Tu surgimiento me es ajeno
pero lo siento como un dolor agudo
que me va trepando desde los tobillos,
subiendo por las piernas, por los huesos de las piernas,
por adentro, en espiral.
Me es un dolor dulce y paralizante que me clava puntadas en la ingle
y me hace suspirar de dolor o calentura.
Me es ajeno pero no lo soporto, no debería molestarme pero lo detesto.
Tu surgimiento saca lo más odiado de mí por mí,
porque no soporto la idea de que resurjas
lejos de lo que pudimos ser.

