John Paul Wilson –profesor en la Montclair State University– entregó a 140 encargados de contratar personal dos curriculum vitae inventados que eran exactamente iguales, salvo en la estatura de los candidatos (uno era casi 20 centímetros más alto que el otro); en casi un 99 % de los casos se contrató a la persona más alta. Estas ideas arcaicas han tenido tal impacto, que en diversos experimentos sociales se han obtenido resultados fuera de serie y que creeríamos incluso fantasiosos. Pero el cómo te perciba el resto y te catalogue entre la población tiene más impacto del que pensaríamos o nos gustaría.

Vivimos llenos de etiquetas y todavía no sabemos qué hacer con todas ellas. Tenemos de cualquier tipo; las que nos halagan y las que nos destruyen, las que nos dicen cómo deberíamos ser y las que derrumban eso que en realidad somos, las que ponen en situación peligrosa lo que creemos y las que intentan apoyarnos en lo que sentimos. Pero sobre éstas y con mayor impacto, se encuentran las que nos caracterizan negativamente a partir de un defecto, un error o un supuesto imperfecto. Atributos que nos han dicho desde siempre que no deberían existir o tener cabida en nuestro ser, pues no son más que señales de cómo no tenemos valía en el mundo o del porqué acabaremos solos y desterrados del agrado popular.
Entre las más arraigadas y dañinas se encuentran las de naturaleza física, claro. Chaparra, gorda, fea, pálida, demacrada, cachetona, ñanga y otras derivaciones lingüísticas que denuncian a las periferias del canon estético vigente, han marcado desde tiempos inmemoriales eso a lo que en realidad debemos tender. Cuerpos altos, llamativos, brillantes y bien conformados. El cómo lo consigamos es problema nuestro, no de las expectativas o regímenes de la belleza y sus industrias o comerciantes. Las campañas publicitarias y toda capacidad de representación que alcanzan los medios audiovisuales no dejan de bombardearnos con información que quizá nunca podamos alcanzar ya sea por genética o por nivel adquisitivo; sin embargo, no se detienen. Su trabajo es hacernos aspirar a eso, demostrar que necesitamos algo que en realidad no logramos, a pesar de que los límites sean más grandes que las posibilidades. Y lo creemos.

Por eso, aunque nos sintamos en la necesidad de quebrar esas peculiaridades del cuerpo “perfecto”, es inverosímil conseguirlo. La presión es demasiada e insostenible. Parece inamovible. Uno de los puntos más fuertes es, en definitiva, la altura y los códigos que hemos generado en ella; por ejemplo, hace años en China las mujeres consideraban la altura como una de las características principales que debía reunir un futuro esposo, en la tribu brasileña de mehináku los hombres más atractivos tienen que ser altos –mientras que los bajos sólo merecen que se rían de ellos–, y en las islas Tobriand del Pacífico, los navajos de América también poseen culturas en las que se idolatra a los altos en el burdo sentido de la grandeza. Esto hace aún más difícil nuestra ruptura con la pretensión de altura, pues no sólo significa un requisito de belleza, sino de importancia frente a los demás.

El camino es largo y debería ser otro, lo sabemos, pero qué hacer en el trayecto. Acoplarnos, romper con la tradición de a poco –porque un corte tajante sólo nos llevaría a la ruina– y demostrar que somos más que la apariencia sensible. En dicha senda, no es una hipocresía listar entonces qué medidas tomar para alargar tu apariencia, sino una herramienta que debe llevarse sutil y en dirección a un punto medio entre el cómo nos vemos y lo que en verdad somos. A continuación, 8 puntos a seguir para sumar unos cuantos centímetros a tu cuerpo y elevar tu confianza para moverte en el mundo.
::
Utiliza colores oscuros en la parte de abajo y tonos más crudos en la superior, esto da la sensación de tener unas piernas más largas y un top más relajado.


Llevar rayas verticales es un clásico, sólo hazlo con líneas muy finas.


Cuanto más larga sea la exposición de tu empeine en el calzado, mejor; sólo cerciórate de dominar la altura de tus tacones. Si no, usa flats puntiagudas para estirar la apariencia de tus pies.


Un total black además de sofisticado es un outfit que estiliza hacia arriba tu figura.


Vuelve a los pantalones y jeans que vayan a la cintura; aparte de acentuar ésta, genera unas piernas casi kilométricas.


Prendas holgadas, con buena caída y algo pegadas al cuerpo siempre harán que te veas más alta de lo que en realidad eres.


Los extremos a veces son buenos; una minifalda hace que tus piernas adquieran notoriedad y levanten tu figura. Asimismo, una maxi a la cintura puede lograr el mismo efecto.

Escotes y cortes V en el cuello alargan tu torso de manera prodigiosa.


::
Tener una altura prodigiosa es una exigencia que debemos aprender a sobrellevar, pero que debe guiarse con inteligencia para que después el requerimiento no sea en sí la altura, sino lo grandes que nos sentimos al desempeñarnos en tal o cual situación. Podemos ver la contraparte en cuántas Cosas debes tomar en cuenta al vestir para parecer más alto y acompañarlo de un expertise en torno a Cómo usar jeans altos y lucir unas piernas más largas.
