Sólo conociendo nuestro propio cuerpo evitaremos que los demás opinen sobre él. Confrontar la desnudez frente a un espejo es, tal vez, uno de los pasos más difíciles en la vida de las personas; no sólo se trata de un ejercicio necesario para asumirnos como individuos irrepetibles, antes de eso, tenemos que reconocer y aceptar cada uno de los defectos que nos otorgan esa singularidad frente a los demás. Si no abrimos un poco nuestras mentes, darnos cuenta de estos inconvenientes en nuestra figura puede provocarnos un severo problema de identidad; por otro lado, si los aceptamos como parte de nosotros, incluso pueden convertirse en la mejor tarjeta de presentación.

Antes que cualquier cosa, algo hay que tener siempre en mente: es el hecho de que alguien se desnude para dar con esas zonas que, al ser tocadas, despiertan dentro del cuerpo una sensación de placer que va mucho más allá de lo que cualquier caricia mundana sería capaz de encender. El principio del placer no está en compartir con otra persona un lecho sexual, sino entrar en comunión con uno mismo y ser capaz de transportarse al éxtasis más puro que pueda existir.


Esa es, apenas, una de las ideas que forman el discurso detrás de las fotografías de Paola Malloppo; su trabajo en torno a la fotografía erótica no tiene como fin retratar lo que resulta excitante para un espectador. El lente de esta artista boloñesa de 27 años se enfoca de principio a fin en la sensibilidad de sus protagonistas quienes, a fin de cuentas, se presentan ante ella como personas dotadas de una personalidad única, misma que debe ser captada en cuanto el obturador realiza su magia.



Para completar esa sinceridad, Malloppo no duda en elegir modelos con pecas o estrías; cualquier detalle que implique una especie de rasgo único en el cuerpo de la modelo es bienvenido y considerado como único y de increíble potencial estético. Según la visión de la fotógrafa, estos rasgos hacen que ella misma genere una conexión con las mujeres que posan frente a ella, quienes rara vez se dedican al modelaje, pues prefiere encontrarse con personas normales que no precisamente encajen con las normas comunes de belleza.



Sonrisas, rostros cuadrados, ojeras y cabello enmarañado, son los atributos que las protagonistas en las imágenes de esta artista muestran al mundo para dejar claro que la fotografía erótica no necesariamente tiene que cosificar a la mujer; si quien está detrás de la cámara logra captar la verdadera esencia de quien se desnuda frente a su lente, el cuadro resultante puede ser un testimonio de empoderamiento por excelencia, pues nadie es forzado a aparecer en las tomas; sólo aquellas que se sienten entusiasmadas por el proyecto son quienes aparecen en él.



Todo radica en la capacidad que cada una de las partes ─fotógrafo y modelo─ presenta a la hora de demostrar que no sólo se trata de una simple imagen obtenida en un instante de fugaz sensualidad; sino que esa cualidad de poder exaltar la pasión es algo que está siempre presente en la vida de quien aparece retratado.


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Propuestas como la de Paola Malloppo nos invitan a reflexionar acerca de lo que estamos haciendo con nuestros propios cuerpos; en ocasiones, tratamos de esconder todo lo que consideramos errores sólo para que los demás nunca piensen en nosotros como seres poco estéticos. Al hacer eso, le estamos restando importancia a esas pequeñas características que nos convierten en seres únicos ante el mundo y, aún más importante, ante nosotros mismos.
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Fuentes
GQ
Iye
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