Almas ligeras

2 min de lectura
por
Almas ligeras
Almas ligeras

Erotismo e1412965876413 - almas ligeras

Alondra le confesaba a Luis su pena:

Cuando me llegan las olas de calor, me masturbo hasta 17 veces en un día. Puedo estar con la mano derecha calificando exámenes y con la izquierda dándole duro al asunto. Dios santo, acabo de conocer a un tipo, tiene 45 años, un hijo y se ve serio. Es divorciado. Me contó que con su ex tuvo sexo sólo seis veces en 4 años. ¡Seis actos! ¿Puedes creerlo? Lo creo, respondió un Luis acostumbrado. Se habían liado meses atrás y se conocían muy bien en la cama y fuera de ella. Alondra le confiaba sus actos y pensamientos. Era con él con quien se desfogaba a placer. Me quiero casar ya, este hombre se ve decente, pero si no folla como me gusta no me engancho. ¿Qué opinas?

Luis meditaba, antes ella le había enviado por el móvil una foto de otro hombre al cual follaba para saciar un poco su hambre.

– Éste se ve mujeriego. No la vas a pasar bien. ¿Qué tal lo hace?

– Para el olvido, pero es lo que hay en este momento. ¿Y aún así te casarías?

 – No, además es “ojo alegre”, tiene mucho dinero, me incomoda. ¿El dinero? Todo de él. Se corre un par de veces, yo me quedo asqueada, salgo de rápido y en casa me suministro lo mío para acabar. Cada sábado me llama y en tono irónico  reclama: “Bufet, a la carta o platillo especial…” Cafecito nada más. Le trato un poco mal, pero como tiene varias a sus pies, ya te imaginarás como está obsesionado.

Luis ya sabía de los vaivenes, emociones y sensaciones de Alondra. No la consideraba ninfómana pero sí lo suficientemente insaciable cuando sentía el vacío. Ella constantemente se quejaba de su soledad, del abandono tempranero de su madre, del sacrificio que padeció para convertirse en profesora universitaria. Cuando estuvieron juntos ella se portaba como una niña buscando los brazos de su padre. No tenía esa imperiosa necesidad de meterse mano a toda hora para fugarse o saciarse.

Luis le daba duro al trago hasta extraviarse. Pareciese que cada borrachera sería la última. Vencido por tanto alcohol en su cerebro caía rendido en las avenidas, en su auto, en alguna calle solitaria en medio de la noche para desconectarse por unas horas de su presente. Antes de perderse conversaba con Alondra. Cuando ya se iba de filo por la calle se enrolaba con cuanto desconocido se topara. Desde una charla casual, hasta los bares de novedad y de allí no había memoria que aguantara. Al amanecer despertaba en lugares que no recordaba. Una que otra compañía que sólo alcanzaba a remembrar entre los lagos inmensos de fugacidad que taladraban sus sesos “resacosos” le seguía el ritmo. Borrachos obsesivos abundan, sin duda él era uno más.

Para soportar la tormenta que se avecinaba se iba caminando a cualquier parte a observar a la gente. Después de 4 horas aún borracho, llamaba a su amiga.

– ¿Cómo ha ido todo?

– Bien.. Aquí calificando exámenes.

– ¿Cuántas veces te has metido mano hoy?

– Tan sólo 3, hoy no ando de humor. ¿Tú, qué tal la fiesta?

– Sin novedad, amanecí en el Sur creyendo que estaba cerca de mi rumbo.

– Todo normal entonces. ¿Por qué no te pasas a mi casa para charlar?

– Seguro- Colgaron.

Luis comenzó a temblar con ganas. Sería un día difícil. Al menos tenía un poco de dinero en su bolsillo. Se compró un botellín del ron baratito. Se lo bebió en tres sorbos. Sudaba con fuerza.

El infierno ya se asomaba. Apenas eran las 10 de la mañana. El sol poco a poco se iba posicionando. Alondra llevaba seis orgasmos. En el séptimo pararía para llamarle al candidato decente. El mujeriego tendría que soportar el maltrato. La vida es dura e incierta, pensó.

 

 

 

Paisajes sorprendentes en la fotografía de erez marom
Historia anterior

Paisajes sorprendentes en la fotografía de Erez Marom

Los desastres de la guerra: goya
Siguiente historia

Los desastres de la guerra: Goya

Lo más reciente de Adulto

× publicidad