La cínica risa de Javier Duarte, ¿reflejo de su confianza en la impunidad?

lunes, 17 de abril de 2017 7:26

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El sábado 15 de abril llegó la noticia que sacó del letargo a los medios que se encontraban disfrutando de un par de días de descanso por Semana Santa: Javier Duarte fue detenido en Guatemala. Al fin las autoridades, aunque no fueran las mexicanas, lograron localizarlo y aprehenderlo.

Fue una noticia que desató festejos y alegrías en las personas que sufrieron los abusos del poder del exgobernador de Veracruz, los que fueron víctimas del saqueo a las arcas de la entidad, el cual asciende a más de 30 mil millones de pesos, alegría en aquellos que trabajaron por evidenciar que Duarte es un delincuente y sufrieron por ver que las autoridades mexicanas lucían incompetentes.

Vivimos un verdadero sábado de Gloria; en las redes sociales se difundió un video en el que los comensales de un restaurante en Veracruz se levantaron de sus asientos para aplaudir cuando se enteraron que Duarte había sido arrestado. Ese mismo que prefirió embolsarse millones de pesos en lugar de comprar los tratamientos necesarios para atender a niños que padecen cáncer, al fin dormiría tras las rejas.

Javier Duarte, el delincuente, al fin enfrentará un juicio por todos los horrores que vivió Veracruz durante su mandato; por los periodistas amenazados y asesinados, por el narcotráfico que intimida a los veracruzanos, por el robo y por todo lo que se acumule.

Pero a pesar de eso “Javidú”, como se le ha apodado, sonríe. Se ríe. No le importa tener en los dientes rastros de la última cena que pudo pagar con el dinero que robó. Así lo reflejaron las imágenes que fueron difundidas el fin de semana, en donde se observa al exgobernador flanqueado por agentes de la Interpol que se aguantan la risa, mientras él parece estar en medio de una buena risotada.

¿Será que Duarte tomó cursos para liberar el estrés por medio de la risa?, ¿Su segunda vocación favorita, además de robar, será ser comediante?, ¿Aprendió a reírse de sus propios errores?
No lo sabemos. Pero es un hecho, Duarte se ríe. Como si se burlara de nosotros. Como si pensara que sus delitos fueran una travesura digna de un niño consentido. Se ríe como si la corrupción fuera un chiste.

Tal vez sonríe porque se se siente el protagonista de una nueva novela de la política mexicana, en donde el Presidente de México, de extracción priista, decidió detenerlo y exhibirlo en los medios. Por eso, a pesar de tener los recursos para hacerlo, decidió no cambiar de apariencia y reaparecer ante las cámaras justo como la última vez, aquel 12 de octubre cuando acudió a una entrevista para afirmar que no iba a huir y se encargaría de limpiar su nombre.

Después de todo, Enrique Peña Nieto tiene que hacer cosas que apuntalen su ya cuestionado poder y de paso darle una ayudadita a su partido en miras a las elecciones en el Estado de México, el mayor bastión del Partido Revolucionario Institucional que está cerca de perderlo después de 90 años consecutivos en el poder.

Tal vez se acuerda de aquella vez en la que Peña Nieto y el Partido de la Revolucionario Institucional abanderaron a Javier Duarte como parte de ese “nuevo PRI”, el que había aprendido de sus errores y estaba listo para regresar al poder.

Ese sí fue un buen chiste; el PRI de César y Javier Duarte, Tomás Yarrington, Roberto Borge, Rodrigo Medina. Ese PRI, el que en sus filas crió a una camada de gobernadores que tienen un historial delictivo y “corrupto” bien podría ser su segundo nombre.

¿De qué se ríe Duarte? Yo tengo una teoría: tal vez él confía en ese “nuevo PRI” que nos gobierna, el de la corrupción y la impunidad, el que sería capaz de dejarlo en libertad por alguna falla en el proceso de su detención y futura extradición, el que sería capaz de perder o descalificar todas las pruebas en su contra, o el que permitiría que pagara su sentencia en la comodidad de su hogar, con los lujos que pudo comprar gracias al dinero del erario que se robo.

Después de todo, ese gobierno que hoy tenemos ya permitió que la esposa de Duarte no fuera arrestada, que sus familiares cercanos, los que fueron cómplices y lo encubrieron, no sean investigados y que se puedan gastar a su gusto los millones que Duarte les dejó.

Tal vez por eso se ríe Duarte.


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omar tellez

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