El grupo fundamentalista y terrorista Boko Haram secuestra en Nigeria y países aledaños a miles de mujeres, donde sólo algunas logran huir de sus captores para recuperar uno de los derechos humanos más importantes: la libertad.En la revista Gatopardo platicaron con Djanafa Ali, a quien privaron de su libertad en abril de 2015 y luego de un par de semanas de encierro con medio millar de mujeres, un yihadista la sacó del corral humano para violarla.De entre 700 mujeres con quienes convivía hacinada, la mala suerte hizo que el terrorista la eligiera, la tomara del brazo, la llevara al bosque y la forzara a tener relaciones sexuales. La mujer quedó embarazada y así nació su quinto hijo.Djanafa ya era madre de otros cuatro hijos y estaba casada, pero decidió salir de su aldea Méléa para viajar a la isla Boudouma, cerca del lago Chad, donde cuidaría de su madre enferma.
A pesar de que sabía que era un viaje arriesgado porque pasaría la región de los canales del lago (la frontera natural entre Nigeria, Camerún, Níger y Chad), una zona donde los yihadistas se asentaron, decidió emprenderlo. Pero no fue interceptada por el Boko Haram camino al hogar de su madre, sino en la casa de ésta, cuando los terroristas asaltaron la aldea y secuestraron a mujeres jóvenes y niños.¿Qué pasa si una mujer se resiste a ser sacada del corral? Los guerrilleros lo toman como una ofensa, se le sobaja al nivel de prostituta y en castigo la ofrecen no nada más a un hombre, sino a todos los que la deseen. Otra opción es matarla.
Como ya es bien sabido, entre las rehenes sexuales hay niñas de 10 a 12 años que para Djanafa son las que más sufren. Al menos, ella a sus 33 años ya se había casado con el hombre que quiso y no el que le impusieron.Cuando el terrorista la eligió para ser su mujer, siempre la mantuvo encerrada en una choza y era de vez en cuando que la visitaba para tener relaciones sexuales. Así transcurrió su vida por 18 meses.Jamás hablaron, siempre le dio la cantidad de comida indispensable para sobrevivir, hasta que un día logró escapar de ese hombre -junto con el hijo que procrearon-, de quien aún se niega a decir siquiera cómo se llamaba.
Su libertad la recuperó gracias a que helicópteros del ejército de Nigeria ingresaron a la isla que ocupaba Boko Haram como parte de un fuerte operativo militar de ataque al grupo terrorista.Los desplazaron de zona en el norte nigeriano y los yihadistas se asentaron en la inhóspita reserva de Sambisa, en la frontera de Nigeria y Camerún, un laberinto de islotes y canales del lago Chad.Para regresar a sus comunidades, las mujeres atravesaron a pie muchos kilómetros, pasaron por ríos donde las mujeres más altas llevaban en sus hombros a los niños, pero muchas de ellas murieron. Djanafa ahora es viuda.
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