Nuestra casa
No necesitas librar ninguna guerra
para ser la vencedora
de todas mis batallas.
Llevas cuarenta años
izando una bandera blanca
que el resto se empeña
en llenar de manchas.
Insistes en quitarnos las piedras
que el destino
nos pone por el camino,
prefieres tropezarte tú con ellas.
Así,
si caemos lo hacemos sobre ti
y sobre tu colchón.
Nos lames las heridas
que el tiempo nos crea
y las curas con tus besos.
La adversidad te ha dado palizas
porque nos protegías a nosotros.
Y ni por esas
el mundo va a ser capaz
de hacerte flaquear,
después de todo
sigues en pie de guerra,
en primera línea del pelotón,
y el pelotón somos nosotros.
Te encargas de cambiar por flores
las balas que nos dispara la vida.
Pero aunque no me lo digas,
tienes miedo.
Miedo a que algún día
abandonemos la guerra,
te dejemos sola
contra todo
y volvamos a nuestro hogar.
Pero, déjame decirte:
eso jamás ocurrirá
porque tú eres nuestra casa
y el mejor refugio
que podamos encontrar.

