El diseñador que creó su imperio gracias al fascismo
Moda

El diseñador que creó su imperio gracias al fascismo

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Por: Rodrigo Ayala Cárdenas

31 de julio, 2017

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Por: Rodrigo Ayala Cárdenas

31 de julio, 2017


Al acceder al sitio de Internet de la marca Salvatore Ferragamo encuentras un colorido y moderno coctel de lujosos bolsos, corbatas, calzado para dama y caballero. Además de la ubicación de 14 sucursales en la Ciudad de México en sitios de prestigio como Santa Fe o Polanco. En 2009, la firma de estudios de mercado, Luxury Institute, designó a la línea de zapatos masculina como la más deseada entre el sector, después de llevar a cabo una encuesta a más de mil hombres. En el presente, se erige como una de las casas más exclusivas del mercado de la moda y en especial con sus innovaciones en peletería.


Esta historia de lujo, reconocimiento y riqueza inició en 1920, cuando su creador, el italiano Salvatore Ferragamo, demostró a su padre sus amplias dotes en la fabricación de calzado al ser el encargado de diseñar los zapatos de su hermana pequeña, Giuseppina, para su primera comunión. Su padre quedó gratamente sorprendido de la habilidad de su hijo y le permitió convertirse en aprendiz del zapatero local; sin embargo, poco pudo aprenderle ya que rápidamente le superó y decidió embarcarse hacia los Estados Unidos, a Boston específicamente, para alcanzar a sus hermanos que vivían allá. Tenía apenas 16 años. «Tomé la decisión de ir a Estados Unidos y hacer fortuna con las máquinas».


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Se enroló en la firma de calzado Queen Quality donde se percató de que la industria en los Estados Unidos era buena fabricando en serie, pero carecía de los detalles y acabados que caracterizaban a los zapateros de Italia. Convenció a sus hermanos de mudarse a Santa Bárbara, California para probar suerte en la industria fílmica, donde podrían fabricar zapatos para las estrellas que comenzaban a florecer en ese territorio. Salvatore Ferragamo instaló un pequeño taller de reparación y fabricación en el que comenzó a hacerse cargo del calzado de producciones del Viejo Oeste. Su reputación como excelente artesano pronto se regó como la pólvora entre productores, directores y actores, lo cual le valió para fundar el Hollywood Boot Shop.


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El sueño de vivir de la fabricación y el diseño de calzado se estaba volviendo una realidad para el joven italiano. Las carencias y las pocas posibilidades de hacerlo en Italia eran todo lo contrario en los Estados Unidos. Pronto, los estudios comenzaron a hacerle encargos en masa a Salvatore para producciones épicas como Los diez mandamientos. Sin embargo, el trabajo era tanto que el italiano se vio en la necesidad de contratar mano de obra para que le ayudara a cumplir con los encargos y las entregas.


Movido por esa necesidad, regresó a Italia, específicamente a Florencia, buscando artesanos diestros que le ayudaran a fabricar sus zapatos. Instaló en esa ciudad talleres para la continuación de su negocio, ayudado por personas especializadas que le ayudaron a perfeccionar y crear una marca única que pronto se distinguió del resto. Los zapatos Ferragamo se convirtieron en piezas altamente valoradas, no sólo entre los italianos sino por los extranjeros que viajaban a Italia. Comprar unos zapatos de dicha marca era una señal de prestigio y confort. Salvatore Ferragamo comenzó a crear un producto del cual se enamoraron en especial las mujeres, debido a sus diseños de alta calidad, personalizados y con innovaciones hasta entonces nunca vistas en Europa.


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Ferragamo fue un apellido que comenzó a sonar con fuerza en los círculos más selectos de la moda y entre las personas más aventajadas a nivel económico. Su calzado se nutría del ambiente artístico de Florencia, de sus aires bohemios y de sus personalidad innovadora, siempre en búsqueda de mejores diseños. Además el conocimiento que tenía sobre el mercado de los Estados Unidos hacía que el italiano fueran un hábil negociante que daba su producto a precio justo sin sacrificar el prestigio que acumulaba. Muchos de los atrevidos diseños que se ven en el los actualmente tienen combinaciones casi imposibles de colores y formas que datan de los tiempos de este diseñador, que se entregó con amor al nuevo imperio que iba floreciendo de entre sus manos.


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Tras el desenlace de la Segunda Guerra Mundial y las sanciones económicas dictadas contra su país, Ferragamo tuvo que echar mano de su profundo conocimiento e ingenio para hacer zapatos que no dependieran de los productos provenientes de otras naciones. Tomando materiales fabricados en Italia, Ferragamo llevó a cabo innovaciones únicas: suelas de corcho, motivos florales, cristales incrustados, tacones de diversos tamaños y formas.


Era obvio que las mujeres se enamoraran al instante de los diseños de este ingenioso artista del calzado. Sus modelos eran lujosos sin necesidad de usar materiales extravagantes; para él lo importante era que la fabricación misma diera el brillo correspondiente a sus obras. «La fuerza de la marca Ferragamo está en el producto. Mis zapatos tienen que satisfacer a las personas para las que están confeccionados», decía. Orgulloso de que Italia tuviera un representante de lo que significaba crear productos exitosos con materia prima y mano de obra nacional, el régimen fascista –antes de su caída- dedicó grandes elogios al zapatero-diseñador.


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Entre sus grandes invenciones consta un tipo de zapato para niño que evitaba que los pies se torcieran hacia el interior, un problema tan común entre infantes, y dotado de una suela antiderrapante que prevenía accidentes. Con el paso de los años Ferragamo se convertía cada vez más en un experto fabricador no sólo de zapatos sino de personalidades y necesidades. Como si de un buen mercadólogo y publicista se tratara, desarrolló tendencias y estilos, dictando los caminos a seguir por la industria del calzado. Decía lo que ya no se usaba y recomendaba a sus clientes los estilos que se pondrían de moda dentro de unos meses.


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Se caracterizó por ser un diseñador preocupado por crear productos únicos que se amoldaran de manera cómoda y perfecta en los pies de cada uno de sus clientes. Dependiendo de la personalidad de la actriz que acudiera con él para pedirle la fabricación de unos zapatos, Ferragamo construía algo a la medida física y mental de la interesada. Gracias a Marilyn Monroe fue que nacieron los zapatos de tacón y punta de aguja, por ejemplo. 


En un artículo de La Jornada, publicado el domingo 25 de junio de 2006, la escritora Margo Glantz dijo: «Ferragamo estaba convencido de que, bien calzado, ningún pie podía sufrir; antes bien, calzado de forma apropiada, jamás deberían producirse las deformidades comunes a todos los tiempos y a todos los pies: juanetes, callos, uñas encarnadas, ojos de pescado. Para él, esos defectos se curaban con un calzado adecuado; durante largo tiempo un problema lo acongojó: encontrar la manera óptima de medir los pies para construir la horma perfecta y un tipo de zapato que se comportase como si fuese una segunda piel».


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Salvatore Ferragamo estaba convencido de que el tipo de zapatos que utilizas definen tu personalidad y eso lo llevó a fabricar un calzado único, que en el presente sigue dictando estilos y formas no sólo en su marca sino entre otras de alto prestigio. Muchos conocedores de moda dicen que sólo necesitas 5 pares de zapatos en tu clóset para verte diferente todo el año. No sabemos si el diseñador italiano estaría de acuerdo con ello, pero sabemos que la moda cambia a diario, así como los puntos de vista al respecto.