte una y otra vez
con la legítima hambre de ti
que consume mi lengua.
Deshacerte ahí, sin parar.
Qué ganas de adorarte con estas manos
que serenas te esperan,
que culposas te veneran,
que sin cesar te buscan.
Qué ganas de amarte con estos labios,
que no encuentran armonía más que al besar los tuyos.
Estos labios que incansables te honran,
que sacian su sed con tu condición,
que amputan sus apetitos con tu cuerpo.
Qué ganas de adorarte
y vivirnos con el placer más sublime,
mi cielo.

***
Así como esa urgencia une las pieles, las palabras unen los corazón: “tus labios sellan mi piel, tus manos el contorno de mi cuerpo”.
