Miami suele tener tardes soleadas, llenas de calor y mujeres sexies en la calle. Una de esas tardes, una chica de cabellera rubia y figura escultural caminaba tranquilamente en un atuendo fresco, digno del calor que sofocaba aquel día. De pronto un camionero que pasaba por la acera la miró y lascivamente le gritó “Hey, blondie!”. Ella, muy molesta, prefirió ignorar sin pensar que ese sería el nombre de la agrupación de la que sería líder unos meses después. Sin querer, ese camionero grosero y pervertido le estaba dando nombre a una de las agrupaciones más importantes en la historia del rock.
En la escena musical que gobernaban los chicos se encontraban Patti Smith y The Runaways, mujeres que se atrevían a llevar la contra de lo establecido. Todas luchaban contra el machismo que seguía reproduciéndose incansablemente. Ante esta injusta situación, Debbie Harry, la chica que fuera víctima de los insultos del camionero, saltó a la fama rompiendo con lo que las otras chicas proclamaban. Smith era muy masculina, en la banda de Joan Jett eran provocativas a propósito, mientras que Debbie era desfachatada, pero deshinibida; libre, pero atractiva; natural, pero sexy. En ella recaía precisamente la dualidad que el mundo esperaba: era la musa de Andy Warhol y una diva pop en potencia durante el día y la reina de la protesta y del CBGB por las noches.

El encanto de Debbie se complementó con músicos talentosos que hicieron de Blondie una banda influyente y que dejaría huella al grado de seguir vigentes 40 años después. Hoy, con seis miembros arriba de un escenario, siguen haciendo que la audiencia se mueva al ritmo de las canciones post punk y new wave. «Debbie le dio a la banda el sonido, ella hace que lleguen muchas chicas a los shows, la admiran», platicó Clem Burke, baterista de la banda, en entrevista para Cultura Colectiva.
Burke, quien fuera temporalmente parte de The Ramones, sabe que una banda requiere de intensidad vocal e instrumental, pero también lírica. ¿Quién escucharía una banda llena de glamur, pero desalmada hasta los huesos? Es mejor, eternamente, una agrupación con talento de sobra y poca presencia escénica. Para fortuna de Blondie, ellos tienen todo: una líder atractiva de voz excepcional, un guitarrista de potente dinamismo como Chris Stein, el ágil bajista Leigh Foxx, los muy jóvenes Matt Katz-Bohen y Tommy Kessler a cargo de los teclados, sintetizadores y guitarra, respectivamente y el ruidoso Clem Burke en la batería.

Blondie ha sido tan importante en la industria musical que su marca se ha quedado grabada en muchas otras agrupaciones como Sonic Youth, Bikini Kill y Garbage. Estos últimos siguieron tan de cerca a Blondie que se convirtieron en los herederos directos de la rubia y su legado, al grado de ser sus coestrellas por una gira incesante que abarcaría el mundo entero sin ser México la excepción. Por ello, tocar en este país es como presentarse en casa, puesto que geográficamente el lugar es muy cercano a Estados Unidos, entonces sienten que están en una zona segura, además de que la audiencia en el país suele ser una locura total. Ellos gritan, bailan y corean las canciones con locura y con tanta pasión que no hay manera de no contagiarse del entusiasmo que emiten por cada poro.
Burke cree que parte del éxito es Debbie Harry, así que combinarla con Shirley Manson, otra de las más grandes frontwomen de la historia, es un resultado letal. Ambas bandas son amigas, incluso Manson los introdujo al Hall of Fame… Y es que desde que descubrieron que podían hacer grandes cosas juntos han sido inseparables. Ante semejante unión, la respuesta del público ha sido realmente positiva ya que las chicas ovacionan a Debbie y Shirley y los chicos se identifican con cada melodía.

«La gente ha reaccionado bien porque se enojan con nosotros, bailan y se identifican con nuestras letras. Las chicas ovacionan a Debbie y a Sherley y los chicos se sienten identificados con nosotros. Los shows juntos son tremendos».
–Clem Burke
La grandeza de la banda se refleja en el último disco que fue lanzado en mayo con la ayuda de otros músicos invitados como SIA, Nick Valensi, Joan Jett y Charly XC entre otros, en los que mezclaron ritmos con los que no habían experimentado del todo como un poco de reggae y algunos toques electrónicos que hicieron del disco una pieza fácil de grabar por la armonía que hubo en él, pero difícil por la lucha contra el tiempo, misma que les da permanencia y pertenencia. Aquella en la que a ratos, Blondie parecía haber perdido. Como su brutal caída en 1982 y el reinado de Madonna que terminó por dejar a la banda fuera de la jugada por unos 15 años, así como su renacimiento.
Así, resurgió con piezas como “María”, que nuevamente ponía a la banda en aquel nivel del que nunca debió bajar, dándole ese valor histórico que adquirió sin querer y que hasta el momento conservan. No hay una canción en el nuevo álbum que sea mejor que otra. Todas se conjugan y crean una maravillosa colección de sonidos emergentes que provienen de una banda experimentada, hecho que hizo de la grabación un proceso muy divertido e interesante del cual los músicos se sienten orgullosos.
Polllinator cuenta con una nueva versión de la banda, en la que no pierden su esencia sin dejar de movilizarse y cambiar. Blondie siguen siendo los mismos que salen al escenario con “Heart of Glass” de fondo y que se imponen en la tarima; pero al mismo tiempo, son una banda de eternos chicos que se divierten con “Stupid Girl” de Garbage y que bailan a ritmo de disco y punk. Blondie han sabido revolucionar la música, pero también la han mantenido fiel buscando que los fans se diviertan y la pasen bien, porque a fin de cuentas, «México es increíble, su comida, su arquitectura, sus museos, pero en especial su gente. Ellos son simplemente geniales», termina Clem Burke quien con una voz segura y fuerte asegura que hay Blondie para mucho tiempo más, aunque esto implique seguir en constante movimiento, lo que a decir verdad, no les causa molestia alguna.
No habrá un New York como el de Blondie puesto que han sido décadas de arduo trabajo, del cual se enorgullecen como si fuera un hijo a cual cuidar.
