Aumentaré tus dolores cuando tengas hijos y con dolor los darás a luz.
Pero tu deseo te llevará a tu marido y él tendrá autoridad sobre ti.
—Génesis (3:16)

¿Qué? ¿Por qué la religión judeocristiana se ha empeñado tanto en demostrar un odio completamente estúpido y desmesurado hacia las mujeres?, ¿por qué se ha encargado de perpetuar una misoginia infundada y malsana?
Al carajo. Suficientes problemas cargan las mujeres a diario como para soportar a cuestas este tipo de visiones retrógradas sobre el mundo y sobre sí mismas.
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Al diablo los modales y las buenas palabras. Basta de permanecer en silencio mientras miran cómo los demás toman decisiones sobre sus vidas, cuerpos y sentimientos.

Basta del dolor causado por los amores a medias, las mentiras, los chantajes y malos tratos. El amor romántico puede convertirse en una carga con la que es imposible lidiar y, si es así, las mujeres deberían poder decidir no amar.

Adiós a los rituales impuestos para aparentar algo que no se es. Basta de malgastar dinero y esfuerzo en una autoestima que radica justamente en todo lo contrario; es decir, en el odio que nos enseñan a tenernos sólo por no ser como otros esperan.

No más especulaciones tontas sobre problemas inexistentes, no más burdos ratos intentando luchar contra el mundo y sus contradicciones.

Al demonio el mito de que siempre se tiene que estar con alguien para comprenderlo, sostenerlo y amarlo. A veces sólo hay que tener un espacio propio, único y exclusivo para estar una misma con su alma.

No más necesidad de perfección, debemos permitirnos sentir en todas direcciones, equivocarse y volver a empezar. No importa cuántas veces, no importa cuánto tiempo, estas mujeres comprenden que no son enemigas de sí mismas.

“Sí” a mandar todo al diablo, el mundo puede esperar cuando una se convierte en la prioridad, cuando no quiere saberse de nadie más y cuando no hay ni una sola preocupación más que ser feliz.

Al carajo las preocupaciones cotidianas sin sentido, adiós a llenarse la cabeza con torturas tontas y desperdiciar el tiempo en algo que no apasiona y sólo limita o deprime.

¿Qué importa que los demás no estén de acuerdo con las elecciones que se toman, con los amigos y amigas que se tienen, con la manera de vestir que se elige, con lo que se hace todos los días?

Al diablo los estereotipos, las reglas y la obligación de hacer lo que se espera. El desprecio a sí misma no tiene lugar ni cabida, no está permitido.

Al carajo, si los demás piensen que ese dolor es ridículo. No más intérpretes externos de los sentimientos de una misma ni más luchas inútiles por intentar excusar la tristeza.

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Todas las mujeres pasan por situaciones difíciles, pero sólo algunas —las más fuertes— son las que pueden mandar todo al diablo para reinventarse y volverse sujetos activos de sus propios pensamientos y emociones. Mandar al diablo es una buena terapia para sanar dolores, para conocerse y para hacer las pases con una misma
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Estas ilustraciones pertenecen a Lara Costafreda. Síguela en Instagram para no perderte nada de su trabajo y visita su sitio oficial para conocer más.
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