¿Te acuerdas de esta canción? Pues hoy vas a conocer su historia.
La escena de México abarca todos los géneros aunque los grupos aristocráticos busquen ocultarlas. En el pasado el rock and roll se mezcló con el punk dentro de los hoyos funky, lugares de música viva que se escapaban de la represión del gobierno. Más adelante los medios de comunicación cerraron los canales de difusión a los músicos de abajo y crearon figuras plásticas, imitaciones fetichistas de grupos extranjeros.
Aún con todas las adversidades los verdaderos grupos de rock siguieron adelante y demostraron que una guitarra podía ser una arma de lucha y de victoria. El Tri se liberó de las cadenas, Caifanes superó a los más grandes músicos extranjeros y Molotov derrumbó el muro con sus estética subversiva. De esta forma la Ciudad de México se volvió un hervidero de nuevos proyectos que cambiarían el futuro. Pero, ¿qué hay del norte del país?
“Los músicos de este colectivo no estaban preocupados por demostrar su importancia en la música del país, porque la trascendencia ya está implícita. Su objetivo es divertirse e invitar a más personas a la fiesta”
A finales de los 90 la escena regiomontana se convulsionó con músicos deseosos de un cambio. Quien terminó por desatar a la bestia fue Zurdok Movimiento, un proyecto pesado y áspero. Los primeros años fueron difíciles, tuvieron que aprender sobre la lucha y resistencia que exigía la música en México. Con el estreno del primer álbum “Antena” la Avanzada Regia terminó por gestarse y Monterrey se convirtió en la segunda cuna del rock.

Bandas como Control Machete, Plastilina Mosh y Jumbo se unieron para romper límites geográficos, y junto con Zurdok, conquistar la capital de México. Este movimiento fue el predecesor del colectivo que resignificó el concepto independiente en el país. Las primeras bandas indie del país fueron –y siguen siendo– las de F.

Marcela Viejo y Priscila González de Quiero Club. Foto de Napoleon Habeica.
Liderado por Gustavo Mauricio (exintegrante de Zurdok), Alessandro Rosso (Plastilina Mosh) y Alejandro Romero (baterista original de niña) el colectivo Happy-Fi destruyó las distancias entre los nuevos músicos regios y los congregó en un sólo sello para hacerle frente a a las adversidades que surgen cuando se realiza música en México. Unidos se vence al monstruo.
Según Oswaldo J. Hernández, periodista musical, el Happy-Fi es un movimiento musical donde no hay género, no hay pretensiones inconvenientes. Se juega a crear y experimentar capítulos de sonido y metrónomos de ritmo: Disco de los 70, hip-hop, electrónica, alternativo, soundtrack de videojuegos ochenteros, ruiditos, postgrunge, indie, psicodelia cósmica futurista, atmósferas de aspectos vocales, blues, jazz antiguo y seducciones punk.
Según los miembros del Happy-Fi “es como introducirse a las cuatro de la madrugada en una de esas discotecas londinenses de los años setentas pero en el 2030, mientas ésta se sumerge en un conjunto de sampleos con una base bien sólida sobre una atmósfera de mucho frenesí. Lo cual evoca cierta nostalgia por los raves de los noventas en Monterrey, pero con un final romántico después de un amanecer en cuyo cielo se ha dibujado un arcoíris inexplicable”.

She’s a Tease
A diferencia de la Avanzada Regia, los músicos de este colectivo no estaban preocupados por demostrar su importancia en la música del país, porque la trascendencia ya está implícita. Su objetivo es divertirse e invitar a más personas a la fiesta. Entre más mejor; así hay más personas para corear himnos del Happy-Fi como ‘No coke’, ‘Muchacho satánico’ o ‘Godzila’.
Las canciones son como imágenes coloridas, con mucho movimiento y un tono que te alegra sin importar el momento. De ahí que siguieran temas como ‘Chubaca tiene un secreto’ y ‘Still I Wake Up In the Morning thinking of you’ y ‘Why’ de She’s a Tease, el verdadero grupo indie de México con un sonido de sintetizadores, loops snobs y fancys para bailar en una pista iluminada por luces de neón.
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Ése es el Happy-Fi: un montón de juegos, sueños y muchos deseos de seguir adelante. Aún podemos disfrutarlo y seguirá siendo así mientras exista un regiomontano que esté haciendo música por amor al arte. Por su trabajo y su dedicación el colectivo cuenta con algunos de las 18 canciones que todo amante del rock mexicano debería conocer.
