Un amigo fiel

Un amigo fiel

Por: Andres -

Un amigo fiel
Cada que iba a casa, la esposa del buen Demetrio le coqueteaba con desparpajo a Miguel, el amigo de su marido.


Se le insinuaba con discreción sin perder de vista los detalles que hacen la diferencia . Demetrio confiaba a ciegas en Miguel.

En más de tres ocasiones que se emborracharon con esmero en el hogar de los casados,terminaron los tres bien servidos y erguidos a la postre de la noche, recibiendo la madrugada sin mayor charla que la cotidianidad urbana.


-Te vamos a presentar a una chica, ¿verdad amor?


Coral, su esposa, no decía nada con las palabras , pero con su mirada y contoneo transmitía su fastidio y aburrimiento al comentario soplado en el aire por su marido.


Miguel, mientras tanto, le daba duro al trago. Era un tipo sensible y adicto a las emociones sin recato. Le gustaba soñar con los culos de mujeres que miraba en la calle y que admiraba en las revistas para caballeros que compraba cada semana en los revisteros citadinos.


Algún día yo estaré con esas chicas. Me lo merezco. Además, hay tantos imbéciles por ahí que están con buenas carnes, así que, ¿por qué yo no? Hablaba para sí y para el tiempo.


En la borrachera, la noche se marchaba mientras el día les llegaba como el viento. Demetrio, sin tocar colchón, se duchaba y se iba derechito al trabajo. Con alcohol en las venas y deseo en la sangre se despedía de su cariño y de su amigo.


.Aquí te quedas, duérmete un rato y más tarde le dices a Coral que te prepare algo.


Miguel asentía con ojos intoxicados y espíritu alegre. Así compartieron varios convites. Miguel llegando sólo como de costumbre, Demetrio recibiéndolo con alegría alcohólica y Coral esperando a que algo sucediera.


Los reclamos, las diatribas y los pensamientos acalorados en voz alta no faltaban en la convivencia. Coral mostraba de su móvil imágenes de amigas suyas con la intención de colocarlas entre las piernas de Miguel, a ellas:sus amigas.


Demetrio le animaba y no dejaba escapar la ocasión para demostrar el cariño que sentía.


-Tengo todo lo que quiero, una esposa linda, un amigo fiel y un trabajo digno. ¿Que otra cosa desearía?- Inmediatamente el se contestaba- Nada. Todo está aquí, además de ello el whisky está en su punto. No muy fuerte ni muy ligero. ¡Salud pues!


Miguel y Coral lo secundaban y se adentraban a la bebida como pretexto para soltar el espíritu. Ya de por sí lo traían suelto cada uno en sus demonios y detalles . Allí se atestiguaba únicamente la soledad de conveniencia. Una, por tener a alguien quien le proporcionara seguridad financiera. Otro, por tener un espacio en una sociedad tradicional por medio de una familia y estructura moral.

El último, por evadir a toda costa la soledad de su vida diaria y del espíritu que es, sin temor a equivocaciones, la más dura de las soledades. 


Miguel siempre era adulado por su amigo. Hasta cierto punto se respiraba en él una química peculiar cuando le hablaba en voz baja.


-¿Pero qué pasa contigo Cabrón? Mírate, estás guapo y eres elegante, ¿o no amor ?


Coral no decía nada con las palabras, sólo asentía con miradas y movimientos. Acto seguido, Demetrio se abalanzaba al guapo y le besaba la frente.


-Te quiero Miguel. Eres mi mejor amigo. Además de Lauro, pero bueno, ya sabes...


( Lauro se había pegado un tiro tres años atrás . El mundo le pareció muy duro e insensible. No estaba tan errado. Hoy el mundo sigue igual o peor. Hacen falta más Lauros con valor para acabar con sus martirios sin hacer tanto ruido.)


Así transcurrieron un par de años. Coral tuvo un hijo. Demetrio brincando de alegría le puso de nombre Miguel Mateo.El primero en honor a su amigo, el segundo por deseo explícito de su esposa. Mateo, Luca, Tadeo estaban de moda en aquel alumbramiento, como en algún momento estuvieron Brandon, Donovan, Dylan . 


Un año después del nacimiento de Miguelito, los tres cómplices seguían departiendo como las primeras veces. Ya se habían tomado un poco más de confianza y familiaridad. Sobretodo entre Miguel y Coral, en quienes ya existía una ligera comunión ante los comentarios espontáneos del marido.


Como todo buen matrimonio, al cabo de un tiempo, las peleas no se hicieron esperar. Llegaron los arrebatos verbales y adjetivos calificativos de todo tipo. Sin embargo, las reuniones no se suspenderían.


Entre tragos y brindis Miguel era testigo de los detalles y señalamientos que se hacían mutuamente los casados. Siempre terminaban por inmiscuir al tercero en discordia tratando de que inclinara la balanza esgrimiendo razones variopintas de cada lado. Miguel se limitaba a sonreír y a beber. Cada vez más se percibía el hartazgo de Coral hacia Demetrio. Él seguía enamorado, muy comprometido con su matrimonio e hijo, por lo que estaba dispuesto a llegar hasta las últimas consecuencias con tal de mantener su estatus y seguir en su mundo de fantasía.


Cora,l en contraste, se sentía asfixiada y cada vez más aburrida. Ella, al final de cuentas, era una mujer atractiva y oportunidades no le faltarían. Sin pensársela dos veces comenzó a llamarle a Miguel al móvil. Él, sorprendido, le preguntaba si estaba con Demetrio.


Al principio ella mentía y le respondía que sí, que había salido a comprar algo a la tienda, que llegaría en cualquier momento. De inmediato le preguntaba acerca de su día, cómo estaba y tantas cosas triviales de una llamada incierta.


Miguel, fiel a su sensiblería y nobleza, respondía con afirmaciones simples, directas.


Ya cuando colgaban ambos retornaban a sus vidas. Miguel, además de borracho sensible, también era vendedor de tiempos compartidos vacacionales. No lo hacía mal. Coral se dedicaba a cuidar a su pequeño en casa y a buscar una que otra cháchara y cotilleo por Internet. Demetrio, mientras tanto, estaba dándole duro al trabajo, era gerente de una fábrica de detergentes y productos de limpieza. La fábrica era de su padre, por lo que tenía bien asegurado el papeo con un poco de esfuerzo y cierto interés en los asuntos de la compañía.


En una ocasión de tantas borracheras que celebraron, Demetrio le confesó a su amigo que sospechaba de su mujer.


-Creo que me engaña. El otro día salió y regresó hasta el día siguiente sin darme señas de nada. Yo, como la amo creo en ella, pero sospecho que algo se trae entre manos.


Y no sólo se lo traía entre manos, lo llevaba en otras partes del cuerpo, el cinismo y la hipocresía: linduras que intentaba disimular llegando a casa. Miguel le conminaba a que la abandonara.  -Déjala... ¡No te merece!


Pero el marido quería merecerla y se aferraba a su ilusión. Mientras tanto, Miguel seguía bebiendo para olvidar la soledad y el vacío que cargaba desde los quince años. Acumuló desde temprana edad más de cinco rechazos en fila y sin descanso por parte de chicas a las que intentó seducir sin ningún toque de fortuna. No es que las chicas fueran malas, es que él era un imbécil inocente bien portado que asentía con una sonrisa a todo comentario expuesto en su interacción con las mujeres. Era un pelmazo que aburría hasta los perros de casa, que ya es bastante. Los callejeros ni le ladraban, bostezaban cuando pasaba de largo frente a sus narices.


Además de esos bellos reveses, también le gustaba la bebida sin medida Ahogaba su pena, alegría y locura con una botella. Ron, Vodka, cerveza o whisky, ¿qué más da? En la juventud todo parece eterno, el alma se enciende con la brisa del deseo naciente.


Con rechazo, alcoholismo y destellos de fantasía, Miguel llegó a los 21 años. A esa edad conoció aL amigo que hoy le recibe en su casa, con enjundia, cada jueves y días festivos.

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Convivieron con ligereza hasta que la cosa no se pudo sostener con especial armonía.


Coral, en efecto, le ponía los cuernos a lo grande en un bar -puticlub-spa que se anunciaba por la red, ubicado en la zona centro de la ciudad. Llegaba sin pudor y pena a la cama de su casa oliendo a sexo para acurrucarse a un lado de su amado. Demetrio ya no sólo sospechaba, también la había seguido y comprobado sus andadas. Esperaba el momento para reclamarle.


En una ocasión, acostada ella, él se levantó para soltarle toda clase de improperios: ¡Eres una puta, Ramera, Zorra! Para después pasar a los: Te amo Coral. ¿Qué te falta conmigo? Tienes todo ..Terminaba con esto: Bueno, bueno... ¿Dónde estabas!


Coral sonreía y escupía: Con una amiga, y ya déjame dormir.


Demetrio le contó cada detalle a su amigo desde que ella comenzó a salir. Le relató  que la siguió, que sabía dónde trabajaba. Con lujo de detalle le explicó todo.


-¡Déjala! ¡Déjala!- Eso era lo único que Miguel le aconsejaba, (si es que a eso le podemos llamar consejo).


Pasaron así más de dos meses. La bomba aún no estallaba.

Miguel, en cambio, desbordaba una carencia de terror. En una ocasión subió a su apartamento a un indigente que vio por la calle empinando un buen trago.Le pidió que le acompañará a beber. Los dos borrachos se entendieron de lo lindo . Ya en la intimidad de las copas el indigente comento :


-¡Pero que sólo estás Cabrón! Ahora entiendo por qué bebes. Yo perdí un poco de fortuna y a mi familia hace ya algunos años . Me dispuse a olvidar . Aún no lo consigo. ¿Pero tú? Parece que has estado sólo más allá de tus recuerdos.


Miguel apretó sus labios, enseguida bebió de golpe lo que le quedaba en su copa. Esa noche amaneció cantando una melodía de Cerati. Le gustaba la melancolía del genio argentino. Cuando se juntan la carencia con el hartazgo, se pueden crear traiciones completas. Una juerga bastó entre Miguel y Coral, quienes, sin pensarlo demasiado, se utilizaron.


Miguel intentó saciar veintiséis años de ausencia entre sus piernas. Más allá de coitos precoces, fugaces,no había sentido el bamboleo de una mujer arriba de sus carnes a fondo con exceso de alcohol ingerido: aliado seguro.


Coral se vengaba en ese instante de su marido, de toda su moral absurda y aburrida. Demetrio siempre defendía los principios y al amor por encima de todo. Corromperse con su gran amigo no era un asunto de moral elevada. Era, una vez más, la condición humana expuesta ante el deseo.


Miguel ni siquiera pudo culminar su aventura. Tan borracho y tosco como un toro no supo aguantar el paso. Sucumbió en menos de un minuto. La eyaculación no llegó porque el paquete se desinfló. Mucho alcohol mezclado con la emoción y el remordimiento hicieron de ese acto una desgracia.

Coral sonreía mientras se masturbaba pensando en su hombre, un tipo que conoció en el puticlub/spa en el que laboraba algunas noches a la semana.


Demetrio, al contemplar a su amigo sospechaba. Miguel nunca fue bueno con las mentiras. Término por soltarle la sopa. Demetrio, enfurecido, le reclamó a fuerza de bofetadas mezcladas con golpes secos y palabras estruendosas.

Como Jesús, El Mesías, Miguel puso la otra mejilla. Aguantó estoico la reprimenda. ¿A dónde más podría ir?


Se enfilaron al domicilio de costumbre y casi derribando la puerta el cornudo le gritó a Coral sin importarle si despertaba a Mateo.


-¡Hija de puta! !Hija de puta!- Gritaba con lágrimas sin contener

la furia mezclada con impotencia -acabaste con lo único que me importaba además de mi hijo ¡Eres una cabrona!

Coral no atendía. Miraba hacia la ventana .


-¡Dile lo que me contaste Guarro, Malparido! !Díselo!- Demetrio no le quitó la vista de encima a su otrora amigo.


Miguel, titubeando, se acercó a Coral y con cobardía le expresó :


-Le he contado. Le he dicho lo que pasamos juntos.


Coral, sin inmutarse, tomó un poco de aire y respondió :


-¿No acordamos que era un secreto?


Demetrio se le fue a cachetadas a Coral; después a Miguel provocándole a éste una caída seca directa al suelo. Le escupió mientras perdía lo poco que le quedaba de cordura. Avanzó hacia la puerta de la entrada del apartamento. La abrió azotando la otra vez de una patada certera.


Miguel se levantó intentando acercarse a Coral. Ella se quedó acostada en la cama sonriendo mientas estiraba su mano izquierda para alcanzar el paquete de cigarrillos. Una hora más tarde Demetrio regreso furibundo al apartamento.

Miguel yacía allí, inquieto,esperándolo. Coral se había largado con Mateo. Los golpes no tardaron en llegar. Miguel, una vez más, no puso resistencia. Ya una vez cansado de pegar uno, y el otro de aguantar pidiendo perdón con sollozos pusilánimes, ambos se alejaron sin expresar algo más.


Miguel fue un amigo leal mientras pudo , hasta que la fidelidad a su instinto lo convirtió en un ser humano normal. Con el tiempo entendió que la amistad nada tiene que ver con el instinto. Demetrio comprendió que el amor no basta para crear una utopía de fantasía, que no hay amigos fieles mientras las pasiones anden sueltas por la vida. Coral aceptó que para alcanzar el paraíso, si es preciso, hay que nadar en el infierno mientras se va evaporando la moral en el purgatorio.

Hoy, los tres siguen bebiendo en mundos diferentes, paralelos. Las emociones desbordadas embriagan a cualquiera,sin remedio. Nadie se escapa del espectáculo. Está en todas partes, estratos y lugares comunes.


La fotografía que acompaña esta publicación pertenece a Alan Yee.

Referencias: