La última moda de los medios canadienses no es un fenómeno viral ni un escándalo político; tampoco tiene que ver con crisis humanitarias ni un miedo colectivo por el factor Donald Trump; lo que los periódicos y noticieros abordan con frecuencia es una red de cazadores de pedófilos llamados “Creep Catchers” que se encargan exponer y ridiculizar a personas que supuestamente tienen intenciones de abusar sexualmente de menores de edad.
Aunque esta labor parezca benéfica y ayuda a terminar con un crimen deleznable como la pedofilia, Vice Canadá realizó una investigación en la que encontró que algunas personas inocentes se han quejado con las autoridades porque han sido “atacadas” por los Creep Catchers, e incluso las policía reporta al menos un caso en el que sus acciones de exhibir y humillar impidió la detención de un pedófilo que huyó del país al percatarse que las autoridades lo estaban investigando.
La actividad de “cacería” nos remite a pensar en una actividad que requiere discreción, pero los Creep Catchers no se ocultan, a pesar de que podrían estar enfrentándose a una red de criminales peligrosos.
Los miembros de esa organización utilizan ropa con el nombre y el logotipo de los cazadores de pedófilos canadienses, por lo que es muy sencillo identificarlos incluso en plazas y centros comerciales concurridos.
Su método consiste en utilizar las redes sociales haciéndose pasar por menores de edad para atraer a los adultos que sienten deseos sexuales para con las menores de edad; platican con ellos hasta que ambos personajes acuerdan encontrarse en algún lugar público para conocerse.Es ahí cuando la identidad de los Creep Catchers se revela; “Surrey Creep Catcher, estás aquí para conocer a una niña de 15 años”, dice uno de los cazadores mientras él y un par más lo graban con cámaras.
Explican que la videograbación es para protegerlo a él y a ellos mismos y antes de hacer cualquier cosa, le darán oportunidad de explicar por qué se citó con una menor de edad. El hombre acusa, inmóvil, admite que cometió un error y que al principio la supuesta mujer con la que habló dijo que tenía 18 años.
El cazador de pedófilos lo admite, pero también le recuerda que en el transcurso de las charlas le informó que el personaje ficticio que sirvió de señuelo tenía 15 años.
El interrogatorio continúa mientras las personas que están en la plaza comienzan a acercarse y escuchan al hombre, asustado, reconocer que quería conocer a la menor de edad para platicar con ella y que le emocionaba lo que pudiera pasar después.Los cazadores de ríen de él y le preguntan: ¿por qué decidiste hacerlo, si sabes que los Creep Catchers estamos en las calles cazando a la gente como tú?
El hombre no responde y escucha atentamente a los miembros de este “club” mientras le dicen que esas grabaciones serán difundidas en Facebook y YouTube para que la gente lo vea y cuando lo encuentren en la calle sepan que es un pedófilo.El castigo al acusado se limita a eso. Se levanta de la mesa donde era juzgado y camina aparentemente tranquilo para escabullirse a una tienda de autoservicio y desaparecer de la atención.
Las autoridades canadienses están preocupadas porque este fenómeno de los Creep Catchers siga creciendo y, más a allá de juzgar a inocentes, alerte a las grandes organizaciones de pedófilos para que huyan del país o frenen por un momentos sus actividades, dificultando las labores de investigación de las autoridades.
¿Es la exhibición y la burla el castigo único que merecen las personas pedófilas? ¿Un grupo de civiles con una cámara y ropa de marca los identifica como un grupo “popular” en redes sociales tiene el suficiente peso como para ser jueces de un delito grave?
Esa es la nueva realidad de los “justicieros” que encontraron en las redes sociales un escaparate para mostrar sus hazañas sin importarles la ley.
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