Un hombre estable
Letras

Un hombre estable

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Por: Andres

20 de junio, 2013

Letras Un hombre estable
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20 de junio, 2013

pies
Me desperté como a eso de las diez de la mañana. El día prometía. Yo era un  pintor fracasado pero no lo hacía mal. A veces me creía eso de  que era un valor escondido, no comprendido. El  lavado de cerebro me duraba un par de meses, tiempo suficiente  para crear algunas cosas y rematarlas en los mercados sobre ruedas donde impresionas a cualquiera, bueno, casi. No todos conocen de arte hasta que está de moda. Un poco de antigüedad y el estilo es barroco, o bien, contemporáneo si le chorreo unas cuantas manchas a un fondo uniforme. Bien, minimalista si justifico los tonos simples. Abstraccionismo, impresionismo y que si patatín o patatán. Con un poco de astucia fácilmente logras embaucar a ciertos compradores que contribuyen  a estirar un poco más la fantasía. ¡Pero qué cojones! ¡Si la vida está hecha de sueños! Y yo me los hacía muy bien. Me levanté y tomé una ducha. A las once de la mañana sonó el teléfono; era una amiga que recientemente había conocido  en un café:


-Hola.


-Hola..¿Mirna?


-¿Qué haces chico?


-Me acabo de duchar. ¿Y tú?, ¿qué tal pinta tu día?

-Mira que parece bueno. Me topé con un chico la otra noche, en aquel sitio donde nos conocimos , ¿recuerdas?

-¿Cómo olvidar ese café tan rancio?

-Cierto. Escucha, quiero pasar a verte y contarte un par de cosas. ¿Puedo ir a tu casa?

-¿Son importantes?

-Eaaa chaval, no seas mamón que para mí lo son.

-Vale, traete el desayuno, estaré en casa pintando.

-Listo. Te veré más tarde.


Colgó  Mirna. Colgué yo. Por un momento me quedé pensando en  ella: cabeza pequeña, cuerpo compacto, caderas bien delineadas, culo suficiente y sensual. Pies lindos, los pies son importantes;en ellos te das cuenta el cuidado que una mujer pone a su figura y esencia. Si los ojos son la ventana del alma, los pies son el espejo de la intimidad, allí yace lo especial de cada mujer.  Siguiendo con la descripción mental, me encontraba en sus brazos: ejercitados y sexys, los que se hacían  acompañar por unas pecas color café claro que le daban un toque aún más elegante a ese semblante. Los senos: ¡perfectos! Los podría tomar con mis manos sin apretarlos ni extraviarlos demasiado. Sólo sutileza  a cada movimiento. De pronto me miré en el espejo de la entrada de mi apartamento: ojos tristes, nariz delgada, boca grande, cabellos negros, un poco de barriga, manos gruesas y blancas. Yo debería estar con esta chica, ¿pero qué me ha pasado que no le había insinuado algo?  Apenas y la conocí hace un par de semanas y yo no me acercaba ni de coña. No obstante,  pareciera  que iba bien la cosa: ¡Traerá el desayuno!


Comencé a vestirme. Hoy será un gran día, pensé.  Me  puse  los pantalones color rojo con la chaqueta negra y la playera de Kupka. Cuando me pongo la playera de Kupka, el día pinta con elegancia. Como las cosas relevantes, hay que planear, comenzar con algo, lo que sea, pero los grandes hombres hacen planes. Yo era uno de ellos, ¡sí!  Luca Torre el creador. El pintor que se convirtió en artista, el artista que se convirtió en genio, el genio que se convirtió en dios, el dios que… Riiiinnngg.

El timbre me trajo de vuelta a mi apartamento. Alcancé a ponerme un poco de loción y  desodorante.

Al abrir la puerta se abrió también mi deseo. Allí estaba ella:

falda corta color beige, piernas bronceadas ( ¡qué piernas maravillosas!) tacones altos marrón oscuro, blusa color azul claro, tan claro como esa silueta que  dibujaba su cintura y senos hasta llegar al cuello. El maquillaje de su cara era perfecto: ténue  y discreto. Su cabello estaba relamido, no de manera grotesca y vulgar, no. Era un relamido hecho casi por el viento y el rocío de la mañana. Sus brazos frescos me saludaban cada que les veía. Sus ojos estaban abiertos, particularmente atentos. Irradiaban una emoción que no puedo explicar, pero que al verlos la sentí.


-Hey Mirna. (me quedé en silencio y con asombro acompañado de sorpresa)


-¿Si?


-Es que  no pensé que...


-¿Qué no pensaste, Luca? Me gusta tu chaqueta, ¿puedo pasar?, respondió con certeza.

-¡Claro que puedes!, disculpa es que me acordé...

- Si, sí , te voy conociendo y veo que eres un poco soñador. ( lo de poco fue corto. Yo era un soñador idealista a todo momento).


-Eh bien, bien-  concéntrate, pensé. Una erección me asaltó acompañada de una emoción infantil al verla. ¡Y cómo no iba  a estarlo! Hasta el hombre más budista o un eunuco sentiría una erección, se la crearía por propia  salud mental y física.


Una mujer puede ser hermosa, sexy, cachonda, delgada, rellena, gorda, flaca, atractiva, poderosa, inteligente, tonta, adinerada, ingenua ( pocas, muy pocas ), inocentes, pervertidas... y la lista no termina. Pero cuando ves a una mujer  hermosa, inteligente y  elegante, la combinación es letal.


-He traído un poco de fruta y unos “muffins” que compré en la plaza-  interrumpió mi cavilación machista.


-Bien, pondré agua para café... ponte cómoda.


Lo hizo y se sentó en un sofá rojo que tengo en la sala. Se quedó mirando unos lienzos en los que he estado trabajando durante los últimos dos meses.


- Hey, chaval, tienes buen toque, deberías exponer tu obra.


-¡Ya lo he hecho!


-¿Y?,¿qué ha pasado?

-Nada, la misma mierda de siempre: te pagan muy poco por la obra que consideras más valiosa, y no pocas veces te dejan  colgado con nada concreto, sólo  un poco de esperanza para no desfallecer. El resto es habladuría y contextos que se dan y no.

-Ya. Oye,  y de la chica que me contaste, ¿aún  vive contigo?

-No, se largó con un escultor. Sin dejar que opinara me adelante a comentar: Ya está el café.

-Venga, sirve una taza, los “muffins” que traje se ven ricos y lo que te tengo que contar es aún mejor.

-Abandoné  la cocina intentando disimular un poco la erección y excitación. Realmente esta mujer me ponía caliente, además de la carencia  acumulada que llevaba a cuestas. Llevaba en mi mano izquierda un pocillo con el agua hirviendo y lo demás también. Como pude, serví el café y le pasé el endulzante. Ella me acercó los pastelillos y la fruta. Escogí el de nuez con plátano y dejé la fruta sola en la mesa. Ella hizo lo propio, cogió el de mora azul con chispas de arándano y abandonó de igual manera la fruta. Al morder el primer bocado  me soltó su charla:

-Pues mira que contigo he sentido una  química especial, te conozco desde hace poco pero siento una profunda confianza.

-Adelante, dime ( yo estaba excitándome aún más).

-He conocido un tipo hace un par de días.

( La excitación comenzó a decrecer)- Ya,  ¿y?

-Pues que me gusta, ¡me ha invitado a pasar un fin de semana en su casa de campo, realmente es fantástico! Apenas y le he visto una vez y ya me siento conectada, identificada.

En ese momento quise escupirle el bocado de nuez con plátano, subirle la falda y darle con furia y ahínco por detrás y por delante, por arriba y abajo... pero me contuve. Soy,  ante todo, un hombre estable.

-¿Y yo qué tengo que ver en esto querida?


-¿Cómo, tonto?


-Eres mi amigo, realmente me simpatizas.


-Yo, ¿tu amigo?, ¿en qué momento?

-¡Venga,  Luca, desde que te conocí! Hace dos o tres semanas me pareciste un tipo lindo, buena vibra. Transmites confianza y vine a pedirte un consejo, creo que...


-Mirna, ¡yo no doy  consejos, no soy quien para hacerlo!


-¡Vamos, Luca! Eres hombre, así que me puedes ayudar.


-Sí, soy hombre,  por ello es que no soy quien para aconsejarte. Tengo deseos y también me pongo cachondo.


-¡Venga! No confundas... tu y yo somos amigos, ¿no es así?


La verdad es que los dos eran un par de desconocidos que se habían topado por coincidencia y estadística en un bar cualquiera de la monstruosa capital azteca.


-¡Pues apenas nos conocemos y tú no me inspiras confianza plena, Nena!


-¿Ah, no?  Entonces, ¿qué te inspiro?


-Mirna, no lo querrías saber.


-¿Ehhh’ ¡suéltalo!- comenzó a incomodarse y separó el “muffin” de mora del  de nuez con plátano.


-Tú cautivas a cualquiera, ¡mírate¡ Estás en tus mejores carnes. Me encerraría contigo y no saldría de la reclusión  en dos días por lo menos.


Mis argumentos fueron sinceros pero carecían de fuerza, de vigor. Ella lo notó y regresó el “muffin” cerca del mío.


-¿Lo ves? Por ello me agradas. Tu  forma de decir las cosas hacen que me tranquilice. Eres un buen hombre, sensible, educado. Sé  que no me harías daño,  eso me reconforta y me ha hecho venir hasta aquí para contarte. El tipo que conocí me da una sensación de peligro, de interés por conocer su mundo,  se ve que ha viajado.


-¿Y qué tienen que ver los viajes con la intriga y con el interés?-  escupí con tono rabioso.


-¡Todo en conjunto! Sospecho que eso me atrae aún más. Además, en el  tiempo que estuvimos compartiendo se le acercaron un par de  mujeres para susurrarle cosas al oído. Algo tendrá y quiero conocerlo más, pero .. No sé… Creo que  es prematuro ir con él este fin de semana a su casa, ¿qué piensas?


Realmente  no pensaba. Estaba viendo aquellos senos; los imaginaba en mi boca humectándolos con mi lengua inquieta. Sentía  dentro de mí una bomba que poco a poco iba a explotar y, de hecho, eso estaba pasando. Para no verme tan imbécil logré controlarme un poco y me apresuré a emitir una opinión:


-Pue pienso que lo mandes a la próxima semana, hazte un poco la difícil y espera.


-Todo mundo lo hace.

-¿Hacerse los difíciles?

-Esperar. Todos de alguna forma y en distintas circunstancias esperan.


-Mmm creo que tienes razón. ¡Pero  es que me encanta!


-¡Entonces fóllatelo!


-¡Luca!


-Nena, si no lo haces tú ,lo haré yo.


-¿Estás safado?- De pronto ella se alejó un poco de mi espacio.


-¡Me vuelves loco, nena!- Apenas se apartó un poco pero fue demasiado tarde. Me desabroché los prejuicios y aplaste el respeto.  Entonces  me le abalancé sin pudor alguno  en el nombre de la fruta, “los muffins” , la elegancia , la belleza y el día prometedor. Me fui de largo y a fondo. Olvidé el espacio presente y me envolví en mis fantasías.


Una patada en las partes bajas me detuvo un poco, pero me dominaba la excitación, además de que mi ex novia se había marchado con el escultor hace ya cuatro meses. La represión era más fuerte que el dolor físico. La necesidad era grande,  el hambre importante y el deseo decisivo. Me sobrepuse a ese golpe seco y la embestí rasgándole la falda, coqueteando con esas pecas que se reían aún más con mis movimientos, mientras sus  cabellos se movían con sutileza. Los senos me saludaron con un bamboleo digno de filmación. Mirna comenzó a gemir y a sollozar.


-¡Me estás violando! ¡Pero mira tú, cabron!.. ¡para Luca!¡Tú no eres como los demás!


-¡No  lo soy, por suerte!- Y así seguí dándole. Recorrí sus curvas, sus rectas, me sumergí en ella, la ausculte, la besé profundamente, fue un beso elegante. Ella, al final,  me correspondió entre la fuerza, el deseo y la sorpresa. Los  “muffins” se encontraron de nuevo  en el piso. Coincidentemente, al tirarlos, se congregaron en la esquina de la sala de estar. Allí postrados estaban o lo que quedaba de ellos, Mirna  y yo hacíamos lo propio en el sillón, acurrucados. Fue un buen polvo. Mis deseos estaban exhaustos. Su mirada estaba ausente. Perdida, continuaba enganchada al motivo que la trajo a mí. Los” muffins” mordidos yacían tirados  y la fruta intacta y virgen fue testigo del encuentro. La playera de Kupka me trajo, una vez más, un poco de suerte ante la indiferencia de la vida.


Mirna  me acarició la entrepierna derecha. Sus ojos no brillaban. Estaban claros, como su blusa. El teléfono sonó de nuevo. Me levanté para atender. El escultor había abandonado a mi exnovia. Ella suplicaba por volver. Lo pensé por un momento pero al ver las pecas expuestas y al aspirar el aroma a sexo  impregnado en mi ambiente, me armé de valor y colgué. Mirna, mientras tanto, se vistió y del piso atrajo a su boca lo que quedaba de las moras y arándanos... La fruta se quedó sola, presa de la indiferencia. La naturaleza es así y no hubo más qué decir.


Referencias: