Apreciación de la historia de la música

Apreciación de la historia de la música

Por: Greta Wiedemann -


I. Cada día trae consigo la contradicción, cada fragmento del tiempo contiene en sí misma la dualidad de ser algo que jamás será repetido, pero que al mismo tiempo hace parte del ciclo de lo inevitable: acción y reacción, causa y efecto. Supongo que es esa circunstancia cíclica/lineal del tiempo lo que ha impulsado a la mente humana a crear cosas perfectamente estructuradas, equilibradas, hermosas, símbolos de genialidad y muestras de superioridad con el único destino de ser, posteriormente, destituidas del pedestal de la deslumbrante novedad para ser reemplazadas por otras que son reacción a la monotonía de la perfección que dejan sus antecedentes. La historia se repite y continúa metamorfoseando, las etiquetas cambian y los cánones de comportamiento se agrupan en distintos circuitos.

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Así como en la química, en las artes, cada reacción es un cambio, una revolución que trae la visión de nuevos horizontes y elementos que enriquecen la colección de lo que nos  rodea. Hay sólo un detalle que trasciende las épocas, algo indispensable como el oxígeno, y es la necesidad intrínseca de extraer el mundo de lo sensorial, las insondables posibilidades del mundo de las ideas. Las artes son la más poderosa herramienta que se conoce para lograr dicho propósito, pero es la música lo único que contiene en sí misma el conjunto más equilibrado y amplio entre lo racional y lo emocional, es la única con la fuerza suficiente para transformar aún más allá de su campo más esencial (la audición, el sonido.) y pudo ser creada y recreada majestuosamente incluso por aquel que no escuchaba, porque podía sentir la palpable energía que emana. La música ha sido presentada con muchas variantes, muchos estilos y bajo incontables razones. Cada momento de su vida ha recomenzado en un nuevo nacimiento de lo que sería potencialmente el cenit de lo estética e intelectualmente perfecto. Reflejo de las sociedades esencialmente cambiantes, urgidas por el equilibrio, pero nutridas por el caos y las ideas chocantes entre sí, la música resurge cada vez en nuevos colores de lo que fue su gloria pero que pasan a repudiar sus antiguos amantes. Teóricos, intérpretes y compositores han redefinido cada detalle una y otra vez, desde las formas de notación, la afinación y las técnicas, hasta las estructuras de la armonía y el contrapunto. Su creación ha sido justificada con motivos tan diversos como sus formas, en el Medio Evo su raison d’être era el simple embellecimiento de lo litúrgico, y transmutó hacia el Renacimiento para hablar también de amores y situaciones externas a la iglesia, con más parafernalia y más expresión, para dar paso al exuberante momento del Barroco en el que grandes cosas florecieron (como la armonía tonal, ingrediente protagonista de dramas posteriormente mencionados.), para hablar de Dios, de trágicos amores, para adornar las veladas del público o para satisfacer placeres específicos. El despilfarro barroco fue contrarrestado por la sobriedad y la elegancia del Clasicismo, el que nació de una sociedad que pretendía recuperar los ideales de la Grecia antigua: la simetría, la racionalidad y una sobria organización, lo que dio como resultado una música equilibrada, sin excesos, organizada y galante. El Clasicismo no pudo contener la naturaleza de lo sensual y ésta desbordó toda su pasión con la llegada del Romanticismo, momento de la expresión de todas las pasiones. Las líneas de todo esto fueron, posteriormente, desdibujadas para crear una música más bien etérea, insinuante, como acuarela. El impresionismo comenzó a romper muchas de las ideas que desde el Barroco definieron las estructuras más internas de la música; desafiando lo dicho hasta ese momento, esos desafíos se transformaron en nuevas maneras, en otras posibilidades; el siglo XX golpeó al mundo con un gran arsenal de cambios radicales y polémicos, la música del nuevo siglo era la antítesis de todo lo antes creado, algo lunática pero provista de una compleja estructura, nuevas propuestas y grandes representantes, innovadores, atrevidos y con atisbos de sobrehumana genialidad.  

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II. En el Romanticismo se gestó el llamado ideal del hombre romántico que describía seres profundamente sensibles, consumidos por el permanente agridulce de percibir los vaivenes de la vida en este plano, condenados a no ser criaturas indiferentes y superficiales. Sus expresiones fueron viscerales catarsis del permanente drama de vivir. El principal objetivo de sus artes no era ya más que la necesidad de darle libertad a sus sensaciones fluctuantes. El abanico de lo romántico contiene varios elementos que le permitieron a este tipo de hombres contar sus tórridas historias y aunque vivían para ser, varios de ellos contaron con la popularidad, acogida y repudio, cuestionamientos permanentes de su obra y sus motivaciones, de sus movimientos y desempeño como artistas, de sus tendencias e innovaciones. Apreciaba la sociedad del Romanticismo a aquellos cuyas habilidades superaba la expectativa general, que sobresalían entre el común, aquellos cuyo genio era envidiado y en su campo eran autoridad. Hubo varios que fueron estandarte de esta descripción tanto por sus logros musicales como por sus vertiginosas biografías: Ludwig van Beethoven, Friedrich Chopin, Franz Liszt, Johannes Brahms, Robert Schumann, Franz Schubert, Piotr Ilich Tchaikovski, Gustav Mahler y Richard Wagner son algunos de los más célebres músicos de la época y su legado es tanto su música como los primeros indicios de otras maneras de manejar este complejo arte sonoro.
 
 
El más grande cambio que generó el estilo Romántico fue poner las artes al servicio de la expresión, despojando a los ejecutantes y compositores de la presión de lo pre-establecido; las normas de la estética eran dictadas por cada sensibilidad, caprichosas musas. A pesar de esto se erigen, aún las más profundas exposiciones del sentir del compositor, sobre una misma estructura, el hilo conductor que unía cada estilo personal de los autores de la época. Utilizaban el sistema de armonía tonal, conservado desde el Barroco: tensión y reposo. Gradualmente se reincorporaron a este sistema elementos modales y la exploración de nuevas consonancias, así, se dio paso a la nueva era. Con Tristan und Isolde Richard Wagner comenzó a abrir un portal hacia la nueva armonía, el hallazgo del alemán tuvo repercusiones en varios de sus contemporáneos, quienes comenzaron a explorar el campo al que Wagner se lanzó como pionero.   III. Los músicos franceses, al igual que sus pintores coterráneos, no querían o no veían la necesidad de ser ya tan explícitos; descubrieron que podrían crear músicas etéreas, que no expresaban con tanta rigurosidad lo que ellos pretendían mostrar, sino que dejaban a la interpretación de quienes escucharan sus posibles significados. Claude Debussy se opuso a adoptar las ortodoxas normas de la armonía, por lo que fue uno de los primeros y más grandes exponentes de: El Impresionismo. Su música fue original, creativa y poderosamente incierta. Debussy tuvo influencia sobre Maurice Ravel y Erik Satie, quienes hicieron parte del movimiento al estilo francés. En las regiones al este de Europa hubo otros autores como Béla Bartók, Igor Stravinski, Sergei Prokofiev, Dimitri Shostakovich quienes tenían una concepción de la armonía también distinta a lo tradicional desde el Barroco. Fueron ellos (entre otros) quienes desarrollaron otros movimientos como el Serialismo, el Minimalismo y el Dodecafonismo que condujeron, ya entrado el siglo XX, a nuevas tendencias: La Modernidad.  

 
IV.
“Vivimos en un tiempo en el que creo que no hay una corriente principal, sino muchas corrientes, o incluso, si se quiere pensar en un río de tiempo, que hemos llegado a un delta, puede que incluso más allá de un delta, a un océano que se extiende hasta el cielo.”
-John Cage, 1992.
  Vivimos en un tiempo en el que cada idea funciona de diferentes maneras dependiendo de la perspectiva de la que se vea, vivimos en un tiempo en el que no existen verdades absolutas ni características radicales. El siglo XX llegó con una marea alta de cambios irreversibles. En este punto los músicos rompieron con toda tradición, comenzaron una búsqueda insaciable por la originalidad. Llevaron las posibilidades de la armonía a puntos que antes hubieran parecido ridículos y extendieron las posibilidades a su servicio, incluyendo, por ejemplo, elementos extra-musicales como parte de sus composiciones. A su favor estuvo (y está) la tecnología, que se prestó cada vez para más experimentos y que dio, con el tiempo, resultados que revolucionarían de una vez por todas el destino de la música en el mundo. Creo que ha sido esta característica la que causó este aparente “punto final” en el desarrollo de las tendencias encasilladas, nada es imposible ahora. En este punto la música se hizo más “asequible”, dejó de ser objeto de cortes, burgueses, eruditos y músicos de conservatorio, para ser parte de la vida cotidiana de toda clase. La aparición de instrumentos eléctricos y posteriormente géneros como el Jazz, el Rock, todas sus variantes y, más tarde, la música electrónica lograron esto último. Estos géneros populares se desarrollaron paralelamente a la música “académica” de autores como Arnold Schönberg y John Cage.  

john cage, paris 1981  
Creo firmemente que el Jazz personifica las pretensiones más esenciales del pensamiento musical del siglo XX, es imposible que algo sea más original que lo permanentemente súbito, la improvisación es el elemento que pone a este género a distancia de sus contemporáneos en cuestiones de instantaneidad, pues es  música en permanente metamorfosis. Esta característica hace que el intérprete se convierta en una especie de coautor momentáneo, fugaz. V. Más tarde las nuevas tecnologías trajeron consigo todavía más posibilidades… tan amplios son los poderes de lo electrónico/mecánico/cibernético que creo posible que en unos años la humanidad pase a ser únicamente espectadora, oyente, admiradora estática de lo que conocemos hasta hoy como música. Los sonidos virtuales cobran cada vez más protagonismo, tanto así que es posible tener una orquesta entera en una sola pantalla y sin la necesidad de pagar honorarios a treinta instrumentistas; o atraer a millones hacia los beats hipnotizantes producidos en espiral por círculos de acetato. No sé si sea esta música un híbrido de ideas de otras épocas: La estridencia del Barroco, los elementos bien definidos del Clasicismo, las emociones desesperadas como en el Romanticismo, y la irreverencia de los años siguientes… no sé, quizá estos sean los futuros clásicos, quizá sea esto lo que se estudie en los conservatorios de años venideros.
Los días pasados son el testimonio de lo que fuimos y de lo logrado por quienes estuvieron allí en ese momento. Los días presentes son alquimia de todo lo ya ocurrido y es por eso que somos lo que somos y creamos lo que creamos.
Referencias: