Cuando el amor termina, muchas veces no hay nada ni nadie que lo pueda salvar:
Conocía que era el momento de la retirada, ya todo su cuerpo perecía en vitalidad espiritual, la voz que alguna vez dominó a todos, ahora la consumía. Estaba en el escenario de sus principios observando de manera fría al hombre con traje y de rostro cubierto caminar hacia ella. La cantante regaló una breve sonrisa, acarició el micrófono, aspiraba aire con gran esfuerzo, y comenzó a cantar:
Sabía que tú llegarías,
sabía que todo acabaría,
me diste el amor que tanto quise
y ahora el adiós me enmudece.
Tengo frío, tengo dudas,
no darás más la protección
que antes juraste, ya no más.
El amor que siento, se acaba en esta función.

Así que dime que nunca me deseaste,
tal vez mejore esta partida,
tal vez por las mentiras de tu boca saldrá peste,
porque ambos conocemos nuestro trato de muerte y vida.
Prometiste darme lo que deseaba
si yo daba lo que a ti te faltaba.
El hombre de traje llegó a sus espaldas. La cantante dejó caer el micrófono, la hora era la justa. Ecos de aplausos, de millones de personas sucumbieron el interior de la chica. El foco que iluminaba el escenario, de pronto, volvió su luz espesa, eclipsó la oscuridad de los asientos. Una sombra notablemente crecía detrás. Continuó cantando a capella:

Una vida, nada más,
una vida, nada más…
La sombra abrió sus grandes fauces y expulsó alaridos. El foco explotó y la función acabó.
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Las fotografías que acompañan al texto pertenecen a Paige Margulies.
