El erotismo es la aprobación de la vida hasta en la muerte.
Georges Bataille
¿Para qué un orgasmo?
El sexo es uno de los pocos espacios humanos que aún no es absorbido en su totalidad por el estado decadente actual de la sociedad. Aún se encuentran parejas que disfrutan olvidarse de todo lo demás y desnudar cada centímetro de piel sin prisas ni preocupaciones para construir el erotismo, un instante transgresor donde la fragilidad y el deseo de dos cuerpos se hunde en una afirmación de la vida que se vincula al placer.
El frenético modo de vida presente amenaza con volver tan plástico el erotismo y la sexualidad como cualquier otra actividad humana. El tiempo para practicar el sexo se encuentra fuera de los márgenes aceptados como productivos y por tanto, se limita a los instantes en el dormitorio, a las noches y los fines de semana. Cualquier otro espacio para disfrutar de él es asumido como una desviación, un problema que debe encontrar solución y corregirse antes de que choque con las obligaciones diarias. El sexo, más que un acto vital y erótico, puede convertirse en un instinto mecánico donde desaparece la imaginación y sólo existe la penetración entre estorbosas prendas que hacen del acto un trámite decadente.

En ese escenario tan desconsolador, el erotismo rompe por medio de la imaginación con el peso del mundo sobre los hombros y deseos de los hombres. Inaugura un tiempo donde todo se somete a su ley, enmarcado por la voluntad de deseo. Nada hay más efectivo para alejarse de lo cotidiano y entrar en un territorio desconocido, tan sinuoso como embriagador, en el que nada puede repetirse y todo puede pasar entre dos cuerpos.
La desnudez es un reflejo del instinto súbito y al mismo tiempo, una expresión de soberanía sobre el control de los cuerpos y el uso de los placeres en la actualidad. Disfrutar de un cuerpo desnudo y recorrer su piel sin certeza alguna más que la aventura que se apodera del instante, es una experiencia tan gratificadora como excitante.

El tiempo para practicar el sexo permanece oculto, pero puede ser cualquier instante con la potencialidad de transformarlo: se trata del tiempo del erotismo, que irrumpe en las categorías productivas de la actualidad y se impone sin ninguna razón instrumental de por medio, más que el placer de dos seres que rompen con la monolítica continuidad con que se construye cada instante. Es el alto a un reloj que a cada segundo marca el fatídico curso de la vida como un proceso lineal y conocido de sobra, sin nada que ofrecer más que la consumación del progreso y la victoria de la pasmosa calma.
Atados al placer, empujados por una voluntad que se afirma a través del cuerpo del otro, el tiempo pierde la condición de designio y se quiebra en pedazos ante un momento irrepetible: el instante previo antes de que se fundan dos cuerpos, la calma tensa que recorre el cuerpo mientras lo prepara para lo siguiente y la entrega incondicional donde nada más importa entre dos voluntades que recrean el sexo una y otra vez.

Todo esto despierta el erotismo y para llegar a él, hace falta romper con las normas de la moral, del trabajo, del tiempo y de la productividad. El orgasmo es la vitalidad y apropiación del placer, sin un instinto animal, sino un deseo irrefrenable que se materializa en la voluntad de dos seres desnudos, que exploran y disfrutan del placer.



Las ilustraciones de Regards Coupables recuerdan la necesidad del erotismo, la estimulación del órgano sexual más poderoso (el cerebro) y la práctica del sexo como una acción soberana, subversiva y contestataria al actual modo de vida.
A pesar de que no se muestra gráficamente el sexo o los órganos sexuales, la imaginación alimenta el deseo y crea instantes de clímax en ilustraciones en blanco y negro. Conoce más sobre los nuevos enfoques de sexualidad después de leer “Ecosexualidad: cómo los jóvenes disfrutan de la naturaleza”. Descubre la visión de uno de los autores más subversivos, oscuros y cargados de sexualidad en”El Marqués de Sade y la homosexualidad como parte de la existencia humana”.
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Reference
Regards Coupables
