El día que Pink Floyd tocó para los fantasmas de Pompeya

El día que Pink Floyd tocó para los fantasmas de Pompeya

Por: Diego Cera -




«No, carajo, no vale la pena».

 

Con esa frase los miembros de Pink Floyd despidieron a uno de sus miembros fundadores y probablemente una de las piezas clave para el desarrollo de la banda, Syd Barrett. La idea de hacer un rock más teatral provino de la mente de Roger Waters y Barrett, quien sugirió incluir proyecciones mientras tocaban para que el efecto psicodélico que habían logrado con las canciones de su primer disco, “The Piper at the Gates of Dawn”, fuera aún mayor.

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Queda claro que desde sus inicios la banda no sólo estaba comprometida con la música, sino con diferentes expresiones artísticas que, evidentemente, ayudaron a que el concepto de la banda fuese más nutrido. Sin embargo, tras el despido de Barrett nadie sabía si la agrupación seguiría por ese camino. Afortunadamente lo hicieron y continuaron aplicando a sus siguiente producciones un tema totalmente diferente.

La aparición de “The Wall” en 1979 fue la muestra definitiva de que lo suyo, más allá de sólo hacer música, era crear canciones que pudiesen ser actuadas e interpretadas desde diferentes disciplinas artísticas, no obstante, ocho años antes de que su gran ópera rock viera la luz, los miembros de Pink Floyd, acompañados de el cineasta Adrian Maben, realizarían el concierto que al crítica considera como uno de los mejores en la historia de la música.

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A principios de los setenta, Maben tuvo la idea de realizar un rodaje tan glorioso que involucraría a pintores importantes como Magritte, De Chirico o Cristo y a una de las bandas inglesas más populares de entonces, Pink Floyd. Así que decidió llamar a Stephen O’Rourke, representante del grupo y el guitarrista David Gilmour para acordar una cita, misma que al efectuarse no fue del todo satisfactoria para ninguna de las partes, ya que no se llegó a ningún acuerdo.

Meses más tarde, cuando el director se encontraba de viaje con su novia en Pompeya, su proyecto tuvo un giro inesperado. Después de recorrer la antigua ciudad arrasada por las cenizas lanzadas por el Vesubio en el 79 d.C., recordó que había dejado olvidado su pasaporte en el anfiteatro de la urbe en ruinas así que, casi con la noche en sus espaldas, decidió regresar solo hasta donde se suponía estaba el documento extraviado. Entonces algo grande ocurrió.

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«Era extraño, era un inmenso y vacío anfiteatro con algunos ecos de sonidos de insectos y la luz tenue que significaba que apenas se podía ver el otro lado de esta enorme estructura construida hace más de 2,000 años. Sabía por instinto que este era el lugar para la película».

 

La idea de realizar su rodaje con la banda británica no sólo se vio totalmente clara, sino que atrapó a los miembros de la agrupación, quienes se sintieron fascinados por combinar su arte con los fantasmas que desde hacía siglos habitaban esa ciudad en ruinas. Simplemente, Pompeya tenía todo lo necesario para un gran concierto de rock: muerte, sexo y un escenario único.

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 Aunque la idea original de Maben era realizar una película, sabía que Gilmour y compañía se negarían rotundamente a hacer playback, es por eso que optó por el formato de concierto a puerta cerrada, pues el público podría arruinar la atmósfera mística que pretendía crear con algunas tomas de la ciudad en ruinas y el sonido lleno de ecos generado por la banda.


 

Finalmente, el 4 de octubre comenzaron las grabaciones del mítico concierto. Días antes de la realización del rodaje tuvieron lugar diversos contratiempos que amenazaban con cancelar el evento; el primero de ellos fue la negación de las autoridades que temían que el sonido de una banda de rock pudiese dañar las milenarias estructuras, no obstante, así como aparecían los problemas, las soluciones llegaban de todos lados.

«Las autoridades sospechaban con el hecho de dejar que un grupo de rock tocara en el anfiteatro, pero tuve la suerte de encontrar un profesor en la Universidad de Nápoles que tenía conexiones y también era fanático de Pink Floyd. Después de un intercambio de cartas y el pago de una suma, se nos dio permiso para filmar durante seis días a principios de octubre».

Incluso en el aspecto técnico el concierto representaba un gran reto, debido a que la banda utilizaba un equipo enorme para poder generar las atmósferas necesarias de sus canciones —simplemente la máquina de ecos que utilizaban era del tamaño de un cabezal de amplificador moderno— era necesaria una fuente de energía que lo alimentara en todo momento. La solución al problema fue conectar un cableado enorme a la fuente de energía más cercana que se encontraba en la actual ciudad de Pompeya poniendo a alguien encargado de que nadie lo desenchufase.


El sonido que se logró gracias a esta odisea es tan grandioso que simplemente resulta imposible destacar sólo un momento de los sesenta minutos que dura el concierto, aunque sin duda, la atmósfera toma giros inesperados en ‘Echoes, part II’ y ‘One of These Days’ para rematar con ‘Mademoiselle Nobs’ donde el colaborador invitado fue nada menos que una lobera alemana que aullaba al ritmo de blues acompañando a Glimour en la armónica y a Waters con una guitarra Stratocaster.


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Sin duda alguna, la maestría que estos músicos mostraron en el concierto dejó claro que lo de Barrett fue sólo una etapa que a final de cuentas tenía que superarse. Si bien el músico tuvo un gran impacto en el sonido que lograron en aquél concierto, las habilidades musicales de sus excompañeros lograron elevar el sonido de la agrupación a un nivel totalmente nuevo que los llevó a ser los músicos consagrados que son ahora. En 2016 Gilmour regresó a Pompeya para ofrecer un concierto, esta vez con público, a manera de homenaje por los 45 años de el concierto que los pondría en contacto con la historia y que demostró que incluso los ecos del pasado son capaces de crear grandes obras. 


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Referencias

Nación Rock
ABC


Referencias: