El tiempo siempre ha causado incertidumbre al ser humano. Despiértate a tiempo, llega a tiempo, no pierdas tiempo. Tic, tac, tic, tac, estrés.
La liberación femenina fue en el ’74, el pretexto perfecto para que la industria alimenticia alcanzara su clímax después de gastar mucho dinero tratando de convencer a las personas de que en sus fábricas ellos podían hacer más rápido y de mejor forma; eliminando lo que anteriormente miles de personas llevaban a cabo incluso por tradición: cocinar.
Esta industria era comprensiva con la mujer, pues se convirtió en sinónimo de modernidad y libertad, sin embargo, aquellos chefs imaginarios que tanto se esforzaron en convencernos no utilizarían ni cuidarían de igual forma que en casa los ingredientes de sus recetas. Aunque hubo beneficios a corto plazo, las consecuencias más notorias en el mediano y largo fueron: las enfermedades, la contaminación y la explotación de recursos y ecosistemas.
El futuro nos alcanzó. A todo lo que explicamos anteriormente se le unieron nuevos escándalos y teorías, especialmente aquéllas que involucran a los alimentos genéticamente modificados. Si bien es cierto que la regla de oro es nunca comprar nada que se venda como saludable, para tomar una decisión objetiva es necesario informarse y hacer a un lado los mitos para abrir paso a las verdades. Aquí algunos ejemplos.
–
Todos moriremos de cáncer
La Organización Mundial de la Salud (OMS) confirmó que el glifosato, el agrotóxico que se utiliza en un 85 % de los cultivos transgénicos, no en todos, es causa probable de cáncer. Ante la ciencia lo mejor es mantener un postura equilibrada, escéptica, cautelosa y recordar que siempre existirá una contraparte, pros y contras. Cada quien es responsable de su alimentación y no podemos culpar sólo a un nicho por destruir nuestra salud. Sabemos que fumar es malo, está más que comprobado y… ¿cuántos de nosotros seguimos fumando a pesar de los mensajes en las cajetillas?

“Asumimos que no hacen daño, los plantamos y los comemos con o sin miedo, porque aún no hay investigaciones suficientes”.
–
La comida será en su totalidad manipulada
Vivimos inmersos en una confusión colectiva, no tenemos la certeza de qué nos hace bien o qué nos hace mal, pero lo único que tenemos claro, es que alguien, excepto nosotros, tendrá que ser el responsable del deterioro de nuestra salud. Resulta extremo argumentar que en el futuro toda la comida será genéticamente modificada, ya que monetariamente este es un proceso que no es viable para la industria. Haciendo a un lado la postura que tengamos de ellos, éstos se llevan a cabo en ingredientes baratos como la soya, el maíz, la harina blanca, entre otros.

–
La ciencia nos llevará a la ruina
Hace poco más de cuatro décadas la ciencia afirmaba que el consumo de grasas animales ocasionaba problemas cardiacos e incitaron a la población a consumir alimentos sin grasa y colesterol; la margarina con grasas trans tuvo un boom cultural y tiempo después, Estados Unidos comenzó a tener un nivel de obesidad y enfermedades cardiovasculares por encima de lo normal. Un caso similar al del gluten en la actualidad. La ciencia de la nutrición es aún muy joven pero continúa evolucionando, mientras tanto podemos hacer caso a las tradiciones y riqueza cultural que tenemos como respaldo.

“Las pruebas de que el glifosato puede causar cáncer en humanos aún son limitadas” The Lancet.
–
Los suelos quedarán inservibles
Todo exceso es dañino para nosotros y también para la Tierra, plaguicidas como el tetraclorvinfos, paratión, malatión, diazinón, y glifosato también pueden serlo si se abusa de ellos, a pesar de que en un principio la intención era beneficiar a la industria agrícola. Además de éstos, hay factores que no se encuentran en el ojo del huracán y dañan los suelos, por eso quedarán inservibles sólo si el ser humano se rehúsa a tomar acciones para evitarlo.

–
La fauna y los insectos dejarán de existir
En la actualidad ya es un hecho que especies como las abejas se encuentran en peligro de extinción y algunos expertos afirman que de seguirse explotando los suelos, serán cada vez más los animales e insectos en riesgo. Lo que sí es una realidad es que tanto cultivos convencionales como de organismos genéticamente modificados, cuentan con insectos benéficos y parásitos que no lo son. No obstante, no existe aún un estudio que aclare o avale dicha teoría.

–
Habrá escasez de agua
Se estima que el 70 % del agua potable se destina a la agricultura. Para remediarlo, ramas como la biotecnología consideran que la utilización de alimentos híbridos como el maíz puede ayudar a combatir esta problemática haciéndolos más eficientes en un panorama de estrés hídrico. Aunque esto no es una panacea, representa una herramienta útil que vale la pena intentar para evitar una crisis mundial.

–
Las sustancias tóxicas invadirán el ambiente
Si no disminuimos, en la medida de lo posible, el uso de objetos y sustancias que elevan el índice de sustancias tóxicas en el planeta, quizá está última teoría se convierta en una problemática difícil de abordar en el futuro. Hoy ya es casi imposible realizar actividades al aire libre sin que dañe en cierto grado nuestra salud. Las empresas de la industria alimentaria actualmente ya tienen compromisos en pro del planeta para que no exista un continuo retroceso.

Nuestro destino aún no está claro ni escrito. El ser humano es responsable de sus acciones y los prejuicios hasta ahora sólo han logrado convertirse en una plaga difícil de erradicar. Hay intereses muy poderosos de por medio, uno de ellos dicta que nuestras acciones son la clave ante cualquier situación terrible que podamos padecer en el futuro. Necesitamos garantizar el bienestar del planeta y sus recursos para asegurar nuestra vida y como alternativa paralela, siempre podremos optar por la resiliencia.
