Ometeotl, el festival rave de cultura libre en el que todos son bienvenidos
Música

Ometeotl, el festival rave de cultura libre en el que todos son bienvenidos

Avatar of Leon Felipe

Por: Leon Felipe

9 de mayo, 2017

Música Ometeotl, el festival rave de cultura libre en el que todos son bienvenidos
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Por: Leon Felipe

9 de mayo, 2017



Los raves o festivales de música electrónica al aire libre tuvieron un auge importante hace algunos años; sin embargo, sus orígenes datan desde inicios de la Segunda Guerra Mundial: el surgimiento de los clubes en 1943, en Leeds, Inglaterra; la figura del DJ de los años 50 en Estados Unidos y la creación de festivales de rock en los 60 arrojaron como resultado las fiestas underground que hoy conocemos como raves.

Desde su aparición han albergado diferentes formas de expresiones musicales con el único fin de brindarle un espacio a aquella música que no tenía un lugar en la radio. La evolución de los raves en los últimos 20 años se ha dividido en dos grandes vertientes: internas, que continúan con su ideología underground y han tratado de conservar los valores en los que se formaron los warehouse de Chicago, y las externas, festivales que son hechos para las masas con el único fin de vender a cualquier costo.


2017 ometeotl festival poster


Este mes tuvimos la oportunidad de entrevistar a el colectivo Ometeotl, que es un grupo de personas que han intentado recuperar la verdadera esencia de los raves en México y han revolucionado la forma en que se crean y realizan estos eventos.

En México la cultura rave llegó un poco tarde, ya que las subculturas estaban muy inmersas en los sonidos del rock durante las décadas de los 70 y 80. Fue hasta principios de los 90 que los rave comenzaron a desplazar al sonido del rock. Y no fue fácil, dado que los acontecimientos sociales ocurridos en el país durante esos años ocasionaron que los melómanos empatizaran más con el género que sacudió al mundo que con el synth pop o el techno. Sólo fue cuestión de tiempo para que la cultura rave se adentrara en la Ciudad de México y en otras ciudades aledañas. A mediados de los 2000 los raves ya tenían un número de seguidores bastante amplio y fue cuando Ometeotl surgió. Conformado como un colectivo, su identidad habla por sí sola, más allá de las individualidades.

“Durante un ceremonia de ayahuasca, después de que todos habíamos aterrizado, comenzamos a platicar acerca de lo que nos habían dejado en los 2000 las fiestas trance, y todos concordamos que nos encantaban estas fiestas porque la gente era compartida, no había peleas, eran al aire libre, todos cooperaban dentro de la fiesta y no todo era alcohol y drogas; había actividades recreativas durante ésta […] por lo que al final concluimos que es muy triste que a la nuevas generaciones no les toquen estos ambientes, sino sólo eventos masivos donde vas a consumir todo tipo de drogas”, comentó el colectivo.

El trance, en México, comenzó a ganar espacios en escenarios más y más grandes hasta que nuestro país se convirtió en uno de los mayores representantes de este tipo música en el mundo. Para muchos el trance empezó a ofrecer algo que el techno y el house comenzaron a perder: un templo donde se podía bailar y no ir sólo a mostrar tus mejores ropas.


Ometeotl


“¿Por qué hacemos un festival de trance? Es por darles a las personas un regalo. De hecho, para mí uno de los regalos más grandes es estar en ese presente perfecto, donde agradeces estar vivo. Es como una forma de meditación”, sostiene otro de los miembros del colectivo.

Los raves se volvieron genéricos a lo largo de estos últimos 10 años, hasta la llegada de Ometeotl, que intentó incorporar no sólo EDM en su escenarios y apostó por acrecentar su variedad sonora y romper el estigma de que los raves sólo son lugares para escuchar música electrónica.

“Todo el público es bienvenido, no tenemos ningún tipo de discriminación: punks, fresas, hippies, bohemios y de tradición. Es increíble que en estos lugares como México, donde nos sentimos un poco separados, podemos crear estos espacios donde la gente se conecte sin importa su nivel socioeconómico y forma de vida”, afirma Ometeotl.

El éxito que han tenido los raves ha llamado la atención de muchos patrocinadores, por lo que puede ser que el trance caiga en la trampa en la que se sumergieron el techno y el house: cambiaron sus ideales por unos cuantos millones de dólares, por lo que festivales como O.Z.O.R.A, Boom Fest y Ometeotl están luchando por mantener su autonomía ante los patrocinios y no repetir los errores que algunos géneros del EDM ya cometieron.





El colectivo es firme en su convicción: “Ometeotl nunca ha tenido patrocinios ni tendrá el apoyo de ninguna marca de consumo porque es una de nuestras creencias. Queremos realzar la parte étnica de México y vender esta visión a través de marcas que no tienen nada que ver con la cultura mexicana; es como prostituirla”.

Después de media hora de entrevista comienzan a salir a colación temas más delicados como el uso de drogas durante estos festivales. Y aunque es bastante común, la principal preocupación de Ometeotl no es evitar que los usuarios dejen de consumirlas, sino que surja una cultura de consumo responsable.

“Nosotros no promovemos el uso de ninguna sustancia. Es más, tenemos niños ahí, pero nosotros no podemos obligar a la gente a dejar de consumir drogas. Pero si van a drogarse por lo menos que estén informados; ponemos un stand donde la gente puede ir a probar sus drogas. Aquí hay unos cuates que se llaman ESPOLEA, que te checan tu droga para que conozcas sus riesgos y beneficios […] pero al final de cuentas la decisión esta en un uno mismo”, declara el colectivo.


Ometeotl


Ometeotl ha sido el un punto de partida para que los raves de México ya no sólo ofrezcan un line-up descomunal. Ahora van más allá y se preocupan por ser sustentables y tener actividades en las que la gente pueda involucrase más con su cuerpo y espíritu. No obstante, la música sigue jugando un papel muy importante y ampliar lo géneros musicales a no sólo EDM parece una propuesta que todos los festivales deberían tomar en cuenta.

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Referencias: