Sólo los enamorados saben cumplir sus promesas
Letras

Sólo los enamorados saben cumplir sus promesas

Avatar of GothicusMx

Por: GothicusMx

6 de junio, 2017

Letras Sólo los enamorados saben cumplir sus promesas
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Por: GothicusMx

6 de junio, 2017



El verdadero amor puede vencer cualquier adversidad, no importa qué tan difícil parezca. La distancia y el tiempo no lograrán destruir el hilo invisible que une dos almas que se complementan. En el siguiente cuento de Tomás Guaderrama, una tragedia pondrá a prueba a los protagonistas, su amor será llevado hasta un punto extremo y se sostendrá sólo con la promesa de volverse a ver.


los enamorados saben cumplir sus promesas


Esa tarde se disponía a salir como lo hacía todas las tardes, todo los días, todo el año. Había cocinado entre el calor agobiante de su cuarto, o “casa”, como le decía ella a sus cuatro paredes con techo de lámina y una pequeña ventana por la que apenas corría sigilosamente un poco de aire fresco, y que ella usaba en las noches para ver un largo camino de tierra por el que lograba distinguir las luces de los automóviles que ocasionalmente pasaban. No perdía detalle, aunque el polvo seco del camino y los matorrales del desierto fueran un obstáculo. El marco de la entrada solo tenía una pequeña cortina roja, casi traslúcida. No alcanzaba a tocar el piso, pero hacía las veces de puerta la cual ocasionalmente amarraba para poder tener una corriente de aire y quitar el sofoco de calor en las madrugadas.

Mariquita, como era conocida, vendía comida y café a la orilla de la carretera, cerca de una zona de descanso. Todos los que llegaban la conocían o al menos se enteraban de ella: Mariquita, la que sigue esperando a que regrese Jaime, su prometido; la loca de la orilla, la que habla de amor, la que no pregunta nada pero quiere enterarse de todo lo que sucede en esos caminos.

Ella, inamovible y puntual, desde las siete de la noche hasta casi el amanecer vendía sus bocadillos de cara al poniente en esa ruta. Desde el punto más alto del camino podía ver con claridad los camiones que llegaban; pero hacía ya 24 años que esperaba a alguien, a Jaime, su Jaime, y lo hacía como si fuera la primera noche, como si el tiempo no importara, como solo un enamorado sabe esperar. Podría ser hoy, mañana o un año más, total, ¿qué más daba?, tenía que llegar, lo sabía, una promesa la hacía esperar. El amor hace actuar con locura a una persona, con devoción, nada más importa.


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Hacían ya 24 años que salieron hacia el norte del país, sólo habían parado ahí para descansar, un lugar despoblado de día pero que de noche albergaba a varios camioneros. Llevaban consigo poco o nada de dinero, algunos muebles, utensilios de cocina, una mesa y dos sillas. También llevaban el alma en un hilo, un miedo en su interior que apenas lograban esconder uno del otro.

Jaime había ganado su amor, su entera comprensión, sabían que no tenían nada y que juntos lograrían hacer una vida. Pero habría que irse lejos, lo más lejos posible, empezar juntos donde nadie supiera por qué habían jurado amarse siempre. Podrían pasar por el mismo infierno una y otra vez, pero tomados de la mano saldrían juntos de ahí, porque así pasa con los enamorados.

Todo comenzó una noche terrible, al borde de la locura Jaime le quitaba de encima a Mary al monstruoso padrastro. Desde hacía más de un año que el padrastro había dejado una huella imborrable en ella. El hombre, con el rostro desfigurado por el alcohol, lleno de lujuria, había obligado a Mary a entregarse a él una y otra vez; ella pocas veces había logrado escapar, pero las consecuencias de su rechazo siempre eran peores. Jaime supo lo que ocurría y no lograba explicarse cómo Mary, su Mariquita, su novia desde niños, pasaba por algo tan terrible. El padrastro había sembrado el terror en su mente, algo peor podría ocurrir si ella se atrevía a hablar de lo que ocurría. Llena de temor, un día Mary explotó en llanto y le confesó todo a Jaime.


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Esa noche Jaime se presentó para poner un alto. Al llegar a la casa de Mary, la escena del hombre ebrio encima de su amor lo llenó de rabia. Quitó al padrastro de encima de ella, y como un loco lleno de furia le quitó hasta el último aliento. El hombre que desde tiempo atrás había matado por dentro a Mary ahora estaba muerto. Tendrían que huir al amanecer, tomar lo necesario y comenzar de nuevo, juntos, lejos de ahí.

Pero Mary lloraba sin detenerse, desubicada y fuera de control no razonaba, se arrodillaba en un rincón y gritaba. Jaime la abrazaba, lloraba con ella, le recordaba lo hermoso que era estar con ella en las mañanas o en las tardes al pie de la montaña, donde las formaciones de las estrellas hacen un espectáculo; le cantó al oído y le recordó la tarde de verano en la que se dieron el primer beso. Ella reaccionó y lo abrazó, lo vio ahí a su lado, manchado de sangre pidiéndole amor eterno, pero habría que hacerlo lejos de ahí, donde nadie supiera nada.

Tomaron el pequeño coche del padrino de Jaime y con lo que tenían a mano huyeron de ahí. Pasaron unos días en la carretera, vieron paisajes que jamás imaginaron, se amaron, tuvieron kilómetros para recordar de dónde venían y se reían y lloraban, vivieron el romance que desde niños había nacido, recordaban las miradas traviesa de él hacia ella en el río, sabían que eran el uno para el otro desde hacía muchos años.


abrazo



Llegaron a un punto en medio del desierto. Tenían que descansar y conseguir algo de dinero para continuar el viaje. Hicieron planes para trabajar un tiempo y después seguir avanzando, pero esa misma noche Jaime desapareció. Algunas personas lo vieron ser detenido por una patrulla. Al parecer, el padrino de Jaime había denunciado el robo del coche. Jaime le dejó una nota a Mary: “Jamás pensaría en dejarte, viviría por siempre contigo, no te vayas, espérame...”.

Pero Jaime había sido condenado a 25 años de cárcel. Habían descubierto el cuerpo del padrastro y dar con los culpables fue sencillo: dos jóvenes en un pequeño coche rumbo al norte. Mary había sido separada de su amor abruptamente, pero ella esperaría, se lo debía.

Habían transcurrido ya 24 años sin él, el plazo estaba por cumplirse. A veces los retos en la vida son tan grandes que parece que el amor, la fe y la fuerza pueden desaparecer, pero sólo los enamorados saben cumplir sus promesas. Los ojos de Mary estarían a punto de verlo llegar, con arrugas, cansado pero con un brillo asombroso, con el alma en un hilo y el corazón desbordado, igual a aquella noche en la que huyeron para amarse.


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Referencias: