
La foto que abre este artículo es propiedad de Markus Spiske
El cambio climático cada vez es más notorio, pasando del mito a realidades tangibles; está aquí y si no hacemos algo, pronto no tendrá remedio. Afortunadamente, aunque algunos descabellados han tratado de restarle importancia, día a día muchos más son conscientes de la batalla que día a día se tiene que lidiar para cuidar nuestro planeta; una lucha a fuerza de crear consciencia, tener constancia y acumular pequeñas grandes acciones.

En ese sentido, hemos logrado parcialmente mejorar las cosas; cada vez somos más los que reflexionamos y dejamos de utilizar popote para disfrutar una bebida. Esta es una de las acciones que todos podemos implementar, omitir el uso de materiales que, pensándolo bien, resultan no ser indispensables.
Sin embargo, el mayor obstáculo para aplicar estas medidas es la necesidad más que la falta de consciencia; es decir, todos nos hemos visto en la necesidad de salir a la calle y comprar un trozo de pizza cuando la jornada se extiende en el trabajo. Y nos tomamos 5 minutos de placer; de sosiego ante al hambre en un pequeño plato de plástico.

La culpa viene luego, esos pocos minutos de utilidad y el residuo que generan, tomarán entre 100 y mil años en desaparecer del planeta, con las consecuencias devastadoras que eso conlleva: el riesgo de asfixia para las tortugas, la reducción de las capas de hielo en los polos, las intensas olas de calor y frío, y otros cambios drásticos de temperatura.
La utilidad de los materiales generalmente se sobrepone al riesgo ecológico que estos significan para el planeta; y esto también debe ser tomado en cuenta cuando se piensa en medidas para reducir la producción de desechos. Por eso, la empresa alemana Leaf Republic lanzó al mercado, desde hace ya un par de años, platos desechables ecológicos, elaborados con hojas de árboles, que resultan amigables con el medio ambiente.

Estos recipientes con tantas ventajas están compuestos por dos capas de hojas, entre las cuales se encuentra una capa de papel impermeable, compactadas a alta presión y pueden ser utilizados en el microondas como cualquier otro utensilio. Lo mejor de todo es que se degradan en tan solo 28 días después de ser desechados; una diferencia abismal respecto a los platos de desechables convencionales.
Lamentablemente uno de los contras es su costo tan elevado, ya que, cualquiera -especialmente y siguiendo el ejemplo, un comerciante- preferiría comprar una bolsa de 50 platos de unicel que no rebasa los veinte pesos, en lugar de estas maravillas de la tecnología al servicio del planeta, pues cuestan poco más de 750 pesos por 35 piezas; lo que las convierte en un lujo lejano para la vida cotidiana.

Por eso es tan importante dar difusión a ideas como ésta, con la esperanza de que se reconozca un mercado interesado en reducir el impacto en el medio ambiente, para que distintas empresas se atrevan a trabajar en proyectos similares y la diversificación de la oferta aminore los costos; así, con el tiempo, los productos que contribuyan al cuidado del ambiente se vuelvan de uso diario y no una novedad utópica.
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