¿Qué obras de arte tiene el mayor coleccionista del mundo?

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¿Qué obras de arte tiene el mayor coleccionista del mundo?

 

Hemos hablado bastante sobre cómo la comercialización del arte llega hasta puntos delictivos; no sólo el tráfico ilegal de pinturas es conocido, sino también a la falsificación y los fraudes. Existe una gran cantidad de coleccionistas en el mundo que buscan apropiarse un poco de la historia del arte por distintos motivos. Algunos de verdad lo aprecian, pero es claro que otros tienen razones ocultas para manejar la compraventa de este tipo de productos.

Aunque parecería que muchos conocen las distintas controversias del mundo del arte y cómo afecta la percepción del mundo, la verdad es que la mayoría de las veces tenemos una visión errónea o incompleta de un panorama mucho más grande. Por eso, llama la atención el caso de Román Abrámovich, un empresario, inversionista y político ruso que de un momento a otro se convirtió en el mayor coleccionista del mundo.

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Abramóvich es el dueño del club de fútbol Chelsea de la liga Premiere inglesa y tiene un valor de 8.3 miles de millones de dólares. Es la doceava persona más rica en Rusia y se dice que sus conexiones con la política le han ganado dicha cantidad. El hombre de negocios sorprendió al mundo del arte cuando en 2008 gastó 60 millones de libras esterlinas en un solo día durante dos subastas en Nueva York. 17 millones fueron destinados para “Tríptico, 1976” de Francis Bacon y otros 23.9 en “Benefits Supervisor Sleeping” de Lucian Freud.

En realidad no se sabe qué otras pinturas grandes tenga Román Abramóvich, pero su colección incluye el trabajo de su novia Dasha Zhukova, quien por su parte —y con ayuda de Román— abrió una galería cuyo nombre se traduce literalmente como “centro garage para cultura contemporánea” e incluye trabajos de Leonid Talochkin y artistas “nuevos” como Nikita Alexeev, Yuri Albert, Larisa Rezun-Zvezdochetova, Viktor Pivovarov y Viktor Skersis, aunque se afirma que el lugar no está destinado a una colección permanente. Además, ambos tienen la más grande compilación de trabajos de Ilya Kabakov, el representativo artista conceptual que enfocó su trabajo en representar las similitudes entre el capitalismo y el comunismo.

Entonces podemos suponer que tiene obras mucho más reconocidas, ya que fue llamado uno de los 10 más grandes coleccionistas del mundo, basado en información de distintas casas de subastas, curadores, expertos y vendedores de arte.

Pero como mencioné al inicio: puede que existan motivos ocultos. Aunque algunos afirman que su creciente gusto por el arte es gracias a su novia Zhukova, desde que anunció que gastará alrededor de 250 millones de dólares para comprar los edificios que se encuentran en la isla artificial New Holland, en San Petesburgo, todo parece tener un contexto muy diferente, pues el lugar sirvió como base militar perteneciente al gobierno ruso. Lo que busca Román es transformar el lugar en lo que podría ser el museo más grande de arte contemporáneo, incluyendo claro, espacio para su propia colección. Y si algo nos muestran los hombres de negocios, es que toda inversión tiene una razón.

Román Abramóvich ha estado constantemente en el foco de atención por distintas controversias que van desde amenazas, sobornos, eliminación de acciones hasta arresto por robo y acusaciones de fraude en préstamos, pero por lo general sale limpio, aunque existan pruebas en su contra. Incluso, hay sospechas de que le ayudó a Vladimir Putin a ganar la presidencia mediante métodos corruptos. Su especial interés en posicionar un centro artístico con grandes obras en la capital de Rusia es señalado como una forma de apropiación cultural o de ocultar algo más grande, quizá relacionado con el mundo criminal que existe detrás de la industria.

Lo cierto es que no sólo será un museo. Según un portavoz de Román Abramóvich, el lugar será “un complejo multifuncional de oficinas, casas, almacenes, galerías y hoteles. Trabajamos con compañeros y arquitectos”, por lo que indudablemente se explotará el interés por las obras. Asimismo, el cuidado que tiene Román sobre no revelar aún qué tiene en su colección no es el normal de cualquier coleccionista, sino que parece que crea una anticipación para cuando esté lista la galería. Sería un plan perfecto de negocios, como suele hacerlo el empresario.

Pero no es una cuestión aleatoria en la vida de Román Abramóvich. En septiembre de 2009 compró un terreno de 70 acres por 54 millones en San Barts, la cantidad más grande jamás pagada por una isla del Caribe. Y como un extra: compró un yate de 300 millones de libras que, por supuesto, también tiene su propia galería de arte.

Probablemente exista una corrupción discreta detrás de su proyecto y de la mayoría de sus compras de arte. Sin darnos cuenta, uno de los hombres más ricos del planeta se podría estar apoderando de una cantidad asombrosa de obras importantes y no sólo del arte contemporáneo, sino de la historia en general. Cristina Ruiz, editora del Art Newspaper, especula que entre su colección se encuentran obras de Pollock y Rothko, pero quizá tendremos que esperar hasta que se inaugure su museo en los siguientes años para saber la verdad absoluta sobre este misterioso personaje.

Fuente: Telegraph.

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