Senderos que se bifurcan para volver a encontrarse

Senderos que se bifurcan para volver a encontrarse

Por: Carolina Estrada -

Conocer y desentrañar el significado y el sentido de la existencia es la tarea más elevada de la humanidad, tanto que al mismo tiempo es la base de cualquier conocimiento. A su paso por el Universo, el hombre ha intentado explicarse los fenómenos que en su conjunto, o de forma independiente, le den las claves para comprender dicho sentido. Al final, pareciera que todos los caminos acaban conduciendo a un mismo camino. Los senderos se bifurcan para volver a enlazarse siempre, haciéndonos intuir, quizá, que todas las preguntas acaban en la misma respuesta. Una respuesta que probablemente aún no sabemos aceptar.

Antiguamente, es bien sabido, ciencia, filosofía y mito no conocían separación. Se daba la misma importancia a los mitos religiosos que a los descubrimientos “científicos”, aunque tal cosa aún no se conociera. La filosofía, estudio de los problemas fundamentales de la existencia y el conocimiento, se distingue del misticismo, la religión y la mitología por su cualidad “racional” frente a los dogmas. Es decir, las preguntas que se hace la filosofía pueden ser las mismas que las que se hace la religión o el misticismo, con la diferencia de que la primera usará siempre argumentos racionales y antepondrá la pregunta a la respuesta, y las segundas buscarán, de uno u otro modo, defender mediante la razón o lo que haga falta, principios de autoridad establecidos como verdad para cualquiera. 

Y en ese terreno de la explicación entra, también, la ciencia, cuyo “método” le otorga un carácter que la distingue por completo de cualquier otro intento por explicar, entender o desarrollar algo. La ciencia, al estructurarse de manera sistemática, cuenta con la autoridad para proclamar la confiabilidad de sus respuestas frente a cualquier otra manera de conocer lo que al mundo atañe simplemente porque obedece a una estructura bien delimitada.

Planteado de este modo, no es difícil categorizar a la ciencia como la búsqueda del conocimiento a través de la materia, de lo perceptible, lo tangible, lo que está presente en un espacio y un tiempo determinados [1]; por su parte, la filosofía, amante del conocimiento, es la razón, el nivel de la potencialidad mental en todo su esplendor; así, la mitología, tan llena de consuelo que acaba convirtiéndose en un espejismo, es la expresión máxima del espíritu. Antiguamente, ciencia y filosofía brindaban servicio a la religión, un servicio tan exclusivo que acabaron por convertirse en esclavas de los caprichos a veces absolutamente irracionales del dogma. La fe se presentaba como una enemiga de la curiosidad y la duda, llegando, incluso, a matar en nombre de Dios, como sucedió con Galileo.

ciencia


El Sidereus Nuncius de Galileo, cuya publicación se considera el origen de la astronomía moderna [2] se ha convertido en el comienzo de una guerra entre el razonamiento inductivo y el razonamiento deductivo, entre la ciencia y la religión. Reduciendo el conflicto a sus límites más simplistas, deducción es aquello que parte de lo general para explicar lo particular: “Dios es bueno. Dios hizo al mundo. El mundo es bueno porque Dios lo hizo”; la inducción parte de premisas que contienen datos particulares y que permiten hallar modelos de verdad: “Pedro es bueno. Pedro es un hombre. Todos los hombres son buenos”. A diferencia de la deducción, la inducción no se acepta sino hasta que se compruebe la premisa. Como era de esperarse, la deducción es el método por excelencia del desarrollo del conocimiento que siguen la religión y los mitos. El mito explica las particularidades y la tarea del sacerdote es encontrar las claves que lo lleven a esa verdad que de antemano conoce. En cambio, la ciencia tiende a partir de las particularidades y es a través de la observación, el estudio y la búsqueda que plantea hipótesis que, al ser experimentadas una y otra vez, llevan al científico a hallar la verdad.

La historia nos permitió comprobar que la ciencia, la religión y la filosofía debían separarse por el bien de la humanidad misma. Así pues, cada una ha convivido en su esfera particular con sus problemas. Y los hombres, apegados a uno u otro modelo, nos hallamos en medio del conflicto. El científico no puede, bajo ningún motivo, dar rienda suelta a sus emociones cuando busca el conocimiento; para hallar consuelo espiritual, bien lo sabemos, es menester muchas veces hacer a un lado la razón o ponerla al servicio del alma cuya existencia, por más improbable que la declare la ciencia, sigue siéndonos cotidiana.

El Pensador filosofía

Pero, ¿qué pasaría si al final encontráramos que las tres esferas acaban sirviendo al mismo objetivo y que es posible hacerlas confluir para hallar la verdad?

Tal es el aspecto que presentan, cuando por la violencia de un torbellino subterráneo se desprende una colina arrancada del Perolo o de los costados del mugiente Etna, las combustibles e inflamadas entrañas que, preñadas de fuego, se lanzan al espacio por el violento choque de los minerales y con el auxilio de los vientos, dejando un ardiente vacío envuelto en humo y corrompidos vapores. 

El autor es John Milton, el libro El paraíso perdido, escrito en el siglo XVII, una obra en la que habla de la caída de Satanás y su séquito y en la que describe el aspecto del Infierno, el caos que tantas veces se ha descrito en mitos, novelas y leyendas. Yo no pude más que recordar las descripciones de los maestros de ciencias naturales en la primaria, quienes decían que tras el Big Bang, la Tierra era un caos, un infierno formado por vapores, fuego y gases primigenios que al final hallaron concierto y dieron paso a la vida…

http://www.carolinaeg.com/



[1] Propongo al lector aceptar esta explicación simplista de las cosas que hace a un lado aspectos tan especializados como la teoría de la relatividad, la nanotecnología o la biología molecular para seguir preguntándose lo que atañe a este artículo.

[2] Recuérdese el heliocentrismo y el geocentrismo que llevaron a Galileo a proclamar el afamado “Y sin embargo se mueve”.

Referencias: