Te invitaron a una fiesta infantil, tu sobrina, prima o alguna otra niña cumple años y quieres asistir, y para cumplir el protocolo decides llevar un regalo, así que emprendes la búsqueda de algún obsequio que sea de utilidad, que rompa los estereotipos y además sea del agrado de la pequeña festejada.
Mientras pasa el tiempo y el ingenio se te agota, la idea del regalo “diferente” se desvanece y terminas comprando una muñeca, pero no cualquiera; para estar ad hoc con la época de la modernidad y la tecnología, interactiva, con conexión a Internet y que además es un juguete bonito.
Tal vez no es el regalo perfecto, pero te sacará del apuro, sin embargo hay un pequeño detalle: esa linda muñequita es un instrumento de espionaje que pone en peligro a los niños que juegan con ella.
Este es el caso de My Friend Cayla, una muñeca a la que el organismo regulador de las telecomunicaciones de Alemania (Bundesnetzagentur) ha calificado como un peligro para los niños debido a que los expone al espionaje, interacción no monitorizada con desconocidos y la explotación comercial de sus conversaciones con el juguete interactivo.
“Aquellos objetos que esconden cámaras o micrófonos con conexión que pueden transmitir datos de manera inadvertida ponen en peligro la privacidad de las personas”, aseguró Jochen Homann, presidente de la Bundesnetzagentur. “Especialmente cuando se trata de menores, los miembros más vulnerables de nuestra sociedad”.
La muñeca Cayla tiene un micrófono escondido, el cual cuenta con un sistema de reconocimiento de voz y conexión a la red por vía Bluetooth, el cual se puede medianamente controlar a través de una aplicación para teléfonos celulares.
El juguete que parece inofensivo es capaz de escuchar y responder a los pequeños, les ofrece información sobre sus gustos, su familia y algunas experiencias que el mismo niño le haya contado con anterioridad.
Sin embargo, la tecnología Bluetooth con la que la muñeca se conecta a Internet ofrece un rango de conexión de más de 10 metros para que otros dispositivos puedan acceder a lo que Cayla escucha y contesta.
Esto provoca que los y las niñas que poseen esta muñeca se vuelvan vulnerables a que algún desconocido pueda comunicarse con ellos, obviamente sin permiso ni autorización de los padres.
Pero esto no es lo más grave, ya que la empresa que proporciona el software de reconocimiento de voz para la muñeca se reserva el derecho a registrar las conversaciones de los menores y además compartir esa información con terceros.
También advierten que la muñeca introduce sutiles recomendaciones publicitarias de productos vinculados a las empresas que fabrica la muñeca, como otros juguetes o películas.
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