Hasta hace unos cinco meses, Mila M., una estudiante de la Universidad de Texas no estaba interesada en los hombres mayores. Pero después de tres citas y siete mil dólares, su perspectiva cambió.
En febrero de este año, Mila creó un perfil en seekingarrangement.com, una página web que se dedica a concretar citas entre hombres mayores con dinero, también conocidos como sugar daddys, y chicas dispuestas a acompañarlos en sus aventuras seniles (guiño-guiño). Desde entonces, ella considera que ha logrado grandes tratos que no precisamente se tratan de amor, sino de negocios.

A principios de este año, el sitio seekingarrangement.com subió un video y un comunicado en el que invitaba a universitarios a asistir a algo llamado “Sugar Baby University”, con el lema: “donde los bellos y ambiciosos se gradúan sin deudas”. Y es que de los 2.6 millones de personas que se rentan a través del sitio, también llamados sugar baby, 1.4 millones está en la universidad y el 56% de estos proviene de familias de clase media, a quienes les significa mucho trabajo pagar los 4 mil 900 dólares que cuesta el semestre.
En el caso de Mila, por ser hija de militares, el total de su préstamo para ir a la universidad es de 25 mil 300 dólares, mientras el resto de estudiantes tiene que pagar 28 mil 400. Pero aún con ello, los gastos de vivienda, comida, ropa y otros gastos corren por su cuenta.
Aunque se le ha acusado de prostitución velada a sitios como en el que Mila tiene a sus “clientes”, ella insiste en algunas diferencias fundamentales entre el acompañamiento y la prostitución: 1. se puede ser selectivo para decidir acompañar a alguien, 2. no se permite intercambio de dinero a través del sitio web, y, 3. tanto los baby como los daddy tienen libre derecho de elección en sus acuerdos. Sin embargo, no niega que lo que hace implica trabajo sexual.

Han pasado ya muchas semanas desde aquel encuentro con su primer acuerdo, un cirujano retirado del ejército que la llevó a cenar a un restaurante de mariscos lujoso, pero que tuvo que dejar porque le exigía tener el pelo y las uñas pintadas.
Reconoce que no se puede ser demasiado atrevida o grosera, y que lo que más le reditúa a una sugar baby es convertirse en una fantasía para los hombres, y que aunque hay momentos de diversión, lo más importante es adaptarse a las necesidades de su “papi de caramelo”. Pero vamos, no sería un trabajo, y un buen servicio —digno de un graduado de la “Sugar Baby University”—, si el lema no fuera: el cliente manda.
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