¿Alguna vez has sentido que tu cuerpo no es tuyo? ¿Que hay algo más que habita tu piel y busca salir desesperadamente, a toda costa, antes de que te rompa en mil pedazos? Ese grito que araña tu espalda, la incomodidad de querer arrancarte el brazo, desprenderte, ser alguien más, ser quien quieres ser sin ningún tipo de prejuicios.
El Ello que mencionaba Freud intenta salir a toda costa porque esa personalidad primitiva, desorganizada, que vive de pulsiones y deseos, ha sido oprimida por demasiado tiempo. Nos engaña, nos hace sentirnos asfixiados y sin ningún tipo de cauce que nos ayude a tener un camino, sin embargo, está ahí como un sociópata, esperando a que caigamos ante el placer.

Así, sólo somos capaces de ver al Yo; ese ser racional que encara al mundo. Que enfrenta la realidad y nos hace cuadrar con el resto. Tan apropiado como le es posible, controla todo lo que debe dominar. Nada sale de lo común. Normaliza al sujeto y lo convierte en algo general, del mismo modo que los otros Yo lo hacen con el resto de sujetos grises que no sobresalen.

Casi todos viven inmersos en ese patrón repetitivo de un existir absurdo; pero hay algunos, unos cuantos locos que nos demuestran que es más divertido cuando ese Ello se libera. Las fotografías de Ana Hell capturan individuos que son todo menos incipientes sujetillos egoístas que consideramos nefastos. Para Hell, el cuerpo humano le da la posibilidad de desdoblar las pasiones y pulsiones, repeler lo que no agrada, mostrar lo desconocido y dar una mirada irreverente a lo ordinario.


En sus tomas nada es lo que parece. Con ángulos perturbadores, nos da la posibilidad de interpretar de diversos modos la realidad. ¿Qué tanto conoces los rinconcillos de tu cuerpo? Las normas de representación a las que nos sujetamos se desdibujan y rompen para transformarlas en imágenes inquietantes que son tanto encantadoras como grotescas. Cada una de sus fotografías tiene la misma premisa: existen criaturas que no tenías idea que habitan tu cuerpo.


Hell se sentía fascinada por la crudeza, la carne y el absurdo, por lo que decidió reconstruir lo ordinario para revelar otra perspectiva. Entonces, fotografía a amigos y familiares es sus propios espacios. Cada uno de los personajes que crea se convierte en un compañero, una reflexión y un villano, tal como esas criaturas que los niños solitarios comienzan a imaginar cuando no tienen nada qué hacer. Los cuerpos literalmente se doblan y ocultan su rostro para mostrarnos otra fascinante y perturbadora mirada.


En su serie “Secret Friends” (de la que son casi todas las fotografías), Ana pinta rostros desenfadados, desorbitados y extravagantes que cuentan historias de inmundicia, desenfreno y vida cotidiana. Mientras que en su otra y no tan famosa serie “Alter Ego” (representada aquí abajo), nos muestra el revés de un rostro que cambia completamente cuando unos ojos, una barbilla en forma de nariz y los gritos desesperantes, muestran que lo paranormal se logra con sólo voltear el ángulo de mirada.

Entonces, vale la pena preguntarse…. ¿por qué los niños son capaces de vivir al lado de esas criaturas y nosotros no? Otra vez Freud es la respuesta pues, después de que esos niños conocen las críticas de una sociedad que aniquila su imaginación para alienarlos ante el resto, no quedan ganas de moverse más que para seguir los pasos ajenos.



El Super yo (la sociedad) está fuera de las fotografías de Hell pero viven para complacerla: “Nunca he buscado una reacción en concreto, me encanta que cada uno saque sus propias conclusiones. Aunque confieso que me gusta crear un poco de confusión; imágenes que te hacen pensar o hacerte preguntas”… aunque parecen retratar el Ello más intenso, penetrante y oscuro, sus fotografías son para el Super yo.

Buscan que otros las vean porque, si esto no sucediera, ¿cuál sería el sentido de hacerlas?, ¿qué quedaría de esas imágenes ridículas si alguien no pudiera analizarlas, vivirlas, verse reflejado en los monstruos, en el infierno de nuestro inconsciente? Sin querer, las fotografías de Ana Hell son mucho más profundas que “un estudio de diversos puntos de vista de situaciones normales que lo cambian todo”, como ella las cataloga.

Cada una de sus imágenes se convierte en una profunda reflexión del malestar en la cultura, las pulsiones ocultas y la cara desconocida de nosotros mismos. Si el espectador no está dispuesto a un análisis más intenso, está bien, porque al final, lo que busca Hell es crear este absurdo que no pretende llevar a nada, simplemente existir.
Otros fotógrafos también se inspiran en Freud para crear sus obras como “La fotógrafa inspirada en Freud que buscó la vulnerabilidad humana” o este proyecto fotográfico de “El sexo y la tercera edad y cómo entienden el amor según Freud”
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Puedes conocer más de Ana Hell aquí.
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Referencia
Beautiful Decay
Eslang
